De cines a centros de espectáculos

*El arquitecto José De Arimatea Moyao expuso la transformación de ciertos espacios emblemáticos del cine en la Ciudad de México

*El arquitecto José De Arimatea Moyao expuso la transformación de ciertos espacios emblemáticos del cine en la Ciudad de México

Por Luis Galindo

La arquitectura —tal como la enseñaron en la escuela— era para siempre, pero no necesariamente bajo un mismo uso, aseguró el arquitecto José de Arimatea Moyao López, durante la conferencia “Rescate del Patrimonio Arquitectónico y Cultural de México”.      En el transcurso de la charla ofrecida en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, De Arimatea Moyao López mencionó que, con el tiempo, varios inmuebles han cambiado.      Señaló que una de las industrias con más transformaciones ha sido la relacionada a los cines, pues refirió las grandes salas en donde antes se exhibían las películas: por ejemplo, el Cosmos llegó a ser el cine más grande, con seis mil espectadores, pero se quemó y nunca se reinauguró de nuevo con esa capacidad, pues quedó con aforo para tres mil 500 personas (ni volvió a fungir tal cual como cine sino que se transformó en un centro cultural).      Otros de los recintos emblemáticos es el hoy conocido como Teatro Metropólitan, que antes era un cine y fue transformado en un centro de espectáculos.      “Antes de presentar una solución, se llevó el proyecto a la autoridad; con la intención de producir ese intercambio y que esté aprobado, pensando en el rescate y la conservación del patrimonio”, explicó el arquitecto.      Relató que sobre la fachada del Metropólitan, las autoridades le pidieron respetar el color surgido tras rascar por primera vez: dicha tonalidad fue amarilla, la cual se mantuvo junto con los anuncios publicitarios en dorado, "se completó esa parte".       También dijo que de ser una sala de cine, la transformaron en un centro de espectáculos con capacidad para unos tres mil espectadores, y las musas que están en las paredes se restauraron y el mármol se limpió.      Otro recinto al que se refirió durante la charla con el público, fue el Orfeón, espacio que experimentó una transformación al pasar de ser un cine y convertirse en teatro, en el cual se presentó el primer musical que vino a México: La bella y la bestia.      Expuso que no había un recinto para montar un musical, por lo tanto, se restauró; lo primero en arreglarse fueron las butacas, en las cuales no se apreciaba bien lo que sucedía en el escenario. La intervención consistió en reacomodarlas para que el público tuviera la visión del espectáculo.