Culturalmente

La caricatura: entre la incertidumbre y la red digital

La caricatura: entre la incertidumbre y la red digital

Por Evangelina del Toro

[A propósito del Segundo Encuentro Internacional de Humor Gráfico “La Línea de Fuego” ?a efectuarse del 5 al 7 de septiembre en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco? hemos indagado, con numerosos dibujantes, cómo se encuentra este oficio en el país. Este es el resultado, que nos habla de la proximidad de un páramo paisaje para el humor gráfico mexicano.]

México, 30 Ago (Notimex).? Entre las censuras, los espacios limitados y el desarrollo de la tecnología con los teléfonos inteligentes y, sobre todo, las redes sociales (sin incluir los “memes” que, a decir de los entrevistados, “sólo sirven para ridiculizar y no mueven a la reflexión”), así como entre el pensamiento y el análisis exhibidos por el cartón, se entreteje la caricatura en el país.       Jorge Manjarrez (Ciudad de México, 1968), autor del mural Un viaje por el rock and roll que se encuentra en la estación Auditorio del Metro capitalino, asegura a Notimex que los caricaturistas son de “alto impacto” ya que dicen todo con sólo unos cuantos trazos sin necesitar de un “rollo” para hacerlo:       —A veces sin palabras se denuncia. El cartón es muy eficiente en temas políticos, por ejemplo. Su crítica es directa. Por eso no se centra sólo en este tema, sino en cualquier otra línea interesante para la sociedad…       En este universo polifacético es donde se ha desarrollado la caricatura, que desde los años setenta ha resistido amenazas, dice Manjarrez. Lo que está sucediendo ahora, enfatiza el mismo Manjarrez ?secretario general de la Asociación Mexicana de Caricaturistas?, es la falta de fluidez económica para los medios que “critican al sistema”:       ?Y eso es una censura terrible. Lo cierto es que habría que ser tolerantes con la crítica, porque la crítica también es constructiva. Un presidente que no acepta la crítica lo que quiere es una prensa que le aplauda, quiere caricaturistas que le aplaudan. La libertad de expresión es muy importante. Y un presidente está ahí para que uno le diga qué está haciendo mal o qué está haciendo bien. No se critica al presidente, sino sus acciones.       Es por ello que Manjarrez ?también director del Museo de la Caricatura? considera que muchos periódicos se han ido a pique, porque no hay presupuesto publicitario del gobierno;       ?Parece que es un castigo hacia los medios que critican. Y, por ende, a sus caricaturistas.       Román Rivas (Ciudad de México, 1975), monero freelance, comenta que la censura siempre ha existido no sólo en la caricatura, sino también en los discursos, sobre todo cuando se tocan temas polémicos:       —Hay que entender dónde estamos parados y qué discursos vamos a dar o manejar ante el público, si estamos hablando sobre todo del cartón político. Pero si se hace humor general o caricatura de retrato, tienes cabida en todos lados.

