El viaje del Ipanema en El Colegio Nacional

Vicente Rojo hace el autorretrato de su padre

Vicente Rojo hace el autorretrato de su padre

Por Perla Velázquez y Salvador Álvarez

[El domingo 18 de agosto se cierra la exposición Cuaderno de escrituras, exhibida desde principios del pasado abril, la cual vincula al artista plástico Vicente Rojo con su padre. La muestra se halla en el recinto del Museo de Aguascalientes, la misma que se inaugura el jueves 15 de agosto, a las 19 horas, en El Colegio Nacional, sito en Luis González Obregón 23 en el Centro Histórico de la Ciudad de México.]

México, 15 Ago (Notimex).-Vicente Rojo llegó a México en 1949, diez años después que el ingeniero Francisco Rojo Luch, quien desembarcó en 1939 del Ipanema: era uno de los refugiados españoles que el país aceptaba. “Yo había dejado de ver a mi padre a los siete años, o sea que cuando yo llegué a México a los 17, prácticamente fue cuando lo conocí”. Setenta años después de ese encuentro, el pintor imagina cómo fue el viaje que su padre hizo y creó una serie de pinturas que se exhibirán en El Colegio Nacional.       Antes de empezar la plática con Notimex, Vicente Rojo sigue detallando las 32 piezas que entregará: “Las debo entregar a la una”. Todas estarán reúnidas en Vicente Rojo. 80 años después. Cuaderno de viaje de Franciso Rojo Luch en el vapor Ipanema. Burdeos-Veracruz, junio-julio de 1939. Una serie con la que se reencuentra con el ingeniero Rojo.       De aquel primer encuentro con su padre en México, Rojo recuerda que le preguntó lo que quería hacer, “él ya sabía de mi vocación de dibujar y él, que era un ingeniero muy calificado y trabajador, me preguntó si quería estudiar o trabajar. En Barcelona yo era aprendiz en un taller de cerámica y mi experiencia en la escuela había sido horrible, así que me incliné por trabajar”.       La voz de Rojo se enternece. Balbucea para querer expresar todo lo que recuerda de aquel momento, de aquellos años cuando la familia Rojo volvía a estar junta:       ?Mi padre respetó mis decisiones, pero siempre tuve la impresión de que, como ingeniero, imaginó que yo rompí con la tradición de la familia, porque mi hermano, que había llegado tres años antes que yo, también era ingeniero.       El sentimiento se prolongó por años, Vicente Rojo siempre pensó que su padre tenía dudas, que con la profesión que había escogido pudiera mantenerse. Con el tiempo, el también escultor apreció la duda como “cariñosa”. Todos estos pensamientos los rememora para imaginar un viaje, el viaje en el Ipanema:               ?Cuando Adolfo Martínez Palomo me pidió que colaborara en la semana que El Colegio Nacional dedica al exilio español pensé que sería el momento de poder hacer algo muy cerca de mi padre.

Qué era México entonces

En este año se cumplen ocho décadas del arribo del exilio español a México mediante el Ipanema que traía en su interior a personas que escapaban de la dictadura de Francisco Franco.       ?Se me ocurrió hacer un cuaderno de lo que podría haber sido su viaje de Burdeos a Veracruz, cuando él llegó solo ?dice Vicente Rojo?. Como mi padre era aficionado a la fotografía, creí que podía hacer una especie de fotografías con imágenes mías basadas en un diario de a bordo que hicieron los exiliados españoles en su recorrido.       El Ipanema fue el segundo barco que desembarcó en Veracruz. Allí venían 998 españoles que habían peleado en contra del franquismo en su nación:       ?Los dirigentes eran republicanos que habían hecho un diario a bordo, donde el 60 por ciento estaba dedicado a explicarles a los refugiados qué era México, lugar al que venían”.       Los cuadros de pequeño formato cuentan esta historia de manera visual, con la narrativa que caracterizan las piezas del pintor. Específicamente se pueden leer tres páginas completas del diario: dos de cuando zarparon y una de la llegada:       ?Fui partiendo un poco del diario y luego inventando. Retomaba esos textos del diario, porque es una historia que si se animan a leer es muy bonita. No son textos largos, excepto las dos primeras páginas que hay de salida donde le están haciendo un homenaje al presidente Lázaro Cárdenas y a dos personas que los ayudaron: Narciso Bassols y Fernando Gamboa.       Vicente Rojo imaginó un mar picado, una luna llena, una lluvia de estrellas, el propio barco lo recreó:       ?Me inventé una proa, la sala de máquinas, la cubierta, la popa. En fin, pensé qué podía aportar mi trabajo a esa historia, que para mí era íntima. Afortunadamente en El Colegio se expondrá en un espacio pequeño, así que le da un carácter íntimo a este viaje.

La memoria para reinventar las cosas

En el libro Diario abierto (Era, 2013), de Vicente Rojo, se dice que toda obra de un creador ?escritor o artista visual? es en realidad una forma de autobiografía. Ante la pregunta si esta muestra representa eso para el pintor, afirma rotundamente:       ?Hace poco un amigo me dijo que yo ya había empezado a recordar cosas y que esta muestra es la prolongación de otra que tuve hace dos años donde había trabajado una serie de autorretratos. En esta ocasión es un autorretrato de mi padre, que es como si yo hubiera hecho el viaje, tiene que ver con esa narrativa.       El cuadro más grande que está en la exposición reúne elementos que Vicente Rojo tenía desde la década de 1950:       ?Son elementos que yo tenía guardados no sabía para qué, pero no podía tirarlos: eran sobrantes de cosas. Todo lo que puse en el cuadro lo tenía guardado en cajas o en cajones porque forma parte de esa vida.       Finalmente, más que un homenaje, para Vicente Rojo es un reencuentro, un agradecimiento a su padre que lo dejó hacer lo que siempre quiso, a pesar de esa “duda cariñosa”:       ?Aquí yo he querido decirle: creo que me porté bien y pude vivir, sobrevivir con mi trabajo. Esto es una visión, creo.