De aquel Carlitos Páez que hace 47 años sobrevivió a un accidente aéreo en la cordillera de Los Andes queda la esencia y la pasión por vivir; entre risas y con elocuencia, asegura que siempre vale la pena luchar por la vida.

“El ser humano quiere vivir historias perfectas, pero de lo que se trata es de vivirlas con pasión y actitud, de aun con equivocaciones seguir en la lucha, de eso se trata la vida”, aseguró.

En el marco de la conferencia internacional “Cordillera”, en el Museo Soumaya, Páez hizo un recuento de la historia que llegó a Hollywood y que en su opinión se trata de una extraordinaria protagonizada por gente común.

En torno al evento Rosa Total 2019, de Fundación Cima, sobre cáncer de mama, Páez recordó el accidente de 1972 que cambió su forma de ver la vida.

Por aquellos días, dijo, “era un chamaco consentido”, que protagonizó “la historia más grande de supervivencia” al permanecer varado junto a otras 16 personas en la cordillera de Los Andes por casi 70 días.

Explicó que ese viaje era para participar en un juego de rugby, y entonces tenía 18 años de edad; tras haber hecho una escala en Mendoza, Argentina, emprendieron de nueva cuenta el viaje un viernes 13 de octubre, “mala fecha para viajar porque en ese viaje pasaron algunas cosas”, señaló con humor ante un público expectante.

A 10 días de quedar varados, y luego de que cada uno de los sobrevivientes tomara un papel importante en la historia al hacerse cargo de los muertos y arrancar una especie de radio con unas antenas que les refería que ya los habían dado por muertos, entendieron que a partir de ahí su lucha por la vida corría por su cuenta, “ese día dejamos de sobrevivir y empezamos a vivir”.

Con el paso de los días, sin nada que llevarse a la boca y soportando las bajas temperaturas de la Cordillera de Los Andes, se tuvo que decidir el tema de la alimentación: se comerían a las personas que habían fallecido. “Yo lo hice porque tenía el derecho a la vida y el de volver a casa con la familia”.

En ese sentido, expuso que cuando pasan accidentes se potencian cosas que dan sentido a la vida y se abren oportunidades. Con seriedad, añadió que haber decidido alimentarse de sus compañeros muertos les dio la posibilidad de comenzar a pensar en salir de Los Andes.

Con el paso de los días ocurrieron además eventos que los sobrevivientes veían como “el colmo”, ya que una avalancha los dejó sepultados en la nieve, aunque Carlitos no perdía la fe y todavía se tomó el tiempo para celebrar su cumpleaños, pues “en la medida de que estemos con vida vale la pena festejar”.

Lo ocurrido durante 70 días de sobrevivir en la Cordillera de Los Andes, dijo, “es una historia permanente de lucha contra el "no"; a todos los "no" les dijeron que sí”, y con el tiempo el chico malcriado del inició ese viaje se había transformado.

Al día 60, recordó, luego de diversas acciones, un par de los sobrevivientes salió a buscar ayuda, con la sorpresa de que a tres días de camino sólo veían más y más cordillera y nada más: habían agarrado rumbo a Chile sin saber que del otro lado, a pocos kilómetros, estaba un poblado argentino.

Aún equivocados pero con pasión, actitud e ilusión, los jóvenes que buscaron ayuda para salvar la vida lo lograron y el resto del rescate es historia, con momentos importantes que lo llevaron a ver las cosas que realmente importan en la vida.

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