Gloria Koenigsberger, introductora de internet en México

En México, el uso de internet se amplía y diversifica cada día, de tal manera que esta tecnología es parte de la vida diaria de millones de personas, que accesan a él en servicios públicos...

En México, el uso de internet se amplía y diversifica cada día, de tal manera que esta tecnología es parte de la vida diaria de millones de personas, que accesan a él en servicios públicos, computadoras caseras y desde teléfonos celulares.

De acuerdo con datos dados a conocer en diciembre pasado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en el país casi 50 millones de habitantes tienen acceso a internet.

Y conforme al sitio especializado “nic.mx”, a la fecha en el país existen 782 mil 291 dominios, de los cuales 475 mil 547 son “.com.mx”, ocho mil 141 “.gob.mx”, 343 “.net.mx”, 10 mil 736 “.edu.mx”, 19 mil 45 “.org.mx” y 268 mil 479 “.mx”.

No obstante, pocos saben que la llegada de internet a México ocurrió en la segunda mitad de la década de los años 80 del siglo pasado, en gran parte gracias a los esfuerzos de la mexicana Gloria Koenigsberger Horowitz, del Instituto de Astronomía (IA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Sin embargo, en entrevista con Notimex, la doctora no se adjudica el inicio del internet en México y con humildad dijo: “yo era la latosa. Iba con el director (del IA), hablaba con la SCT, con la NASA y les decía 'oiga como la hago', a la NCF 'oiga por dónde'”, etcétera.

“Hubo muchas personas que tuvieron que haber intervenido para que esto (la comunicación dentro de la UNAM, el internet) jalara”, acotó en otro rasgo de sencillez.

La especialista, que estudió Física en la UNAM y el doctorado en astronomía en la Universidad Estatal de Pensilvania, publicó recientemente, editado por la máxima casa de estudios, el libro “Los inicio del internet en México”, en el que da detalles y anécdotas sobre este hecho histórico.

Al respecto, en la entrevista realizada en el edificio del IA la investigadora de la UNAM adscrita al Instituto de Ciencias Físicas en Cuernavaca, Morelos, detalló que su especialidad en Estados Unidos fue sobre estrellas llamadas binarias.

Se trata de cuerpos que son muy masivos, 50 o 100 veces más que el Sol, y por lo tanto más brillantes, hasta un millón de veces, que el astro rey.

Refirió que durante sus estudios en Estados Unidos hacía la observación de las estrellas a través de satélites astronómicos, colocados por la colaboración de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) y la Agencia Espacial Europea.

A su regreso a México, continuó, había una crisis económica y viajar a Estados Unidos para continuar sus estudios era muy difícil, pero iniciaban las comunicaciones a largas distancias y se enteró que la NASA empezaba a contar con enlaces remotos de sus computadoras.

Esto significaba que los datos de un satélite llegaban a la computadora central de la NASA, desde la cual los expertos podían consultarlos no obstante dónde se encontraran ni de qué universidad fueran, porque estaban enlazados a aquella.

“Entonces pensé: 'Yo quiero lo mismo, desde México'”, expresó la doctora con entusiasmo, y precisó que era 1986 y la red de la NASA era la llamada SPAN (Space Physics Analysis Network), dedicada a aquellos que estudiaban el espacio.

Indicó que la tarea era entrar a esa red, pero la pregunta a resolver era “¿cómo?”, si se toma en cuenta en que para entonces conseguir una línea telefónica, donde inició internet, era casi imposible, podían pasar meses o años para ello, a diferencia de la época actual en que casi todos tienen hasta celular.

Expuso que en 1987 explotó una supernova, que sólo fue posible observar desde el hemisferio sur de la Tierra, en particular desde los observatorios en Chile, y la NASA notó que este evento extraordinario, que no sucedía en más de tres siglos, no podían darle un seguimiento diario debido a la falta de enlace de datos con esa parte del planeta.

Así fue que México entró en contacto con la Fundación Nacional para la Ciencia (NCF, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, pues México un par de años antes había establecido la red satelital Morelos, recordó Gloria Koenigsberger.

Así, ella, el investigador Alfredo Ruiz y el director del Instituto de Astronomía de la UNAM, Alfonso Serrano, acudieron a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) para ver qué se podía hacer en este sentido, continuó en su relato.

