SALVATORE QUASIMODO, EL COMPROMISO POÉTICO DE LA POSTGUERRA

Poeta, ensayista, periodista y traductor, el italiano Salvatore Quasimodo, a quien se reconoce un lenguaje poético muy personal para desentrañar la infelicidad humana, se convirtió en 1959 en el cu...

Poeta, ensayista, periodista y traductor, el italiano Salvatore Quasimodo, a quien se reconoce un lenguaje poético muy personal para desentrañar la infelicidad humana, se convirtió en 1959 en el cuarto escritor de su país en ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura, antes lo había hecho Giosué Carducci (1906), Grazia Deledda (1926) y Luigi Pirandello (1934), y posterior a él lo han alcanzado Eugenio Montale (1975) y Darío Fo (1997).

Se le considera un poeta valioso por la capacidad que tuvo para asimilar experiencias como la guerra y la ocupación alemana, llenas de muerte, desolación y violencia, y darle un giro completo a su poesía, que supo expresar la angustia existencial y la alienación a que están sometidos los pueblos en las sociedades contemporáneas.

Para Quasimodo, la vida es una gran estafadora que le arrebató el Edén y lo sumergió en las tinieblas, circunstancia que, si bien lo dejó con un rictus de amargura permanente, también fue fundamental para que el poeta se formara una conciencia social y un compromiso civil muy poderoso, que es uno de los grandes temas de su producción poética.

María Teresa Meneses, una de las mayores traductoras de obras del italiano al español, explica que la poesía del Premio Nobel 1959 se apoya sustancialmente en tres temáticas: el sentimiento del exilio, la religión y el compromiso civil, con un profundo sentimiento de soledad que aparece desde sus primeros poemas hasta su última producción, donde el hombre es “exiliado de un bien perdido”.

En un artículo publicado por la revista mexicana Nexos, la estudiosa considera que la inquietud y zozobra, la sensación de no sentirse en armonía con el mundo, la búsqueda de consuelo en el amor, el deseo de anulación en la muerte, son temas que, en Quasimodo, alcanzan un trasfondo de origen religioso.

Pero esa religiosidad, un poco vaga, metafísica y abstracta, no comprometida del primer Quasimodo, el de Acqua e Terre, deviene en consciente ancla de salvación y fin concreto, participación piadosa en el destino de los hombres, como se advierte en los 20 poemas que componen la antología Día tras día.

“Nace, en la poesía de Quasimodo, el refugio y el consuelo en una solidaridad humana que supere el mal del mundo en cuya búsqueda nos debemos sentir comprometidos todos. En este tema del compromiso civil confluyen diversos motivos: el sentimiento de la poesía entendida como misión entre los hombres, la reconquista de una patria, el descubrimiento de la fraternidad entre los pueblos”, cita el texto publicado en 2018, a raíz de su quincuagésimo aniversario luctuoso.

Quasimodo viene al mundo el 20 de agosto de 1901, en la población de Módica, en la región de Sicilia, pero a los ocho años se traslada a Mesina y posteriormente a Roma, donde intenta estudiar ingeniería, pero su gusto por la literatura y la escasez de recursos lo hacen dejar la carrera e incursionar en diversos oficios, incluidos medios periodísticos y literarios.

Cuentan que hacia 1926 se muda a la región de Calabria, donde trabaja en el área de la construcción y se da tiempo para leer a los clásicos griegos y latinos como Homero y Ovidio, época en la que logra publicar su primera colección de poemas Acque e terre (1930) y dos años después Oboe sumergido, que despierta gran interés de la crítica, a lo que se suma en 1934 su cambio a Milán, donde es introducido a los círculos literarios de la ciudad, aunque será hasta cuatro años después que deje su puesto en la construcción para dedicarse de lleno a la crítica teatral en la revista Tempo.

El año de 1940 es importante para Quasimodo, pues aparece su libro Líricos griegos, en el cual publica sus traducciones de los clásicos y muestra su interés por propiciar un acercamiento entre la poesía clásica y la contemporánea. Un año después es nombrado catedrático del Conservatorio de Milán y al siguiente se edita Y de repente la noche, con el cual alcanzó gran popularidad.

Se sabe que entre 1949 y 1958 se centra en la traducción y que además de los clásicos grecolatinos se enfoca en obras como La Tempestad, de William Shakespeare, y otras obras de poetas como Paul Eluard o Pablo Neruda. Tras ello comienza una nueva etapa en su producción, que involucra temas más sociales estrechamente vinculados con la realidad política italiana, y que en 1953 le valen ser reconocido al lado del británico Dylan Thomas con el premio Etna-Taormina de poesía.

Seis años después recibe el Nobel de Literatura (1959) que acepta con un discurso en el que defiende el papel activo del poeta y la poesía en las sociedades. El texto, denominado El poeta y el político fue publicado al año siguiente con un conjunto de ensayos, que se sumó a otras obras publicadas como Erato y Apolión (1936), La vida no es sueño (1949), La tierra incomparable (1958) y Dar y tener (1966). Quasimodo fue denostado por la crítica y algunos medios que consideraron que el Nobel era una distinción más digna de Eugenio Montale, dejando al poeta un sabor agridulce del que parece no reponerse.

En 1968, cuando participaba como jurado de un premio literario, Quasimodo muere de un derrame cerebral. Sus restos fueron enviados a Milán donde residía y, paradójicamente, a su servicio fúnebre asistieron a rendirle honores muchos de los que en algún momento habían demeritado su designación al afamado premio sueco.