Notimex, en busca de ser

Por Miguel López Azuara

Por Miguel López Azuara

Notimex, la Agencia de Noticias del Estado Mexicano, la “imagen de México en el mundo”, nació con las malas razones de un mezquino proyecto político electoral exitoso, pero después de medio siglo de existencia persiste en responder en plenitud a su vocación natural de ser, ineludiblemente, un medio de comunicación, aun oficial, pero hecho para cumplir con decoro su misión de informar y hasta de anotar los yerros para corregirlos.

El reto es grande, pero no imposible de superar. De otro modo, constreñida a ser instrumento de propaganda, la agencia no sería útil para nadie. Informar es importante, pero no basta. Hay que contribuir a entender los hechos, conocer sus causas y vislumbrar sus efectos. Si hay que tomar partido, ha de ser junto al lector, la sociedad.

Informar, como sabemos, obliga a tener en cuenta todas las versiones, incluido el punto de vista oficial. Para eso se abrieron las oficinas de prensa. Para el medio, debe ser una versión más, no la versión hegemónica.

En 1968, el secretario de Gobernación en México, el poderoso funcionario que se encarga de las relaciones del Poder Ejecutivo con los poderes Legislativo y Judicial, los gobernadores, los partidos, la Iglesia y los guías de los otros cultos, la migración, entonces también la seguridad, la información política, el papel periódico y las elecciones, era el engreído pero menor Luis Echeverría Álvarez, sobrado de motivos para considerarse el siguiente Presidente de la República. Tres de los cuatro anteriores mandatarios (Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruiz Cortines y Gustavo Díaz Ordaz) habían sido secretarios de Gobernación, como él mismo, mano dura, a veces sucia, y no tan oculta como el régimen quería.

Echeverría disfrutaba, entre otras muchas de sus tareas, la de telefonear, al anochecer, a los directores de la mayoría de los diarios para indicarles cuál debía ser su noticia principal al día siguiente. Su petición era generalmente atendida, pues también podía influir en la asignación de la jugosa publicidad gubernamental, la compra de suscripciones, el abasto, créditos y condonaciones de la compra de papel, y pagos de Hacienda y de servicios de seguridad social, y toda la enredada tramitología oficial.

Con razón algunos directores a los que no llamaba se preocupaban.

Uniformar grotescamente a los medios no era la mejor manera de servir ni a su jefe, ni al Estado ni a la sociedad. Pero entre los editores no faltaban los meros comerciantes.

Fuera de eso, Echeverría era un oscuro y obsecuente burócrata que nunca ganó un puesto de elección popular. La presidencial, para un candidato del PRI, significaba entonces un trámite de rutina. Se la llevó cuando tenía casi 50 años. Para eso sólo necesitaba persuadir a su superior, el mandatario en turno, de que le tenía fidelidad canina.

Con el inicio, el 26 de julio en La Ciudadela, de los disturbios que culminarían el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, y los Juegos Olímpicos en la puerta, Echeverría tuvo el pretexto para echar a andar Notimex, y así llegar automáticamente a todos los medios, incluidos los principales noticiarios de televisión, que eran manejados por Excélsior, con mayor resistencia a las presiones del poder, pues en México radio y televisión operan con concesiones otorgadas por el Gobierno.

Como consecuencia, Televisa optó por armar sus propios noticiarios, que dejó en manos de Los Pinos, y se reservó el manejo del entretenimiento: telenovelas y programas cómicos y de concursos y chismes, muy rentables hasta ahora.

Penosamente, Notimex subsistió con altibajos, cada vez más bajos, a pesar de tener a veces muy buenos periodistas en los puestos de mando, hasta que hace una veintena de años se hizo voz pública lo que ahora investigan la secretarías de la Función Pública, Hacienda, Trabajo y otras dependencias, descubierto por las auditorías obligatorias en los cambios de dirigencia: que un grupo de personas se apoderaron de las plazas sindicales y de la agencia misma, al grado de sabotearla con la filtración de absurdas notas falsas, que no pasarían ni la primera aduana, en busca del despido de la nueva directora desde el 2l de marzo de 2019, Sanjuana Martínez, quien hizo la denuncia para verificar los hechos y poner orden donde ya no lo había.

La maldición de los grandes sindicatos del gobierno –maestros, petroleros, electricistas- es malograrse por la facilidad con que generan y obtienen prebendas para su sometimiento, hasta que se exceden en su ambición.

Creo que Notimex, sin perder su carácter de origen, podría ser mucho mejor agencia si además de divulgar correctamente la información oficial, de la que estamos sobresaturados, ampliara la cobertura de las muchas noticias que en los medios y las redes vemos de muchos mexicanos que triunfan en todo el mundo en el deporte, la academia, el ballet y las artes en general; las olimpiadas científicas, el cine, la medicina, la arquitectura, las letras, el periodismo y muchas otras actividades y acciones. Los logros particulares elevan la autoestima nacional.

Además, es de utilidad explorar respuestas a desafíos como ¿hasta dónde vamos a dejar crecer a la Ciudad de México, que ya va llegando a Toluca, Pachuca, Cuernavaca, Puebla y Querétaro? ¿cuándo promoveremos y regularemos la captación agua de lluvia? ¿por qué va tan lentamente la generación de energía eólica y solar? A donde volteo, hay potenciales reportajes para varios meses…

Por supuesto, es ineludible abordar a fondo los grandes temas del gobierno, desprovistos de la ruidosa proliferación chismográfica y enturbiadora, que estorba la concertación, los acuerdos en lo fundamental.

Pero primero hay que limpiar la agencia, acabar de regularizarla y darle recursos para que sea autosuficiente con los variados servicios de que ahora dispone con los nuevos procesos tecnológicos que, sin cesar, se agregan a las impresionantes redes de comunicación mundial instantánea, eficaz y cada vez más evaluables. Pronto se precisa su grado de confiabilidad.

Es lo que está haciendo Sanjuana, periodista profesional, quien fue 20 años corresponsal en Europa, y claramente tiene la confianza absoluta del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Miguel López Azuara. Tuxpan, Ver. 1934. Reportero, columnista, jefe de corresponsales y subdirector editorial de Excélsior (l955-l976), fundador y columnista de Proceso y La Jornada. Director de Notimex (l982-l983) Director de Información y Difusión de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Director de Publicaciones y Bibliotecas de la SEP (l983-l985) Director de la Asociación de Editores de los Estados. (l985-l987). Director general de Información de la Presidencia de la República. (l988-l992). Coordinador de Comunicación Social del Gobierno de Veracruz. (l992-l998). Editorialista de El Universal (2005-2008) Director de Comunicación Social de la Cámara de Diputados. (20l0-20ll) Asesor de medios.