GOETHE, ATADO AL DESTINO DE FAUSTO

La figura del escritor alemán Johan Wolfgang von Goethe (28 de agosto de 1749-22 de marzo de 1832) está ligada a la de su obra Fausto, y ésta a su vez lo está a la de su autor, y funciona como una...

La figura del escritor alemán Johan Wolfgang von Goethe (28 de agosto de 1749-22 de marzo de 1832) está ligada a la de su obra Fausto, y ésta a su vez lo está a la de su autor, y funciona como una forma de espejo. Goethe convive con ella, la madura a lo largo de casi cinco décadas, por lo que de una forma u otra funciona como un reflejo de sus cambios en afinidades y gustos intelectuales y literarios. En sí misma, Fausto es considerada una de las obras cumbres de la literatura universal y a su autor como una de las glorias de la literatura y el pensamiento alemán.

Goethe viene al mundo en Frankfurt y da su último suspiro en Weimar, lugar desde el cual prácticamente engendra toda su obra y desarrolla todas sus ideas, lo cual le gana su lugar en la cúspide del arte alemán. Al lado del filósofo, teólogo y crítico literario Johann Gottfried von Herder (1744-1803) funda el movimiento romántico de su país (Sturm und Drang), entre cuyas obras sobresale su Werther. Además, su figura imponente funciona también como un árbol a cuya sombra crecen o se hacen realidad las ideas más excelsas del pensamiento de su época, de los filósofos de su país, al mismo tiempo que se les difunde.

Otra característica que le define es su búsqueda incansable del conocimiento, y como consecuencia abarca un amplio abanico de conocimientos (arte, literatura, filosofía, historia, ciencias naturales, etcétera). Apegado al ideario neoclásico, no baja la guardia en su búsqueda de la belleza y el conocimiento, a los que los griegos tenían como conceptos superiores a la acción irracional que sólo es destrucción.

Desde muy joven, el escritor, poeta, filósofo y naturalista tiene a su alcance los recursos materiales y humanos para adquirir una educación plena. Su padre, Johann Caspar Goethe, era un abogado y consejero imperial que, gracias a sus viajes por diferentes países de Europa, en particular Italia, adquiere también una formación artística e intelectual que le permite educar él mismo a sus hijos, sólo apoyado por tutores. Es introducido, entonces, en las bellas artes. El propio Johann Wolfgang dibuja desde sus primeros hasta sus últimos años de vida.

Su padre se empeña en que siga sus pasos y estudie derecho, se desempeñe en la suprema corte del Sacro Imperio Romano (Reichskammergericht), complete su formación con un viaje por Italia y se establezca y funde una familia. Así, a los 16 años de edad, se traslada a Leipzig para estudiar leyes, pero una enfermedad interrumpe su formación y debe regresar a la casa familiar. Más tarde viaja a Estrasburgo para culminar sus estudios y obtiene un título que le vale lo mismo como abogado que como médico, aunque sus estudios le habrán de ser útiles por los conocimientos adquiridos en teología, filosofía o filología clásica.

Para entonces ya había escrito algunas cosas y empieza a rondar en su cabeza escribir una historia que a la postre daría vida a Fausto, es decir, la historia de un hombre que por el poder y el conocimiento vende su alma al diablo. Pero en Estrasburgo entra en contacto con Herder, quien ya poseía cierto nombre en el mundo literario e intelectual y el cual le introduce en la obra de William Shakespeare (1564-1616). Juntos impulsan el movimiento romántico. Esta influencia le hará ver a Goethe a la literatura como una expresión de la cultura nacional, la que se encuentra en mitos y leyendas, canciones populares y otras expresiones similares. Con ese ímpetu publica el ensayo Sobre la arquitectura alemana, mostrando su admiración por este arte en su país. Entonces se enamora de Friederike Brion, con quien se compromete, pero rompe la relación para regresar a Frankfurt.

En esos años de búsqueda de las tradiciones folclóricas escribe obras como El capricho del enamorado, Los cómplices y Götz von Berlichingen. En Frankfurt practica el Derecho sin dejar de escribir, y publica el que la novela que le dará su primer gran éxito, Werther o también Las penas del joven Werther, a partir de hechos reales en las que un hombre se quita la vida por el amor de una mujer. Casi de inmediato fue traducida al francés y al inglés, pero en su país no es bien recibida, al considerarla una apología del adulterio y del suicidio.

Sin embargo, la fama le trae la simpatía del príncipe de Weimar, Carlos Augusto, a cuyo gobierno ducal dedicaría Goethe la mayor parte de su vida, primero como funcionario y consejero, luego como residente privilegiado, lo que le permitiría escribir y viajar. Entre 1773 y 1776 escribe Clavijo, Prometeo y Stella, y en el último año inicia su experiencia en Weimar, la cual le mantiene por mucho tiempo ocupado en cosas de gobierno, dejándole poco tiempo para la escritura y para algo que se vuelve una obsesión en él: viajar a Italia siguiendo el ejemplo de su padre. Además, en 1775 se enamora y compromete en matrimonio por segunda ocasión, incumpliendo una vez más.

En 1776 se traslada a Weimar, donde el trabajo que desempeña le permite hacer crecer la importancia de dicha región, lo que a su vez le gana el privilegio de hacer llamar a Herder para que le ayude en ciertos trabajos. Goethe mantiene desde entonces un pensamiento político favorable a los pequeños estados, por sobre la idea del Estado Nación, lo que se recrudecería en su oposición a las ideas surgidas de la Revolución Francesa y el poder del pueblo. Sin embargo, durante 10 años, de su cumpleaños 30 al 40, deja de publicar, y tras su Stella de 1775, aparecerá hasta 1787 otra de sus obras maestras, Ifigenia en Táuride. Un año antes puede, por fin, realizar su anhelado viaje a Roma, pero la ciudad eterna no cumple las expectativas creadas y viaja al sur de Italia, a Sicilia, donde tiene contacto con vestigios de la cultura griega (el templo dórico inacabado de Segesta, las ruinas de Agrigento, conocer Enna, donde según la mitología Proserpina fue llevada al Hades, conocer el anfiteatro de Taormina o subir a uno de los montes del Etna, donde la leyenda cuenta que el filósofo Empédocles terminó con su vida, lo que refuerza su amor por la cultura clásica, llegando a pensar que fue la mejor época del hombre.

A su regreso a Weimar, en 1788, el príncipe Carlos Augusto le retira la responsabilidad de sus deberes de gobierno, no su favor, por lo que puede dedicarse a la literatura, a las ideas, y lo hace para crear hasta el último de sus días sus mejores obras, entre ellas Torquato Tasso, Elegías Romanas, Epigramas venecianos, Herman y Dorotea, Diván de Oriente y Occidente y Poesía y verdad I y II, su así como avanza en su autobiografía, y en Fausto, cuya primera parte se publica finalmente en 1808 y la segunda parte en 1832, póstumamente.

De esta etapa de su vida es su relación con Christiane Vulpius, con quien tiene a su hijo Augusto el 25 de diciembre de 1789 y se casa el 19 de octubre de 1806. Por entonces, además, vuelca su interés hacia las ciencias exactas. Incluso publica su Teoría de los colores (1810).

En 1794 inicia su amistad con Federico Schiller, cuando éste, quien fuera uno de los discípulos más avanzados del filósofo Immanuel Kant, le sugiere abrir la revista Die Horen, relación que significa colaboración y crecimiento artístico e intelectual para ambas partes, constituyendo lo que se considera una de las más relevantes colaboraciones intelectuales y literarias de la historia. En particular, para el autor de Werther es una de las etapas de su vida más intensas y de mayor felicidad: publica las ya mencionadas Elegías romanas, Conversaciones de emigrados alemanes y La hija natural; traduce la autobiografía de Benvenuto Cellini, entre otros trabajos. Sobresale que durante más de 10 años realizaran un intercambio epistolar superior a las mil cartas, en las que intercambian opiniones e ideas sobre obras y proyectos de otros artistas de su tiempo.

Juntos escriben elegías satíricas, con las que se ganan enemistades; poemas narrativos con versificación clásica. Su entusiasmo literario es tal que retoma su proyecto de Fausto, al que ahora piensa en dividir en dos partes, la primera con lo que ya llevaba escrito, sólo con algunos retoques, y para la segunda pensando en que el personaje sería la figura emblemática del hombre moderno, con características de un idealista filosófico que vive en un mundo ideal, clásico. Sin embargo, en los primeros años del siglo XIX enferman Herder, Schiller y él; el primero muere en 1803, el segundo dos años después y Goethe se salva, pero con la muerte de Schiller, confiesa, muere la mitad de él.

Su genio se vuelca a mantener la cúspide cultural de Weimar y se afana sin la pasión que había vivido en ello. Para su mal, Europa pasaba por la era napoleónica y Alemania no puede evitar llegara a su territorio. Goethe no ve con buenos ojos al gobernante galo, pero termina por reconocer en él a un legítimo sucesor del Sacro Imperio Romano.

A partir de la caída del gobernante y militar francés, en 1815, dedica su tiempo a retomar con nuevas perspectivas su autobiografía, publicadas como Poesía y verdad parte I y II; conoce y admira el arte gótico, sus colores y formas, y se adentra en las formas orientales de hacer poesía, lo que le lleva a escribir y publicar su Diván de Oriente y Occidente con esta influencia. Sin embargo, su esposa Christiane Vulpius muere en 1816, iniciando a partir del siguiente año lo que se conoce como la etapa final de su vida y productividad. En 1817 su hijo Augusto se casa y Goethe se da cuenta de que está cerca de la séptima década de su vida.

Publica textos más personales, biográficos, de recuerdos, científicos que había escrito años antes y toma afición por la meteorología. Decidido a vivir hasta su último día en Weimar, se aboca a acabar con la obra que le ha acompañado por casi medio siglo: Fausto, personaje en el que finalmente deposita la imagen de la serenidad, de búsqueda de la perfección y la belleza y contrario a la explosividad del hombre inculto, primitivo. Termina la obra y la firma para su publicación, lo que sucederá hasta después de su muerte, ocurrida el 22 de marzo de 1832.