Zapata novelado por Pedro J. Fernández

“Morir de pie”, acercamiento literario a la figura del líder campesino

“Morir de pie”, acercamiento literario a la figura del líder campesino

Por Juan Carlos Castellanos C

[La intención del autor de esta entrega es humanizar al personaje. De él se escribe mucho desde el ensayo y la investigación, pero poco en el marco de la ficción]

Al hablar de Emiliano Zapata, el escritor Pedro J. Fernández se confiesa amante de realizar biografías para entender y divulgar la infancia y adolescencia de los personajes que aborda.       En el caso del líder campesino, dice que muchos textos se basan en su vida pública, sin detenerse a mirar cómo vivió en Anenecuilco. “Olvidan que vive casi todo el porfiriato (30 años), muere a los 40 años de edad, así que lo experimentó totalmente”, argumenta.       Nacido en Delaware, Estados Unidos, Fernández crece y se educa en la Ciudad de México. Hoy se pregunta:       —¿Cómo fue para alguien de un pueblo ver el auge y caída de ese hombre?      — Y él mismo se responde con una reflexión: "Esta novela me permite contar la otra parte que narro en Yo, Díaz, en donde presento un Porfirio que justifica sus acciones, de las cuales ahora vemos consecuencias— advierte durante una entrevista con Notimex.       —Me parece interesante entrar a esta dramatización, ver de dónde parte su ideología, conocer sus momentos íntimos con sus amantes y esposas, con su hermano Eufemio y amigos; observarlo en 360 grados, es decir, su parte pública, de lucha y sus fotografías vestido de charro con botonadura de plata. Al mismo tiempo, desde lo íntimo: donde toma coñac y fuma habanos con gazné al cuello vestido comúnmente.       En este libro, asegura, ofrece un panorama sobre cómo se vivieron carencias, desigualdades y enorme violencia durante los tiempos revolucionarios, narrando así cómo Zapata experimentó internamente ese derramamiento de sangre. Vemos cómo se deteriora física y anímicamente, pues en 1910 luce gallardo, joven y hermoso; en comparación, al final de sus años se nota con un nivel de desgaste en el rostro que dice “no puedo más… y debo seguir luchando”.       —Emiliano Zapata Salazar (Anenecuilco, Morelos, 8 de agosto de 1879-Chinameca, Morelos, 10 de abril de 1919) era muy reflexivo y así aparece en esta novela. Con todo el proceso mental que experimentó al observar su realidad y la de sus compatriotas.

La génesis de la obra

Para tejer su libro recurrió a fuentes documentales, numerosos ensayos; primero para crear la narrativa, y luego retomar la voz del personaje quien proviene de un pueblo, pero es educado porque sabe leer y escribir, se rodea de maestros e intelectuales sin dejar de ser del pueblo, comenta el entrevistado, a quien costó trabajo resolver la complejidad de la voz de Zapata, hombre de muchas caras que reinventó su lucha a cada momento, porque a cada rato cambia el hombre en el poder y el enemigo en el campo de batalla.       Su casa editorial ha sugerido a Pedro J. Fernández ilustrar sus libros, pero él es de la idea de no hacerlo. Así lo explica:       —Creo que la riqueza de la ficción es que permanezca en esa condición, sin salir de ese género literario. Que nos permita imaginar cómo son y cómo viven los personajes, su entorno, sus paisajes y las cosas que ven, usan, tocan y sienten. Como novelista recreo una época, describo a los pueblos, a las personas y hasta al mismo Zapata, quien evoluciona de niño a adulto, desde Anenecuilco hasta Chinameca— abunda el entrevistado en sus declaraciones.       La idea central es humanizar a Zapata, personaje emblemático de la historia de México, cuyo nombre se ha impuesto a cientos de escuelas, calles, plazas públicas, jardines y movimientos sociales.       —Quiero redescubrirlo para que no sea nada más las mismas tres fotos y tres frases de siempre. Es algo mucho más rico: una vida apasionante desde que es niño y promete a su padre que luchará por las tierras, hasta que está desesperado al final de su lucha y escribe una carta a Venustiano Carranza; todos esos momentos de debilidad, cuando un día es fuerte y otro totalmente vulnerable.       El libro inicia cuando Zapata muere y termina en esa misma escena. En el desarrollo de la historia, la novela tiene un hilo conductor de lucha en el cual se concluye “sí gané la guerra, pero esto es lo que me costó”.       La enseñanza que Morir de pie deja al lector es en el sentido de que ese personaje está más vivo que nunca, lo mismo que su legado: y que la lucha sigue...      —Zapata es uno de los héroes más dignos que tiene México, siempre manifestó que no quería honores ni cargos públicos. Es coherente en su decir y hacer, le da valor a la tierra, a la tradición de los pueblos y a la gente. Valores plasmados en el Plan de Ayala y que permearon en las escuelas donde se enseñan cada día a los mexicanos del siglo XXI.       Sigue vivo y la lucha no ha terminado. Eso diría yo a Emiliano Zapata si de pronto se me presentara de carne y hueso. Le obsequiaría un ejemplar de mi libro y le pediría una opinión al respecto— concluyó el escritor.