POESIA DE TOMÁS SEGOVIA

El extranjero

El extranjero

No le toques los pechos Extranjero

A esta sombra con fiebre que esta noche

Anocheció tan hembra

Por los linderos de los residentes

Todo el verano es de ellos

Escúchalos dichosamente extraviados

Sin saber cómo hacer

Para entender bajo sus propias voces

Este lamento de la plenitud

Canción del destino

Frío y beato el crepúsculo

Calla visiblemente

Habría que aprender de los encinos

Ese modo sencillo y concentrado

De estar magistralmente

En la mitad del aire pálido

Y atender con entera reverencia

A esta mudez e intensidad el tiempo

Que se hace ver solemne

Detenido en lo alto antes del salto

Todo el conmovedor egoísmo del mundo

Indiferente a su belleza

E incapaz de pactar

Que sólo fatalmente llama

Que sólo atándonos con el destino

Se deja amar.

Oscuro designio

He visto los caminos sutiles de la noche

conducir las ciudades

hacia una forma apasionada,

fantástica, lejos de toda imparcialidad.

Y el ansia nos ha puesto arenas en los ojos

y hemos dicho 'hay un sentido, hay un sentido'.

Pero acaso no buscábamos sino ser engañados,

porque el mundo no se conoce a sí mismo

y sutilmente la noche

nos conduce a su designio.

He visto a la noche

sutilmente esmerar una sombra,

un gesto, un pensamiento,

y a la mañana no eran nada.

(Ay, ¿cómo podré conocer a la noche

yo que no la comprendo?

¿Cómo podrá conocerse a sí mismo

aquel que ni el mundo conoce?

¿Y en qué podrá reconocerme el mundo,

en qué podrá reconocer lo que es suyo?)

En los caminos inciertos de la noche

ha habido momentos fugitivos y delicados

en los que he visto las cosas como ya vistas antes;

he visto en las noches apasionadas

momentos que nacían como ya antes nacidos,

como antes aprendidos en otro lugar.

He visto a la noche tendenciosa

detenerse con secretas brisas

a pesar de las preguntas que mueren como un eco,

y en su designio oscuro,

cada cosa el comienzo de un ignorado curso.

'Hay un sentido, hay un sentido', pero

acaso no buscábamos sino ser engañados,

porque el mundo no se conoce a sí mismo

y sutilmente escapa su designio.

Que tan claro se oye en tu silencio

Y tienes que vagar a solas

Por las quietas afueras de su fiesta

Y poner sólo ecos distantes

En tu ramo nocturno en la sombra cortado

Y bañarte tan solo en murmullos de espumas

No saben que su amo

Tiene en ti un siervo más

Que también el verano te devuelve un rato

Tu corazón con llaga

Nadie sabe aquí el nombre

De tu amor extranjero

Y tienes que alejarte al borde de la noche

A decirlo a sus muertos

Que duermen allá afuera y que piensan en ti

Tras sus pesados párpados cerrados.