LA GENERACIÓN DEL 27

Amalgamada para recordar el 300 aniversario luctuoso de una de las grandes voces líricas de España, Luis de Góngora y Argote, la Generación del 27 se distinguió por tratarse no de un movimiento q...

Amalgamada para recordar el 300 aniversario luctuoso de una de las grandes voces líricas de España, Luis de Góngora y Argote, la Generación del 27 se distinguió por tratarse no de un movimiento que proclamara su rompimiento con lo anteriormente hecho, por acusar tendencias muertas en los creadores anteriores o por negar lo heredado, rechazar a las estéticas seguidas hasta antes. Por el contrario, los artistas pertenecientes a esta tendencia, inicialmente 10 poetas, pero a la que se anexa representantes de otras expresiones, les caracteriza el orgullo por su pasado estético y no por romper con él.

Originalmente se trata de diez poetas que decidieron reunirse en abril de 1927 -de ahí el nombre que se da a la generación- para organizar actividades conmemorativas por los 300 años del fallecimiento de Góngora y Argote (11 de julio de 1561-24 de mayo de 1627), el excelso representante de la corriente titulada culteranismo e incluso gongorismo. Se trata de Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico García Lorca –el más visible de todos-, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados.

A dichos nombres se pueden sumar artistas visuales como Salvador Dalí y Luis Buñuel, cineasta muy arraigado y conocido en México, pero también a las escritoras Rosa Chacel, Concha Méndez, Marga Gil, Margarita Manso, Josefina de la Torre, Maruja Mallo, Ernestina de Champourcín y María Teresa León, entre otras. A las últimas también se les conoció como Las Sin Sombrero. A todos les une la satisfacción por la herencia literaria que les legó su nación, no se puede entender de otro modo que el hecho que genera su inicio es un reconocimiento a un autor del Siglo de Oro Español, y no reniegan de la tradición de la anterior generación, que para el caso es la del 98, formada por personalidades como Miguel de Unamuno, Azorín, Antonio Machado, Pío Baroja, Ramón del Valle-Inclán y Ramón Menéndez Pidal.

Incluso, algunos especialistas señalan que aprovecharon la catapulta de la generación intermedia, la del 14, de la que el personaje más visible es el filósofo José Ortega y Gasset, creador de la Revista de Occidente, que habrá de ser emblemática de los futuros creadores y pensadores.

Lo que distingue, en fin, a la Generación del 27 es la crítica a la estética imperante y por buscar implantar una nueva a partir de la fusión de la visión de las pléyades anteriores con los vientos nuevos y diversos que soplaban en las artes. Por lo mismo, tampoco se trata de un grupo homogéneo, sus intereses estéticos, literarios y formas de expresarse eran diferenciados, de acuerdo con el subgrupo al que pertenecía. Así, poniendo como ejemplo a la poesía, se asumen los moldes tradicionales como el soneto o la décima, a la vez que se toman modalidades nuevas como el verso libre, el verso blanco y el versículo, abrazando a musicalidad en los trabajos. Temáticamente se adoptan la intelectualidad y la belleza, lo que expresan a través de figuras retóricas entre las cuales la reina es la metáfora, lo que explica el desarrollo del surrealismo entre las corrientes de la Generación del 27, como ejemplos están Dalí y Buñuel, pero igualmente entran temáticas no tocadas hasta entonces, como es la homosexualidad.

También es de resaltar la utilización de las revistas como medios de divulgación de su obra, entre ellas la ya mencionada Revista de Occidente, así como la Gaceta Literaria, Verso y Prosa, Mediodía, Cruz y Raya, Caballo Verde para la Poesía, así como la organización de tertulias artísticas en la Residencia del Estudiante de Madrid.

Por sobre su diversidad, pues cada grupo y hasta cada exponente tomó caminos y lenguajes propios, a la Generación del 27 también se le puede ubicar por las etapas que siguió en su trayecto creativo. En general, los escritores, poetas y artistas visuales que integran esta pléyade pasaron por un primer ciclo que va desde sus primeras apariciones hasta 1927, cuando se ciñen a las primeras vanguardias, en las que son orientados por la “poesía pura” de Juan Ramón Jiménez, a la vez que abrevan de la tradición popular y de la grandeza del Siglo de Oro, con Góngora por delante.

En un segundo momento, que va del 27 a al inicio de la Guerra Civil (1936), cuando el movimiento se abre a las nuevas tendencias, como el surrealismo, ciclo al que también se le designa como de rehumanización, y la etapa final inicia a partir del fin de la guerra intestina (1939), y que se entiende porque durante ésta fue asesinado Federico García Lorca, mientras que otros exponentes se exilian, entre ellos Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda y Rafael Alberti; sólo se quedaron en España Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Gerardo Diego.

LAS SIN SOMBRERIO

Mención especial es la participación de las mujeres en este grupo artístico, pues en general este sector poblacional era por tradición visto para las labores familiares, de la casa, es decir, no para asuntos intelectuales o de creatividad artística. Sin embargo, en este caso desde su inicio, la Generación del 27 tuvo entre sus integrantes a mujeres artistas, que desarrollaron y mantuvieron su trayectoria con sus propios esfuerzos y logros legítimos. Se trataba de féminas que rompían con los papeles tradicionales, lo que demostraron con el hecho por el que se les dio el nombre de Las Sin Sombrero.

La historia cuenta que un día paseaban por el centro de Madrid García Lorca, Dalí, Margarita Manso y Maruja Mallo, y que al pasar por la Puerta de Alcalá se quitaron los sobreros, objeto que era un signo de distinción en la época. Suceso transgresor que les mereció insultos, que les aventaran objetos, incluyendo piedras, y el sobrenombre con el que a ellas y a las otras integrantes femeninas del grupo les distinguiría.

Sobresale del grupo Rosa Chacel (1898-1994), sevillana que hizo estudios de artes plásticas en Madrid, pero que finalmente se decantó por la literatura, en particular la poesía, publicando su primera obra mientras se encontraba en Italia. Al estallar la Guerra Civil, se exilia en Francia, Grecia, Argentina y Brasil. Sin embargo, regresa a su país, donde muere en 1994.

Otra figura de este movimiento es Margarita Gil, madrileña nacida en 1905 en el seno de una familia bohemia y artística. Desde pequeña le gustaba ilustrar por lo que estudia artes plásticas y se dedica a la escultura, teniendo como mentores intelectuales a personajes de la talla de Pío Baroja. La artista se suicida en 1932 y su legado completo nunca se sabrá, pues sólo deja completas 17 piezas de su producción, el resto lo destruye.

Por su parte, María Teresa León nace en 1903, hija de un militar y crecida dentro de una familia muy estricta de la que pronto se rebela para estudiar Filosofía y Letras. Se casa en segundas nupcias con Rafael Alberti. Es secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas, funda las revistas Octubre y El Mono Azul. Se exilia en Francia, Italia y Argentina, y regresa a España en 1977, donde muere 11 años después.

Una más de las integrantes de Las Sin Sombrero es Ernestina de Champourcín, poeta nacida en 1905 y quien coincidió en las tertulias en la Residencia Universitaria con Artemio del Valle Arizpe y Pío Baroja, mientras que consideraba como su mentor a Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura 1956. Única creadora incluida en la antología Poesía española contemporánea de 1932, publicada por Gerardo Diego. Al iniciar la Guerra Civil se exilió en México, donde traduce la obra de varios autores, para regresar en 1977 a su país, donde muere en 1999.