Destacó que el responsable del sistema Morelos, el ingeniero Salvador Landeros, se mostró entusiasmado de que un enlace de este tipo con Estados Unidos se pudiera realizar y los satélites tuvieran un uso adicional al de telefonía y comunicaciones.

Hizo hincapié en que debió solventarse el tema legal, que establecía que el sistema mexicano estaba circunscrito a territorio nacional y de comunicaciones, lo que se consiguió debido a que también se estipulaba que podía utilizarse para fines educativos y académicos.

Así, abundó, se consiguió el permiso internacional para enlazar el sistema mexicano a Estados Unidos. Se colocó una antena en el techo del Instituto de Astronomía que estaba conectada vía satélite a otra que la NASA y la NCF habían colocado en Boulder, Colorado.

Era 1988 cuando se logró que la UNAM se enlazara con Estados Unidos y, vía antenas financiadas por la propia universidad, dentro de su campus a sus planteles.

Para el primer paso, mencionó, se firmó un convenio de la UNAM y el Tecnológico de Monterrey -que incursionaba en el mismo campo de la intercomunicación telefónica y vía satélite de sus campus- con la NASA y la NCF.

El acuerdo de cuatro puntos estipulaba, entre ellos, que el enlace sería únicamente con fines académicos y de investigación y que debía abrirse a toda institución de la misma índole que se quisiera incorporar, detalló.

La idea era establecer una red académica nacional, y que ésta se enlazara vía satélite y a través de la UNAM y el Tec de Monterrey a Estados Unidos. Cada parte firmante se haría cargo de los gastos que en tecnología el acuerdo implicaba, mencionó.

Así, a principios de 1989 el Instituto de Astronomía estaba listo y el 20 de julio de ese año, en uno de los aniversarios del primer alunizaje, se realizó el primer enlace de que terminaría por ser internet, recordó con visible orgullo.

La especialista aclaró que se dice que el Tec de Monterrey fue el primero en conectarse a internet, pero lo que dicha institución tuvo primero fue BitNet, que era un servicio de mensajería que permitía enviar y recibir mensajes.

Pero no era una red que permitiera sentarse frente a una computadora, conectarse remotamente a otra y trabajar en ese ambiente, precisó.

Para una comunicación de internet, puntualizó, era necesario todo un lenguaje titulado protocolo de comunicaciones conocido como TCP/IP, es decir Transmission Control Protocol/ Internet Protocol.

Al retomar el tema de la primera conexión en México a internet, señaló que un tema que hubo que resolver para conseguirla fue el de capacitar a una persona en estas tecnologías y protocolos para guiar los pasos a dar.

Había una chica, estudiante de la licenciatura de Física que prestaba su servicio social en el IA, Susana Biro, quien fue enviada a Boulder para capacitarse en ese tema tan novedoso y que era urgente dominarlo, dijo.

A ella le acompañaron dos personas de Cómputo Académico: Salma Jalife y Marco Ambriz, y a los tres en Colorado los recibió con los brazos abiertos y toda la disposición del tema un estadounidense de origen chino llamado Joseph Choy.

Él les enseño en un par de semanas temas como el lenguaje operativo, la red que debía instalarse para la intercomunicación de la UNAM, “era empezar desde cero y ellos empezaron a echar a andar la red”.

A su regreso fue posible la primera conexión de internet: la antena colocada en el techo del IA recibía los datos vía satélite, los trasladaba a una computadora que estaba en un cubículo, llamada “Alfa”, por ser la primera, donde cualquier especialista de la UNAM podía hacer consultas.

Aproximadamente un año y medio después de ese 20 de julio de 1989 la UNAM ya tenía un anillo de red que conectaba a los institutos, tendido de fibra óptica y vía microondas a las Facultades de Estudios Superiores y Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales.

Entonces para ingresar a una computadora había que introducir protocolos conocidos por pocos, muy técnicos, que eran el lenguaje de la misma computadora, y posteriormente surgió el World Wide Web (www), que generó una interfaz más amigable y que permitió que la computadora y el internet se viera como algo común para la gente, finalizó la doctora Koenigsberger Horowitz.