Jaime Avilés: el multiplicador de vidas

*Hace dos años el periodista falleció tras enfrentar un cáncer de pulmón

*Hace dos años el periodista falleció tras enfrentar un cáncer de pulmón

Por Mario Bravo Soria

Inicialmente esta nota pretendía no pasar por alto que precisamente hoy, pero hace dos años atrás, Jaime Avilés murió a causa de una batalla en contra del cáncer. Sin embargo, al momento de repasar la hoja de vida del personaje en cuestión, irrumpe intempestivamente un elemento extraordinario: lejos de que su biografía pudiera resumirse al ejercicio de un oficio o actividad en particular, resulta que la vida de Avilés  se presenta -para quien hurga un poco en su andar por el mundo- como un caleidoscopio con un sinfín de reflejos y luces, colores e imágenes.

Dramaturgo, narrador, actor, periodista cultural, cronista, militante político... Avilés pareciera que se tatuó a fuego esa máxima que en antaño se inscribía en ciertos relojes: Memento vivere, frase que en castellano significa Acuérdate de vivir. Lejos estamos entonces de simplemente testimoniar su muerte; al contrario, para quien esto escribe resulta impostergable el hecho de dar cuenta de su vida (sus múltiples vidas).

Nuestro personaje en cuestión cavó distintas trincheras desde las cuales libró diversas batallas. El espacio de esta nota es insuficiente para enlistar sus victorias y derrotas, sin embargo, podemos extraer un par de ejemplos para dar fe de su respetable y digna trayectoria de vida. Estamos ante un periodista que colaboró en diversos periódicos en México, tales como La Jornada, Excélsior, Unomásuno y El Financiero, siendo este último en donde Avilés detonó una bomba noticiosa a finales del siglo XX: él fue el periodista que investigó y denunció el mal uso de recursos económicos públicos en la elaboración de los Libros de texto gratuitos, esto durante los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

Enfrentó al aparato estatal en tiempos no muy recomendables para realizar tales quijotadas. Y salió airoso frente a los dinosaurios ataviados de molinos de viento.

Otro momento culminante en su biografía puede ser la que durante años consideró como su mayor ambición: escribir la novela Nosotros estamos muertos (2001), narrativa en la cual construyó una auténtica máquina del tiempo, logrando vincular cierta etapa de la literatura griega (puntualmente, La Odisea) entremezclándola con el levantamiento indígena zapatista que cimbró a este país a partir de 1994 (y del cual él fue simpatizante y militante; distanciándose radicalmente después de algunos años, específicamente siendo crítico de la figura del otrora subcomandante Marcos).

Quizás estemos ante un escritor con pretensiones de ser viajero en el tiempo. Aunque tales inquietudes con alto grado de inviabilidad no le impidieron ejercer el acto de viajar pero geográficamente. En entrevista para Notimex, su hija Juncia Avilés, rememoró esta faceta del periodista oriundo de la Ciudad de México y nacido en el año de 1954.

“Una de las cosas que mejor definían a mi padre era la idea de ser un viajero. A él le parecía que una de las cosas más bellas en la vida -y que en sí mismo eso era la vida- era la noción de viajar. A él le parecía que uno debía ser un viajero y no un turista; debías estar en el lugar, aprender y disfrutarlo. No solamente pasar por encima. Eso marcó mucho su vida. […] Cuando va a Nicaragua titula una de sus crónicas como “Un turista en la trinchera”, porque él se preguntaba cómo a sus 25 años de edad había llegado a ese caos brutal, ¿qué podría contar?. Eso lo expresó en su libro La rebelión de los maniquíes (1991), en donde aparecen algunas de sus crónicas en Nicaragua.”

Juncia nos revela un dato durante la entrevista: Avilés también fue marinero, quizás por ello su pasión por el exodo, ir de un sitio a otro: nunca estar ni ser pasivo. La vida es un viaje, pareciera escribir y gritar a los cuatro vientos el autor de Marcos y la Insurgencia Zapatista (1994). ¿Hacia cuáles puertos pretendía dirigir su vida y el rumbo de la sociedad mexicana de la cual tanto escribió? Quién mejor que su hija para iluminar este hilo rojo en la vida de Jaime Avilés. Ella reflexiona y su voz se percibe entrecortada, “en términos de humanidad, me enseñó lo importante que era pelear por lo que tú crees. Él soñaba con un mundo a la izquierda; tuvo la desgracia de no ver llegar [a la Presidencia] a Andrés Manuel López Obrador.

Juncia nos comparte que quizás más que el acto de viajar, a su padre le fascinaban dos cuestiones: planear y, después, recordar el viaje.

Sin duda, con respecto al segundo momento tan intensamente vivido por Jaime Avilés en relación a viajar; y trasladando tal registro hacia el resumen de su biografía, seguramente su estar en el mundo será rememorado por propios y extraños, a partir de una sentencia irreductible: el autor de la memorable columna periodística, Desfiladero, vivió múltiples vidas.

¿Cuántas veces puede morir un ser humano? La respuesta a ello es incontrovertible; sin embargo, en casos como el del periodista aquí recordado,  la pregunta es pertinente que la situemos en otra clave: ¿cuántas veces puede vivir un ser humano?

Muchas, parece decirnos Jaime Avilés, el multiplicador de vidas.