“Permanente obra negra", proyecto literario en distintos formatos

Por Luis Galindo

Por Luis Galindo

Permanente obra negra es un proyecto que contiene cuatro presentaciones distintas, en texto suajado, sitio Web, fichero y libro, dio a conocer su autora, Vivian Abenshushan, quien tardó 10 años en concluir este trabajo.

Durante la presentación de la obra en el espacio cultural de U-Tópicas, la escritora puso especial énfasis en el formato fichero, que está en vías de desaparición y es anacrónico.

Expuso que “no era un acto de nostalgia frente a los ficheros de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en los que sí me perdí muchas veces, en el mejor sentido, porque era lo que me llevaba a libros que no estaba buscando y eran las continuidades de esos textos donde había también hallazgos”.

Destacó que le encantó el formato de fichero como una posibilidad de romper con la linealidad del libro, es decir, quitarle el lomo, "volverlo un animal salvaje, de hojas sueltas, que podía dar saltos de un lado a otro" y luego encontrar su propio sentido.

“Fue un proyecto de 10 largos años, estuve en ese proceso de escucha, copia y transcripción durante mucho tiempo y el mejor lugar para hacer esas transcripciones y esas copias y trasladar esos testimonios era la ficha, porque me permitió contar una historia”, aseguró Abenshushan.

En su oportunidad, la escritora Gabriela Jáuregui, invitada por la autora, describió que esta obra se le puede llamar translibro, porque contiene varios géneros y se expande de varias formas. “Siento que está rompiendo o haciendo permeables o contaminando fronteras, entre un discurso muy riguroso y teórico que podríamos tener entre cualquier grupo de personas”, señaló.

Para Jáuregui, el texto es un gran documento de un proceso, al que describió como casi una enciclopedia, pues contiene seis narrativas que pueden leerse aleatoriamente; son tantas páginas que si se hacen las combinaciones matemáticamente serían miles y miles.

Apuntó que la narrativa que más le cautivó fue la de los negros literarios, quienes son como escritores fantasmas contratados para redactar el libro de alguien más.

Al retomar la palabra, la autora señaló que se llama Permanente obra negra, porque siempre quiso escribir un libro que no terminara de escribirse, por lo que creó un pequeño artefacto para prolongar el tiempo de la escritura, que es una forma de sustraerse al reloj; “seguramente les ha sucedido, cuando pasan mucho tiempo escribiendo, que desaparece esa noción del tiempo que pasa”, concluyó.