Máscaras de cojóes, expresión cultural única y originaria de Tenosique

Rústicas e inexpresivas, pero todas diferentes por ser talladas a mano, las máscaras de los cojóes, danzantes del Pochó, son una expresión cultural única y originaria de esta región, escenificada...

Rústicas e inexpresivas, pero todas diferentes por ser talladas a mano, las máscaras de los cojóes, danzantes del Pochó, son una expresión cultural única y originaria de esta región, escenificada sólo durante las fiestas del Carnaval denominado como "el más raro del mundo".

La careta es elemento infaltable en la indumentaria de un cojó. La tradicional es sin adornos ni colores, sino de madera cruda, aunque puede tener variaciones en la forma de la nariz y el labrado, de acuerdo al tallador de las máscaras, Oscar Dehara Suárez.

En su talabartería, ubicada en la esquina de las calles 28 y 17 –nomenclatura adoptada en el trazo del Tenosique bajo tutelaje penínsular- exhibe decenas de máscaras que simbolizan la Danza del Pochó.

Al mismo tiempo su taller de trabajo, elabora las máscaras de cojóes en madera de cedro o macuilis “la encargamos que esté verde, para que esté más suave y así fabricar nuestras artesanías”.

Desde hace dos décadas, refirió a Notimex, se dedica a labrar la madera y a trabajar la piel.

Prácticamente todo lo que surge de sus manos y la de sus ayudantes se relaciona con la máscara del cojó.

Desde llaveros, portallaves, aretes, portaplumas, troncos tallados con los rasgos del cojó que sirven como sillas, bolsas, mochilas, cinturones, diademas, entre otras artesanías como cayucos de madera.

En la temporada del Carnaval de Tenosique, surcado por el río Usumacinta, que arrancó el 24 de enero con el primero de tres recorridos y danzas por diferentes colonias de esta ciudad colindante con Guatemala, es cuando se venden en mayor medida las máscaras.

“Pero se venden de manera permanente, en temporada de vacaciones. En la Semana Santa, en diciembre que viene gente de fuera y en el Carnaval”, puntualizó.

La medida de la máscara es estándar para joven y adultos, pero también se elaboran en talla infantil, para que los niños participen desde pequeños en la festividad.

“Es una participación muy bonita. Todos enseñan a sus hijos y nietos lo que es la Danza del Cojó para que no se pierda la tradición. Se inculca en la familia”, abundó.

Al mover sus manos, rudas y manchadas, delatan que es un artesano de la madera y la peletería, Oscar Dehara resaltó que las máscaras estilizadas, barnizadas con colores, así como las del tigre, personajes que integra la danza, han ganado el gusto de la gente porque se usa para decoración.

Además de la máscara, los cojóes portan un sombrero adornado con cañitas, varas parecidas al maguey, así como flores multicolores de bugambilia.

Las hojas de castaña las usan de la cintura para abajo, atadas con una lía de henequén que se enrolla en la cintura y los pies se cubren con hoja de plátano seco.

En su taller de artesanía, también se encuentra la vara de madera que utilizan los cojóes, conocida como ‘shiquish’, extraída del árbol de huarama.

La mujer, denominada pochovera, también usa un sombrero con elementos similares al cojó, además de una blusa blanca y falda del traje de tabasqueña.

El tigrillo, jaguar o balán, utiliza piel original y se embarra el cuerpo con tierra blanca llamada ‘sascab’, sobre la cual se pintan con carbón las manchas del felino.

Las máscaras que se elaboran en los talleres ubicados en distintos puntos de esta ciudad, se proporcionan a los danzantes y se exhiben en puestos de artículos diversos en los alrededores del Parque Central -en cuya plaza se pintó una gigantesca máscara de cojó-, luego del recorrido por las colonias, se desarrolla la danza final.

Dentro del Carnaval de Tenosique, conocido como “el más raro del mundo” por historiadores locales, porque en vez de desfiles de comparsas o batucadas, su atracción principal es una danza de origen precolombino, que representa la lucha entre el bien y el mal, donde al final es derrotado el dios Pochó.

Cada uno de los tres recorridos dominicales –el último será el 7 de febrero-, tratan de cubrir la mayoría de las colonias en medio de música de tambor y de flauta, que es bailada por los cojóes y las pochoveras a lo largo de las calles.