A 20 años de la muerte del artista argentino Roberto Aizenberg, ocurrida el 16 de febrero de 1996, se le recuerda en el mundo del arte por brindar a través de sus creaciones visiones poéticas, oníricas y un tanto extrañas de la vida, lo que lo convirtió en figura clave del género surrealista en su país.

Quienes deseen conocer un poco de la obra del artista, podrán visitar “Imaginarios presentes, imaginarios futuros”, una muestra que reúne cinco colecciones provenientes de cinco importantes instituciones argentinas, que ponen en diálogo piezas de Aizenberg y piezas de otros artistas contemporáneos.

La muestra, dividida en núcleos temáticos, estará disponible en las salas de la Casa Nacional del Bicentenario, en Buenos Aires, hasta el 1 de marzo de este año, indica el recinto en su portal en línea.

Hijo de inmigrantes judeo-rusos, Roberto Aizenberg nació el 22 de agosto de 1928, en la provincia de “Entre Ríos”.

Desde pequeño mostró un claro interés en la pintura y fue así como con el tiempo llegó al taller del pintor surrealista Juan Batlle Planas (1911-1996), destaca el Museo de Arte Contemporáneo PROA, en Argentina (proa.org).

La pintura de Aizenberg fue denominada como “quinética”, de origen surrealista, muy bien recibida y apreciada en países como Francia, donde nació el movimiento artístico que representó, explica la biografía difundida por el sitio fundacionkonex.com.ar.

En sus pinturas, se pueden observar torres aisladas, ciudades vacías, construcciones poliédricas, donde el color y las formas juegan un papel esencial.

El también escultor adoptó el método del automatismo para la ejecución de sus obras. Con el automatismo, siguió los preceptos del surrealismo, que dictan que se debe capturar el dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón.

Si bien el resultado en sus piezas es pulcro y controlado, el artista primero aplicaba el método antes descrito para después iniciar un proceso de depuración, hasta alcanzar lo esencial, explica el Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina.

En 1970 ganó el prestigiado premio Cassandra Fundation que contó como directores con grandes artistas como el surrealista Max Ernst (1891-1976), el modernista Man Ray (1946-1976) y el coleccionista Barnett Hodes.

Realizó más de 20 exposiciones individuales y participó en otras tantas más, colectivas. Sus obras más conocidas son “Paisaje con que sueña el marinero”, “Roberto Aizenberg, Humeante” y “Padre e hijo contemplando la sombra de un día”.

A lo largo de su trayectoria artística obtuvo galardones como el Premio Acquarone (1961), el Premio Selección Nacional (1963), Premio Selección de la Academia Nacional de Bellas Artes y el Palanza (1967), y el de pintura y dibujo de la Gimpel Hanover Gallery (1973, Zurich).

El artista falleció dejando pendiente la organización de una gran exposición retrospectiva de su obra en el Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina.