LITERATURA INFANTIL DEBE ABORDAR REALIDAD DE NIÑOS: HORTENSIA MORENO

Hortensia Moreno escribe ahora para niños, pero empezó publicando novelas para jóvenes y adultos, el cambio no ha sido abismal, dice, porque sigues las mismas premisas. La exigencia es igual, porqu...

Hortensia Moreno escribe ahora para niños, pero empezó publicando novelas para jóvenes y adultos, el cambio no ha sido abismal, dice, porque sigues las mismas premisas. La exigencia es igual, porque si bien son lectores diferentes, no son tontos o ignorantes respecto a los adultos, incluso en algunos casos podría asegurar que son mejores lectores, porque leen sin prejuicios, para pasar un buen rato.

El lector infantil recurre a un libro con la avidez de aprender cosas nuevas, “yo diría que leen con una sinceridad que no tenemos los adultos, que podemos hacerlo sólo porque está de moda, o porque nos van a preguntar al respecto”, agrega Moreno, para quien el mayor reto de cualquier escritor es atrapar la atención de su público, tenga la edad que tenga; “que abra tu libro y no lo bote por la ventana”, señala con ironía.

Durante una conversación con Litoral, la autora de libros como El extraño caso del fantasma claustrofóbico (con ilustraciones de Luis San Vicente) recuerda que hasta hace unos años la literatura infantil y juvenil disponible en México era importada.

“Cuando yo crecí leí muchas historias que ocurrían en lugares exóticos, todo era extraño y eso me ha hecho ver la enorme necesidad que tenemos de contar con referentes de la vida real y de nuestro tiempo; eso me abrió los ojos”.

Hoy habría que entender que es necesario escribir para niños sobre la realidad de los niños, sobre lo que es vivir en la Ciudad de México en el 2019; un lugar donde hay coches, contaminación e inseguridad, porque los niños no están fuera de esa realidad por más que queramos mantenerlos aislados, reconoce Moreno, quien ve en la literatura un referente privilegiado para que estas cosas tengan un lugar en el imaginario de los infantes.

Será maravilloso que, a través de los libros, sepan de las cosas que pasan en las calles por las que circulan ellos todos los días, apunta entusiasmada.

Hortensia empezó su carrera literaria como escritora de novelas para jóvenes cuando ella también era joven y más tarde lo hizo para adultos, tiene tres libros de este tipo que empezó a publicar en 1985, cuando vio la luz Las líneas de la mano, luego Ideas fijas y En vez de maldecir, y fue hasta que nació su sobrina Julia, que pensó en escribir para niños.

Era muy interesante tener una niña pequeñísima en mi vida y escribí Julia y el león, señala, pero su incursión en la literatura infantil tuvo mayores repercusiones porque envió la historia a competir en el certamen de Barco de Vapor y aunque no ganó, fue propuesta para su edición. Su siguiente libro infantil fue El cuaderno secreto, derivado del nacimiento de su segundo sobrino. En este caso, expone, el material acabó publicado en España.

Su siguiente incursión fue Vida en peligro, haciendo mancuerna con Karen Coeman, de Editorial Castillo. Se trataba de un libro para niñas que contaría historias del feminismo, “buscábamos que las niñas conocieran las grandes luchas de la mujer y luego de mucho trabajo acabó convertido en una historia de amor y amistad entre dos niñas”.

El extraño caso del fantasma claustrofóbico, por su parte, fue un libro que fluyó más ligero y que se desarrolló a partir de muchas intrigas. “Es uno de esos libros mágicos que se hicieron solitos, que partió de la reflexión de que me habían contado cómo funcionan los fantasmas, basado en creencias populares y referencias mediáticas”.

Inquirida sobre hacia dónde van sus nuevos proyectos, reconoce que nunca ha tenido una visión general de hacia dónde va y ahora en lo que trabaja es en un libro que le está costando mucho trabajo porque es sobre la discapacidad, “hay personas –dice- que tienen problemas para caminar, para ver, para oír, y eso también les ocurre a los niños, también están sometidos a estas limitantes de las condiciones socialmente óptimas para funcionar”.

Hace unos años, refiere, leyó Wonder, un libro que le pareció muy divertido, sobre un niño que tiene un problema terrible de salud y, en su opinión, eso hay que hablarlo, hay que abordar temas como la salud y la enfermedad, como las limitaciones físicas, “yo tengo una miopía infinita, entonces me está costando un enorme trabajo abordarlo para llegar a ese público que puede tener esa experiencia de la limitación, y eso es algo con lo que tenemos que vivir y ser solidarios, respetuosos, amorosos”, abunda la autora, quien escribe sus historias siempre inspiradas en personas reales y ésta no es la excepción.

Por ejemplo, el libro en el que trabaja tiene que ver con su amiga Mónica, que no podía caminar –aunque ha empezado a hacerlo de nuevo-, y sobre el dolor que vivió, el cual quiere recuperar en esta historia para darle un sentido, para convertirla en una herramienta de interpretación que le haga ver a ella y a todos los niños en esa condición, que eso que le pasó a ella como algo excepcional, más que especial es humano.

Porque humanidad es algo que busca transmitir en sus libros, pero también en el trato con sus pequeños lectores, con quienes gusta de tener comunicación e intercambios, pues le refrescan sus comentarios, los cuales considera el mayor de los alicientes para seguir escribiendo.