Resulta impopular ser crítico literario, resalta Christopher Domínguez

Desde la perspectiva del ensayista y novelista Christopher Domínguez Michael, “México tiene pocos críticos literarios, quienes tienen que atender un universo muy amplio de literatura”.Pero eso no es...

Desde la perspectiva del ensayista y novelista Christopher Domínguez Michael, “México tiene pocos críticos literarios, quienes tienen que atender un universo muy amplio de literatura”.

Pero eso no es raro, ni nuevo, ni exclusivo de este país latinoamericano, “porque en toda literatura, en todo tiempo y lugar, los críticos hemos sido muy pocos”, expuso durante la conferencia “La crítica literaria en México hoy”.

En El Colegio Nacional, institución de la que es el miembro 103°, declaró que esa escasez se debe a que “el oficio de crítico literario requiere constancia y sacrificio, así como una buena dosis de impopularidad, que desde luego no todo escritor está dispuesto a tolerar”.

A su parecer es más fácil el éxito del novelista y es más honda la huella que deja el poeta., en tanto que “el crítico, para funcionar, debe asumirse como una figura necesariamente indispensable pero secundaria” y en ese sentido, “debe reivindicar la idea de que la literatura se hace sin prisa”.

Recordó que antes los jóvenes que llegaban a los periódicos y revistas que tenían suplementos literarios -“cuando los había, en mi juventud”-, comenzaban a escribir reseñas con la esperanza de que pronto les publicaran sus cuentos o poemas, o si sus intereses eran periodísticos, cambiar y pasar a la crónica deportiva o a la sección política.

“Los críticos de raza son muy pocos en cualquier literatura”, insistió Domínguez Michael, quien dijo ser un crítico literario bastante sorprendido por la ausencia tan evidente de ciertos temas de enorme interés en la oferta literaria en México; como ejemplo hizo notar que “nunca hubo una gran novela del levantamiento zapatista”.

Luego vino otro problema. A partir de la mitad del siglo XX, que los anglosajones llaman “la edad de la crítica”, empezó una división que al principio fue imperceptible pero se volvió enormemente conflictiva: la que separa a la crítica literaria que hace la academia de la que se elabora en la prensa literaria.

“Llegó el momento en que la crítica -alguna de ella estupenda- que se hacía en diversas universidades, no llegaba a los públicos que leían crítica en periódicos y revistas, donde también había críticos estupendos. Desde luego en ambos bandos también había malos críticos, pero se creó un ausencia de dialogo y se separó ese doble universo”, añadió.

Christopher Domínguez subrayó que quienes estaban, como en su caso al principio, en la crítica de la prensa literaria, no les interesaba saber quiénes impartían clases de Literatura Mexicana en las universidades.

“Y cuando a los profesores les preguntaban por nosotros, decían que éramos periodistas; eso ha llegado, incluso, a extremos sangrientos”; pero había personajes que, desde luego, estaban en dos sitios.

“En los años 70 y 80 escribían en la revista Vuelta, que dirigía Octavio Paz, académicos como Guillermo Sheridan y otros cuyos artículos que ahí publicaban no les contaban como crédito académico. Pero si publicaban en la Revista de Filología Hispánica, que se mucho leía menos, ahí sí" se los validaban, resaltó.