60 años de fotografías de Coney Island, "el patio de recreo de la clase trabajadora" neoyorquina

  • Harold Feinstein (1931) pasó más de medio siglo haciéndo fotos de la península, conocida por su añejo parque de atracciones y sus playas populares.
  • Una exposición muestra una selección de instantáneas del autor, nacido en Coney Island y enamorado de la sencillez de los visitantes.
  • Captó momentos de ocio con enamorados, pandillas de adolescentes, familias en bañador, niños en atracciones, señoras coquetas, buscavidas, feriantes...
Adolescentes en Coney Island en 1949
Adolescentes en Coney Island en 1949
Harold Feinstein - Courtesy the Artist and Panopticon Gallery, Boston, MA

"Suelo decir que caí del vientre de mi madre directo al primer vagón de la montaña rusa Cyclone". El fotógrafo Harold Feinstein (1931) nació en Coney Island, la particular península del sur de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York, famosa por su añejo parque de atracciones y por sus playas sin ínfulas.

Cada fin de semana las atracciones y los arenales recibíann —durante todo el siglo XX y de manera masiva— la visita de la clase trabajadora, de la gente de a pie que buscaba un momento de emoción en la noria, se permitía el lujo de disfrutar de un perrito caliente o (si la paga no alcanzaba para más) se llevaba la comida a la playa para pasar el día.

La historia de amor de Feinstein con el lugar, al que definía como "el patio de recreo de la clase trabajadora", comenzó en 1946, cuando tenía 15 años y un vecino le prestó una cámara Rolleiflex. La sencillez que transpiraba el lugar lo enganchó durante seis décadas. Hizo fotos de enamorados, pandillas de adolescentes, familias en bañador, niños gritando en atracciones, hombres mayores mirando cansados al infinito, arenales superpoblados, señoras coquetas, buscavidas, feriantes...

"Lo mejor del espíritu estadounidense"

Harold Feinstein: A Coney Island Summer (Harold Feinstein: Un verano en Coney Island), en la galería Panopticon de Boston (EE UU) hasta el 10 de septiembre, es una selección de instantáneas del largo trabajo documental que inmortalizó los sueños y las ilusiones de personas anónimas, un recorrido sentimental de imágenes que "irradian" lo que el artista define como "lo mejor del espíritu estadounidense", "la generosidad y humanidad común" de la gente corriente.

Irradian generosidad y una humanidad comúnConey Island se convirtió en uno de los lugares más animados de la ciudad de Nueva York durante ha primera mitad del siglo XX. Tras la II Guerra Mundial sin embargo, la multitud de ofertas de ocio y los cambios sociales acabaron con el atractivo de la zona, en decadencia hasta hace sólo unos años, cuando se decidió revitalizarla por su atractivo nostálgico.

Feinstein se complace en haber capturado en la gran colección los cambios que sufrió su escenario favorito durante 60 años de hermosas y melancólicas imágenes: "A lo largo de los años, la cara de Coney Island ha reflejado las olas de inmigración y los cambios en los barrios. Aquí los judíos ortodoxos, los afroamericanos, los italianos, los rusos, los puertorriqueños y la gente de todo el mundo se vieron arrastrados por el magnetismo del surf, la arena, el paseo marítimo, las barracas de feria, los perritos calientes de Nathan's, y la autorización para dejar de lado todas las inhibiciones".