POESÍA DE NICANOR PARRA

Remolino interior

Remolino interior

Me gusta que no me entiendan

y que tampoco me entiendan,

camisa de seda tengo,

pero también tengo espuelas.

Si digo que yo te quiero

no es cierto lo que dijera,

y acaso no te saludo

no es cierto que te aborrezca.

Cuando recorro la plaza

me gusta que no me entiendan,

pastillas de menta compro

para corretear la pena.

Voy a sentarme a la plaza

de pena, de pena, pena,

y acaso a la plaza llego

la plaza, plaza me alegra.

Si digo que por las piedras

circula una voz de seda,

quiero decir que en el río

me bebo la luna llena.

Y como quiero que nadie

sepa lo que me interesa

me pongo a amansar potrancas

celestes sobre la arena.

Y como Chile es mi fundo

me gusta seguir la cueca,

con una chaqueta corta

y un pañuelito de menta.

Al viento lo voy siguiendo

con un chicote de abejas,

el viento, viento se esconde

detrás, detrás de las puertas.

Si vendo a mi negra vendo

todo lo que a mí me queda,

pero la vendo y la vendo

para que nadie me entienda.

Y acaso quiero que nadie

me pida mi yegua yegua,

le digo que si es de noche

se asusta de las estrellas.

Y acaso es de día claro

se asusta de las espuelas,

yo quiero que nadie entonces

me entienda ni que me entienda.

Cuando me subo a los árboles

es luna mi calavera,

me gusta, me gusta, gusta,

me gusta que no me entiendan.

Pero hablando en serio serio

que nadie me niega niega

que cuando subo a caballo

me pongo mis dos espuelas.

XII

(De Poemas y antipoemas)

Que mi salud es débil,

Que no resisto los rigores del trabajo intelectual,

Que mi pensamiento es inestable y que a menudo me

equivoco en mis apreciaciones sobre la verdad de las

ciencias y las magias del arte,

Que soy descuidado para con mi persona,

Que no me baño con regularidad

Y que mis cabellos y mis uñas crecen sin control,

Que he derrochado mi hacienda en beneficio de los pobres

de espíritu,

Que he favorecido más de lo justo y necesario a los

enfermos,

Que he permanecido largas horas en los cementerios

Disfrutando paganamente de la soledad y del silencio

consagrado a los muertos,

Que en momentos de desesperación y orgullo he escupido

el rostro de los ídolos,

Que he vuelto ebrio al templo y caído dormido en los

bancos de las plazas y en los tranvías,

Y que gasté mi juventud en viajes inútiles y estudios

innecesarios.

Autorretrato

Considerad, muchachos,

Esta lengua roída por el cáncer:

Soy profesor en un liceo obscuro,

He perdido la voz haciendo clases.

(Después de todo o nada

Hago cuarenta horas semanales.)

¿Qué os parece mi cara abofeteada?

¡Verdad que inspira lástima mirarme!

Y qué decís de esta nariz podrida

Por la cal de la tiza degradante.

En materia de ojos, a tres metros

No reconozco ni a mi propia madre.

¿Qué me sucede? -Nada.

Me los he arruinado haciendo clases:

La mala luz, el sol,

La venenosa luna miserable.

Y todo para qué,

Para ganar un pan imperdonable

Duro como la cara del burgués

Y con sabor y con olor a sangre.

¡Para qué hemos nacido como hombres

Si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces

Veo formas extrañas en el aire,

Oigo carreras locas,

Risas, conversaciones criminales.

Observad estas manos

Y estas mejillas blancas de cadáver,

Estos escasos pelos que me quedan,

¡Estas negras arrugas infernales!

Sin embargo yo fui tal como ustedes,

Joven, lleno de bellos ideales,

Soñé fundiendo el cobre

Y limando las caras del diamante:

Aquí me tienen hoy

Detrás de este mesón inconfortable

Embrutecido por el sonsonete

De las quinientas horas semanales.