VOZ ORIGINAL

CELERINA SÁNCHEZ COMPARTE A QUÉ SUENA LA POESÍA NUU SAVI

CELERINA SÁNCHEZ COMPARTE A QUÉ SUENA LA POESÍA NUU SAVI

La preservación de las culturas originarias no sólo pasa por la difusión de las lenguas indígenas, el impulso a su producción literaria o la traducción de la misma, tiene que ver con un conocimiento más integral, e incluso por erradicar cuestiones clasistas y de racismo que han hecho que la gente reconozca una lengua hegemónica, aunque no la hable, pero sea incapaz de determinar cómo suenan las lenguas originarias de su país, que tienen miles de años aquí.

Esa preocupación es la que detonó el interés de la poeta mixteca Celerina Sánchez en rescatar no sólo la palabra, sino el sonido de las lenguas originales, en particular la suya (ñuu savi), que aún tiene cerca de medio millón de hablantes en todas sus variantes, a partir de la experiencia del audiolibro, cuyo primer intento cristalizó en 2013, que se publicó Inií Ichi, que evoca y convoca a la búsqueda del tiempo. Ahora, acaba de editar Natsiká (Viaje), un volumen en el que reúne la belleza de su lírica con los sonidos del blues que emanan de la armónica de Víctor Gally.

Entrevistada en una cafetería del rumbo del Centro Médico, la también narradora oral y activa promotora cultural habla a Litoral sobre como ese espíritu “contreras” (de llevarle a todo la contra) que la caracteriza, la ha hecho siempre ir más lejos de lo que se espera y con mirada orgullosa recuerda que Natsiká es un trabajo comunitario, que surgió de repente, pero que retoma una inquietud suya de tiempo atrás: que la gente no sólo pueda leer la poesía, sino saber cómo suena.

Refiere que fue hace unos tres años durante una fiesta en la editorial que publicó su primer libro, que leyó algo de poesía y conoció a Víctor Gally, quien la invitó a improvisar algo bajo el acompañamiento de su armónica, el resultado gustó y tiempo después derivó en una colaboración que ella siempre planteó como una fusión, pues no le interesaba un simple acompañamiento.

A Gally le entusiasmó la idea y juntos empezamos a explorar la senda que tendría este viaje, la idea”, explica entusiasmada, era crear algo que no existiera y fue durante el propio proceso que fue entendiendo su propuesta, ese interés genuino en aportar algo desde los dos terrenos, el de la poesía y el de la música, y que al final esa dualidad pudiera funcionar como uno sólo, como ocurre con el disco, y dirigirse así a dos públicos, la gente que sabe la lengua y quienes la desconocen y ni siquiera saben qué sonido tienen.

Originaria de Mesón de Guadalupe, Municipio de San Juan Mixtepec, en el Distrito de Santiago Juxtlahuaca, Oaxaca, Celerina Sánchez es hablante de ñuu savi, pero también es licenciada en Lingüística por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), porque desde pequeña se empeñó en demostrar a quienes denostaban su lengua, que ésta tenía todo para poder comunicar ser escrita y de bella manera, como en el caso de la poesía.

Hoy tiene 20 años escribiendo y mostrando al mundo lo que se puede decir con el ñuu savi, pero no ha sido fácil, recuerda, pues cuando inició su educación formal, allá por 1976, se vivía una etapa en la que era común la prohibición de la lengua: “no la hables porque es fea, es pobre, ni se puede escribir…el español es elegante, etcétera”, así que, años después, cuando aprendió el español, se aferró a encontrarle ventajas a su lengua, ya con la conciencia de que podía reivindicarla.

Pero tampoco fue sencillo, pues se encontró con muchas cosas, como el hecho de que, aunque seas nativo hablante necesitas conocer como está estructurada tu lengua, y ella no tenía esas bases “y creo que la mayoría de los escritores en lenguas indígenas de varias generaciones pasaron por lo mismo porque son autodidactas”.

Hoy, dice Celerina, quien incursionó en la narración oral en 1993 y en la poesía en 1997, se está llegando a un consenso sobre cómo escribir la lengua, en un esfuerzo que comenzó a finales de los años 90 con la creación de la Casa de la Lengua de la lluvia, cuando maestros de las tres regiones (Oaxaca, Guerrero y Puebla) y otros interesados acordaron cierta estandarización de grafías y reglas mínimas para entenderlas. Ella, por ejemplo, usa el estándar porque, aunque puede no estar de acuerdo con algunos signos, los respeta.

El reto en su caso fue “escribir para entenderte y alfabetizarte porque nadie lo hace por ti. Y ya cuando empiezas a entender la escritura, ahora tradúcelo al español porque nadie te va a leer en tu lengua, y aquí fui aprendiendo, ya después me metí a Lingüística, porque había una necesidad de conocer lo que regía para hacer una traducción”.

Aprendes que para traducir tienes que conocer el contexto cultural en el que se desarrolla esa lengua, pero es un ejercicio que tienes que hacer porque eso te lo dan las escuelas de traductores en diversos idiomas, pero en este país no hay una escuela donde realmente se preparen traductores en las propias lenguas, ya no pidamos traductores en otras lenguas, sino que tú escritor sepas traducir en tu propia lengua, comenta sarcástica mientras bebe agua.

Planes hay muchos, como corresponde a alguien que se mueve en diversos frentes, sin embargo, expone, su prioridad inmediata es la promoción de este material, que se conozca este esfuerzo en el que intervinieron ediciones del Lirio, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas), a instancias de José Antonio Flores Farfán, y que fue grabado en el estudio Foco Rojo de Oaxaca.

Natsiká. Poesía Ñuu savi y blues está integrado por un libro y un disco compacto que reúne 22 piezas, 11 en Ñuu savi y 11 en español, poemas de Celerina Sánchez leídos por ella misma, con música y ejecución de armónica de Víctor Gally, de quien también es el diseño de la portada y las ilustraciones que acompañan el material, que incluye datos fundamentales de la región mixteca y su lengua.