IN MEMÓRIAM

EN EL CORAZÓN DE JOSEPH CONRAD

EN EL CORAZÓN DE JOSEPH CONRAD

El alma, pero sobre todo su debilidad ante la corrupción, es el trasfondo de la obra del escritor británico por naturalización, ucraniano por nacimiento. Sus novelas, con las que revolucionó el género en el siglo XX, asegura sin titubeos Sergio Pitol, traductor al español de sus textos, en particular con la que es considerada su obra maestra, El corazón de las tinieblas. Desde su infancia gustó del mar, las aventuras y conocer otras latitudes y cuando tuvo edad suficiente se hizo marinero, por lo que mucha de su literatura se desarrolla en el mar, en travesías marinas, o en territorios de las colonias europeas, así como habla de los problemas que esta situación general.

El escritor español Javier Marías lo describe como un ser irascible, distraído, pero también totalmente sosegado a la hora de charlar y amoroso y detallista con su mujer. Nacido el 3 de diciembre de 1857 en Berdichev, hoy Ucrania, pero cuando entonces era parte del imperio ruso, Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski, por su nombre original) escribió una veintena de novelas, tres de ellas en colaboración con el también novelista inglés Ford Madox Ford, destacando la ya mencionada El corazón de las tinieblas, así como Lord Jim, Nostromo, Tifón y El agente secreto, por mencionar algunas. También llevó a la imprenta otras publicaciones, como cuentos y temas diversos.

Su padre fue el poeta y nacionalista Apolo Nalecz Korzeniowski, quien es detenido por llamar a la insurrección contra el imperio ruso y enviado al exilio en Vologda, donde el frío extremo deja a Conrad huérfano de madre a los ocho años. Su padre habría de fallecer en 1869, no sin antes introducir a su hijo en los idiomas inglés y el francés. Queda entonces a cargo de un tío que le envía a estudiar a Cracovia y a Suiza, aunque el futuro escritor deseaba adentrarse en el mar, por lo que en 1874 se apresta a alcanzarlo en Marsella, Francia. Vendrían una serie de viajes y aventuras que le llevan a África, Asia y el Lejano Oriente, a las colonias europeas en esos territorios. Las condiciones provocadas por esta situación y que observó durante sus estancias en tierra serían el telón de fondo de su obra.

En 1878 desembarca por primera vez en Inglaterra, en Lowestoft, hecho que le da la oportunidad de incorporarse a la marina mercante del país que sería su nueva y futura casa, y al año siguiente recibe su aceptación como ciudadano inglés y su certificado como maestro marinero. Continúan los viajes que le dan aventuras y personajes para retratar en sus novelas, pero es su trayecto y estancia en el Congo lo que le dará materia para su obra más conocida, El corazón de las tinieblas. Los especialistas han encontrado que a lo que hace referencia el título de esta novela es a la oscuridad, maldad, ambición sin límites y corrupción que puede albergar el ser humano.

En la introducción escrita para el mencionado título, Sergio Pitol define que al adentrarse en dicho texto el “lector se abisma hacia el corazón de estas oscuras tinieblas –el alma humana, la selva, las pasiones corrompidas, el colonialismo, la locura, el mar y todo aquello que cada lector encuentre”. Sin embargo, por su contundencia al mismo tiempo “se verá obligado a regresar a este relato una y otra vez”.

En otra parte, señala que Conrad es un novelista “genial, una de las más altas cumbres de la literatura inglesa, y al mismo tiempo un escritor incómodo”, distinto a sus contemporáneos “por la mirada con que contempla al mundo y a los hombres. Es un moralista a quien repugnan los sermones, cuyas obras de aventuras terminan por convertirse en experiencias interiores”, realizadas “en los pliegues más secretos del alma”. Con una escritura profunda, que escudriña en lo más hondo del hombre, Conrad revela en dicha novela -como lo hará en otras- “el destino trágico que se cierne como constante amenaza sobre los seres humanos”. Un episodio oscuro de la historia que desde entonces hemos visto repetirse a lo largo del siglo XX y en lo que llevamos del que vivimos actualmente.

A la barbarie humana, el autor antepone la fidelidad. En Un registro personal, de 1912, apunta que quienes lo leen saben “mi principio de que el mundo, el mundo temporal, se basa en algunas ideas muy simples, tan simples que deben ser tan viejas como las colinas. Se basan, particularmente, entre otras cosas, en la idea de fidelidad”.

Después de estar cuatro meses en el Congo, el escritor regresa en enero de 1891 a Inglaterra y sus viajes continuarían durante tres años más, luego de lo cual leva anclas definitivamente para dedicarse a su escritura. Así, en 1895 vería la luz La locura de Almayer, al año siguiente El vagabundo de las islas, un año después El negro del Narciso, en 1898 Juventud y en 1899 El corazón de las tinieblas. Con el nuevo siglo vendrían en su historial de novelas Lord Jim (1900), El fin de la atadura y Tifón (1902), Nostromo (1904), El agente secreto (1907), Bajo la mirada de Occidente (1911), Suerte (1913), Victoria (1915), La línea de sombra (1917), La flecha de oro (1919), Salvamento (1920), El pirata (1923) y Suspenso (1925).

En 1895, es decir cuando contaba con 38 años, Conrad se casa con Jessie George, de 22, con quien tiene dos hijos y viviría a su lado hasta el último de sus días. Es cariñoso y detallista con ella, la cuida a tal grado que, siguiendo a Javier Marías (Madrid, 1951), mientras nace en casa su primer hijo, Borys, el escritor daba vueltas por el jardín y al escuchar el primer llanto del recién nacido ordena a una de las sirvientas: “¡Hagan el favor de despedir a ese niño! ¡Va a molestar a la señora Conrad!”. En respuesta, el escritor recibe otro grito: “¡Es su propio niño, señor!”.

Conrad equilibra su situación financiera como escritor realmente a partir de 1900. En sus últimos años sufre de reumatismo, no obstante, no deja de escribir y varias de sus obras las publica con esta condición de salud, a lo que se suma su enclaustramiento y la inestabilidad emocional. Joseph Conrad muere el 3 de agosto de 1924 en Canterbury, condado de Kent, Inglaterra.