Millones de musulmanes miran y van hacia La Meca

Millones de musulmanes de todo el mundo comienzan este viernes el peregrinaje anual “Hajj” a la ciudad santa de La Meca, uno de los cinco pilares del Islam que todo musulmán debe hacer al menos u...

Millones de musulmanes de todo el mundo comienzan este viernes el peregrinaje anual “Hajj” a la ciudad santa de La Meca, uno de los cinco pilares del Islam que todo musulmán debe hacer al menos una vez en su vida, si sus condiciones económicas y de salud se lo permiten.

Durante el encuentro espiritual más importante para los practicantes del Islam, los fieles buscan el perdón y las bendiciones de Alá (Dios) con una serie de rituales con los que pregonan la igualdad: no hay diferencia entre ricos y pobres, ni entre raza blanca o negra, el débil o fuerte, ni el oriental y occidental.

Los musulmanes creen que participar en el Hajj los conduce a un renacimiento espiritual, ya que en el Corán (libro sagrado musulmán) sostiene que en el día del juicio, Alá examinará las buenas obras y pecados de una persona para determinar si se van al cielo o al infierno, por lo que es la oportunidad de purificarse.

El punto culminante del peregrinaje es el ascenso al Monte Arafat, donde el profeta Mahoma dio su último sermón hace más de 14 siglos, y en el que, según la tradición, los peregrinos deben permanecer hasta la puesta del sol, para después trasladarse a la localidad de Muzdalifa.

Vestidos de blanco, los creyentes islámicos iniciarán al amanecer su recorrido hacia el también conocido como el "Monte de la Misericordia", ubicado unos 20 kilómetros al sureste de La Meca, en el valle de Mina, repitiendo la frase "Labyek Alá" (aquí estoy, ¡oh Alá!, respondiendo a tu llamado).

Al día siguiente, los peregrinos recogen guijarros para participar en la lamada “Lapidación de las Estelas”, un ritual que dura tres días y con la que de manera simbólica los fieles confrontan a Satán (Iblis, según el Islam), lanzando piedras contra los enormes pilares que se encuentran en Muzdalifa.

El primer día de los tres que dura el ritual, los peregrinos deben lanzar siete piedras contra el muro de unos 30 metros de altura, que se edificó alrededor de las enormes piedras que simbolizan a Satán, 21 más en la segunda jornada y dos al tercero y último día.

En estos tres días, los fieles permanecen en Mina y aprovechan su estancia para preparar su regreso a casa, los varones rapándose y las mujeres cortándose un mechón de su pelo, para que con este símbolo, los demás fieles sepan a su regreso a sus países de origen que participaron en el Hajj.

Después de lapidación simbólica del diablo, los fieles islámicos regresan al valle de Mina y dan comienzo a las celebraciones del Eid-al-Adh (Fiesta del Sacrificio), que junto con el mes de ayuno del Ramadán, es una de las festividades más importantes del Islam.

Durante dicha festividad, con la que termina de manera oficial el peregrinaje anual a la ciudad santa de La Meca, los musulmanes deben sacrificar un cordero, en recuerdo del sacrificio que hizo el Profeta Abraham al ofrecer la vida de su hijo.

Los musulmanes creen que participar en la peregrinación conduce a un renacimiento espiritual, por lo que el Hajj es visto por los seguidores de la fe islámica como una oportunidad para limpiar sus pecados y comenzar de nuevo.