FRAGMENTOS POESIA DE JORGE LUIS BORGES

A continuación, reproducimos poemas del libro Nueva Antología Personal por Jorge Luis Borges. Texto autorizado por editorial Siglo XXI.

A continuación, reproducimos poemas del libro Nueva Antología Personal por Jorge Luis Borges. Texto autorizado por editorial Siglo XXI.

LA NOCHE QUE EN EL SUR LO VELARON

Por Jorge Luis Borges

Por el deceso de alguien

-misterio cuyo vacante nombre poseo y cuya reali-

dad no abarcamos-

hay hasta el alba una casa abierta en el Sur,

una ignorada casa que no estoy destinado a rever,

pero que me espera esta noche

con desvelada luz en las altas horas del sueño,

demacrada de malas noches, distinta,

minuciosa de realidad.

A su vigilia gravitada en muerte camino

por las calles elementales como recuerdos,

por el tiempo abundante de la noche,

sin más oíble vida

que los vagos hombres de barrio junto al apagado

almacén

y algún silbido solo en el mundo.

Lento el andar, en la posesión de la espera,

llego a la cuadra y a la casa y a la sincera puerta que

busco

y me reciben hombres obligados a gravedad

que participaron de los años de mis mayores,

y nivelamos destinos en una pieza habilitada que mira

al patio

-patio que está bajo el poder y en la integridad de la

noche-

y decimos, porque la realidad es mayor, cosas indife-

rentes

y somos desganados y argentinos en el espejo

y el mate compartido mide horas vanas.

Me conmueven las menudas sabidurías

que en todo fallecimiento de hombres se pierden

-hábito de unos libros, de una llave, de un cuerpo

entre los otros-

frecuencias irrecuperables que fueron

la precisión y la amistad del mundo para él.

Yo sé que todo privilegio, aunque oscuro, es de linaje

de milagro

y mucho lo es el de participar en esta vigilia,

reunida alrededor de lo que no se sabe: del muerto,

reunida para incomunicar y guardar su primera noche

en la muerte.

(El velorio gasta las caras;

los ojos se nos están muriendo en lo alto como Jesús).

¿Y el muerto, el increíble?

Su realidad está bajo las flores diferentes de él

y su mortal hospitalidad nos dar?

un recuerdo más para el tiempo

y sentenciosas calles del Sur para merecerlas despacio

y brisa oscura sobre la frente que vuelve

y la noche que de la mayor congoja nos libra:

la prolijidad de lo real.

EL AJEDREZ

Por Jorge Luis Borges

I

En su grave rincón, los jugadores

rigen las lentas piezas. El tablero

los demora hasta el alba en su severo

ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores

las formas: torre homérica, ligero

caballo, armada reina, rey postrero,

oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,

cuando el tiempo los haya consumido,

ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra

cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.

Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada

reina, torre directa y peón ladino

sobre lo negro y blanco del camino

buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada

del jugador gobierna su destino,

no saben que un rigor adamantino

sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero

(la sentencia es de Omar) de otro tablero

de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonía?