Experiencias, territorios comunes y radiografías del alma son narrados por “Caperucita Loba” en el poemario “Bitácoras de vuelo y relatos mágicos”, escrito por Adriana González del Valle.

La primera parte del libro hace referencia a experiencias sobre el amor, el dolor, la tristeza, el renacimiento, la libertad, el autoconocimiento y la capacidad para reinventarse, explicó la autora en entrevista con Notimex.

Mientras que la segunda parte ofrece Relatos Mágicos escritos en formato poético y orientados a una búsqueda individual, “sobre ese vacío que experimentamos todos cuando nos cuestionamos qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos”.

El lector sigue el camino que le indica “Caperucita Loba”, el seudónimo que la poeta utiliza para representarla no solo a ella, sino a todas las mujeres y todos hombres, que forman una dualidad.

“Caperucita Loba” habla sobre lo masculino y lo femenino; la luz y la sombra; el bien y el mal; la vida y la muerte, todo aquello que tiene una oposición y el seudónimo nace a partir de la lectura “Mujeres que corren con lobos” que habla sobre la importancia de retomar el valor de lo femenino desde la mayor pureza.

Además de entender esas historias con las que crecimos todos los seres humanos, los cuentos fantasiosos y hasta cierto punto infantiles como “La Bella durmiente”, “Blanca Nieves” y “Caperucita Roja”.

“Son mujeres que están dormidas y no despiertan hasta que un hombre las ve, mientras que Caperucita es presentada como tonta y el lobo como el malo de la historia, ella la inocente y él un astuto”, precisó.

Agregó que se va acomodando las ideas de lo que debe ser lo masculino y lo femenino, “pareciera que el femenino va a ser pasivo hasta que lo masculino lo active, pero yo rompo con todo eso”.

Consideró que esos cuentos no han generado la unión entre los géneros, ni una reconciliación, por lo que Caperucita Loba busca reconciliar, y hacer ver que nada está completo si no tiene todas sus partes.

Adriana González del Valle es licenciada en Relaciones Humanas, la poesía para ella es la gran pasión que persiguió desde niña y que encontró en bibliotecas y en casa de sus abuelos y familiares.

“Desde muy chica empecé a escribir. No es que haya tenido una formación en literatura, más bien fue una afición y una pasión que empecé a desarrollar a lo largo de los años”, concluyó Del Valle.