LA ILUSTRACIÓN, UN ARTE APARTE QUE TIENDE SUS PROPIOS PUENTES CON EL LEC

Amanda Mijangos, ilustradora de exitosos libros como el Diccionario de Mitos Clásicos y el Diccionario de Mitos de América, estudió arquitectura, pero un intercambio escolar en su último año de c...

Amanda Mijangos, ilustradora de exitosos libros como el Diccionario de Mitos Clásicos y el Diccionario de Mitos de América, estudió arquitectura, pero un intercambio escolar en su último año de carrera la llevó a Buenos Aires, Argentina, donde conoció la ilustración y se enamoró de ella, por considerarla un arte aparte que construye puentes entre el texto y la imagen, ayudando así al lector a cerrar el círculo de cualquier historia.

Cuando nos acercamos a un libro ilustrado debemos entender que las imágenes no son simples adornos, sino algo así como un libro dentro de otro libro, que cuenta sus propias cosas y que, así como exigimos calidad a los escritores, también debemos atrevernos a retar a los ilustradores, asegura la joven, quien con apenas cuatro años de participar en la publicación de libros, ya expuso su trabajo en la Feria del Libro Infantil de Bolonia este 2019.

En entrevista con Litoral, aclara que, aunque es conocida por la ilustración de algunos títulos infantiles como los mencionados, su actividad no se limita a este público, pues los proyectos en los que se involucra son aquellos que resultan ser como los que le hubiera encantado leer o los que quisiera compartir, tal es el caso de La poesía amorosa, de Jaime Sabines, de reciente aparición.

Seleccionada en el Catálogo iberoamericano de Ilustración de SM, Mijangos fue contactada por El Naranjo y ahí empezó la aventura, gracias a su trabajo, pero también con un poco de suerte, dice, porque no es fácil que una editorial independiente, que habitualmente tiene una planificación anticipada, te incorpore de repente a sus proyectos.

A partir de entonces, cuando tiene un proyecto en la mano, lo primero que hace es leer muy bien los textos antes de definir el tipo de imagen que ha de usar, “porque me parece muy importante entender que la forma de las imágenes también es narrativa; de pronto hay imágenes que te piden ser de una forma u otra, y te das cuenta que hay textos que requieren diferentes acabados”.

En el caso de los diccionarios de mitos, acota, lograron una adaptación interesante en el primero, que tiene que ver con los griegos, y ya luego la colección fue adquiriendo su propia identidad, con una ilustración que no utiliza en ningún otro proyecto.

El trabajo con la autora, en este caso María García Esperón, no ha sido difícil porque existe un respeto mutuo en torno a los límites de cada creación, porque ni la escritora trata de influir en el estilo de los dibujos, ni la ilustradora se mete en el contenido de las historias. “Lo más que hacemos es añadir o ajustar líneas para que la ilustración caiga donde debe caer, pero en un sentido más de espacio, nunca de contenido”.

PARECE LO MISMO, PERO NO ES IGUAL

Pintores, dibujantes e ilustradores parece que hacen lo mismo, pero no es igual, y eso es algo que no todo el mundo parece comprender, señala Mijangos, para quien venir de otra disciplina distinta a la del diseño le ayudó a determinar que, aunque éste y la arquitectura compartían algunos rasgos, tenían fines distintos, y la llevó a cuestionarse lo que para ella significaba ser ilustradora.

Ha sido todo un proceso porque, para ella, ilustración, más que ser una imagen terminada como tal, es el puente que crea como autora entre una imagen y un texto, de ahí que antes que tener una capacidad literaria considera que para dedicarse a esto se necesite una buena capacidad de análisis y una postura propia respeto a lo que pasa en el mundo, “porque los ilustradores trabajamos desde lugares específicos, un contexto desde el cual tenemos que crear”.

En ese sentido, el reto con el Diccionario de los Mitos Clásicos era, cómo le hace una persona de México para referirse a Grecia de una forma distinta, no mejor ni peor, sino diferente a lo que han hecho en la iconografía griega.

Se dio cuenta de que era un poco voltear a sus referentes que, por suerte, al tener una madre que la llevaba a museos y la ayudó a leer desde pequeña, le había dado un bagaje de pintura que hoy se ha mudado a esos libros, en los que considera hay marcada influencia de Rufino Tamayo, aunque para el jurado de Bolonia, también recordaba a Leo Matiz. Eso la hizo pensar en que el camino de lo que cuentan las imágenes, igual que pasa con el texto, lo culmina siempre el lector.

Creo que la ilustración y la literatura son lo mismo, pero utilizan signos diferentes para comunicar, en uno son letras y, en otro, símbolos que representan formas, figuras y colores, cuyos significados se vacían cuando lees un texto.

¿ILUSTRAR PARA NIÑOS O PARA ADULTOS?

Para Mijangos, Ilustrar libros para niños ha sido un azar, porque al principio, si a algo le huía era a la literatura infantil, por el encasillamiento que implicaba y esa visión de lo infantil como algo menor, “me preguntaba pues qué clase de niños fueron”, comenta jocosa.

Pero tras sus primeros trabajos, entendió que “tenía la oportunidad de hacer el tipo de libros que a mí me hubiera gustado leer de niña y el tipo de libros que me gustaría compartir con los niños que tengo cerca, y compartir y extender la certeza de que los niños sólo son personas pequeñas que entienden todo, solo hay que encontrar el tono para comunicarles las cosas”.

El campo de la ilustración, añade, es muy noble también hacia el terreno de lo adulto, porque abre la posibilidad de hacer más complejos los discursos que incluyes en la imagen; en su caso, señala, es importante que la relación entre la imagen y el texto no sea literal nunca, pero a veces, si son púbicos muy pequeños no puedes hacerlo complicado con una metáfora inalcanzable, no porque un niño sea incapaz, sino porque no tiene las herramientas para completar ese lenguaje abstracto.

Lo más interesante de hacer proyectos para adultos es que sí puedes hacerlo y crear un libro lleno de acertijos que un adulto debe descifrar. Ahora mismo, adelanta, está trabajando un texto para adolescentes de la escritora chilena Sara Bertrand, que lleva por título Álbum familiar, además de que trabaja en artículos para revistas como la de la UNAM o Tierra Adentro.

ILUSTRADORES, UNA MODA

Sobre el boom que parece haber de ilustradores en el país, reconoce que desde hace unos años abunda la palabra ilustrador en la industria y fuera de ella, y no está mal que haya cada vez más profesionales dedicados a esta actividad, el problema es que hay quienes dibujan sin tener bien clara la responsabilidad de hacer un libro, y que por muy pequeño que sea su tiraje, serán tres mil personas las que tengan en sus manos lo que tú opinas de algo.

“Lo libros son productos, pero creo que, igual que en todas las disciplinas, existe la opción de hacer cosas de buena calidad y entre todos podríamos exigir un poco más, desde las personas que leen los libros hasta quienes se dedican a hacerlos; procurar que sean objetos hermosos e inteligentes, tanto en su texto como en sus imágenes; un material que rete a la imaginación de sus lectores, porque si no lo hace, no trasciende”.