El tapón de la olla de presión

Hoy en día el mundo está viviendo la revolución de las tecnologías, donde las redes sociales han tomado un rol protagónico al difundir los trabajos personalizados. Además, han solventado un boom de caricaturistas, no ciertamente con el mismo interés de hace dos o tres décadas, cuando se buscaba generar una consistente opinión básicamente política.       En este sentido, Juan Terrazas (Ciudad de México, 1970) ?presidente del Museo de la Caricatura?, quien publicaba en el periódico Metro, comenta que no vieron llegar la era del teléfono inteligente, aparato usado para, entre otras actividades, leer las noticias. Aunque asegura que el oficio no está en crisis, sino los medios impresos son los que se encuentran en medio de ella:       —A lo largo de 200 años nos acostumbramos al papel. Ahora que nos lo quitaron, nos quitaron el piso. La crisis es porque la gente ya no compra periódicos. Un periódico es como un avión con sobrecarga, por ello cuando dicen “aligeren el peso y tiren cosas para que se mantenga el vuelo”, al primero que tiran es al caricaturista.       Por eso buscan la manera de poder sobrevivir: formas, herramientas, más áreas que explorar:       ?Que con sólo verte a los ojos un caricaturista te represente gráficamente no tiene comparación ni sustituto.       Alfredo Guasp Alpuche (Ciudad de México, 1953) dice, a su vez, que ahora las redes sociales acaparan más espacio:       ?Son el pretexto puntual para que desaparezcan periódicos, desechando así a caricaturistas y a periodistas, entre otros profesionistas de la comunicación, asunto que, por cierto, no sólo sucede en México sino en otros países como Estados Unidos con The New York Times, edición que desde el 1 de julio no publica ya cartones políticos.       Guasp cree, además, que existe una corriente —“todos sabemos cuál”— a la que no le gusta la crítica a través del cartón. Solo existe una “barnizadita”:       ?Hay caricaturistas que no son del agrado del gobierno. Le están dando al monero el esquinazo, pero eso será temporal. Porque la caricatura va a seguir. Es un ejercicio humano, un arte necesario. Es como el tapón de la olla de presión: si no lo pones, truena todo. El humor va a seguir siempre. No sé de qué manera, pero va a seguir.       Para Rictus (Ciudad de México, 1978), la caricatura va sufriendo, junto con los medios de comunicación, la crisis debido sobre todo a la competencia digital:       ?Y el hábitat natural del cartón son, o eran, los medios impresos ?subraya Rictus?. La migración a lo digital ha reclamado un sacrifico de muchas plumas de colegas. Los que se mantienen aún ejerciendo el oficio están llenos de incertidumbre, cada vez más. Trato de pensar, por eso, cómo llegaría yo a este mundo si comenzara hoy. Hace 17 años empecé en La Jornada; si no estabas en esos años (alrededor de 1996) en un periódico no había forma de que el lector viera la caricatura. Hoy en día publicar en un periódico tal vez no te da mucha difusión como las oportunidades que te brindan las redes sociales.       Por ello, desde hace diez años, hace caricaturas animadas. Y con el desarrollo de la tecnología, dice, su trabajo ha tenido mayor espaciamiento, ya que es una vía natural:       ?No las he tenido que combatir, ni odiar. Me han brindado la oportunidad de difundir más mi trabajo. Representa un reto importante, por supuesto. Diría hasta emocionante, porque brinda nuevas oportunidades de hacer humor gráfico venciendo barreras y creando competencias nuevas como los memes, aunque corren por un carril distinto.

Los memes y el cartón

Para los caricaturistas, el meme es sólo una opción para ridiculizar, algo ocurrente, algo que no se puede dibujar, ni cuenta con la calidad de un cartón. Y si bien no coinciden con la misma factura en su elaboración, van de la mano pues en su interior “también hay humor negro” e “inmediatez”.       De acuerdo con Román Rivas, el meme es “la manifestación humorística popular en las redes”, “algo parecido al albur o a los chistes populares”, mientras la caricatura sigue siendo un trabajo de autor con valor artístico:       —No creo que estemos en crisis ?dice Román Rivas?. Estamos en una revolución de las tecnologías, como cuando llegó la imprenta o la radio. Ahora con las redes ya todo mundo opina. De ahí que la opinión del caricaturista haya sido desplazada por la vorágine de las tecnologías. Antes se tenía una preparación más profunda. Ahora preocupa la apresurada opinión pública que se vierte en las redes.       Rictus menciona que los memes tienen la ventaja de la inmediatez, “pero no cumplen con las reglas de la caricatura: el meme puede estar basado en una información falsa, en un rumor, en una ocurrencia, aunque sean igual de divertidos o chuscos”.       El cartón reclama, empero, ciertas reglas que le dan el valor de género periodístico, es decir “tiene que corroborar la información, apegarse a fuentes confiables”, además de concebirse como una obra cotidiana:       ?Para un meme puedes usar la foto de un gato o de un tipo dormido. En cambio, la caricatura conjuga varios talentos que conllevan a crear una obra: el dibujo en sí. Es más rica en expresiones.       Afirma que las sutilezas son las que le dan el valor a un cartón:       ?También la ironía o el sarcasmo. Son más efectivos para llamar la atención de un tema. El dibujo debe ser atractivo, además de hacer reflexionar, reír o hacer enojar a la gente. No es cualquier cosa.       Manjarrez concluye:       ?Un periódico sin caricatura es como un cuerpo sin alma…