El poeta mexicano amado Nervo, uno de los máximos representantes del modernismo, autor de poemas como El primer beso y El amor nuevo, falleció hace un siglo, el 24 de mayo de 1919 en Asunción, Paraguay.

Tal era el prestigio, admiración y cariño que en Latinoamérica se sentía por el bardo que la repatriación de su cuerpo se hizo vía marítima, en un barco uruguayo que fue escoltado por embarcaciones procedentes de Argentina, Cuba, Venezuela y Brasil.

De acuerdo con datos del portal “cervantesvirtual.com”, Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, su nombre completo, nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic, Nayarit, en el seno de una familia española.

Tras la muerte de su padre, Amado Nervo fue enviado a estudiar a un colegio de padres romanos en Jacona, Michoacán, y, posteriormente, al prestigioso Seminario de Zamora, donde estudió la preparatoria.

Allí recibió lecciones de matemáticas, física y lógica, interesándose por la ciencia y la filosofía, además de una sólida formación literaria y humanística que luego sería evidente en su obra.

Después de dos años se dedicó a estudiar la carrera de Derecho natural, sin embargo los problemas económicos que atravesaba su familia lo hicieron regresar a Tepic, de donde luego partió a Mazatlán.

Conforme a su semblanza publicada en “biografiasyvidas.com”, Nervo encontró el sustento en el periodismo, profesión que desarrolló primero en Mazatlán, en El correo de la tarde, donde colaboró con traducciones del inglés y el francés, escribió crónicas, redactó reportajes, pergeñó reseñas de eventos y editoriales.

Más tarde, en 1894, decidió trasladarse a la Ciudad de México, donde continuó desempeñándose como periodista y logró abrirse camino en la Revista Azul. Posteriormente, junto a su amigo Jesús E. Valenzuela (1856-1911), funda la Revista Moderna.

Estas dos publicaciones fueron el resultado de las ansias e impulsos modernistas que aparecieron en aquella época en todos los rincones de la Latinoamérica literaria y artística.

En 1900, el diario El Imparcial lo envía como corresponsal a la Exposición Universal de París, ciudad cosmopolita donde residiría durante dos años.

Allí entabla amistad con el poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), quien más tarde diría de Nervo: "se relacionó también con el grupo de literatos y artistas parnasianos y modernistas, completando de ese modo su formación literaria."

En la Ciudad luz conoce a la que iba a ser la mujer de su vida, Ana Cecilia Luisa Dailliez, con la que compartió su vida más de 10 años y cuyo prematuro fallecimiento fue el doloroso manantial del que emanan los versos de La amada inmóvil (1922), obra a la que Nervo consideraba parte imprescindible de su más dolorosa intimidad.

De regreso a México ejerció como profesor en la Escuela Nacional Preparatoria y, más tarde, fue nombrado inspector de enseñanza de la literatura.

En 1906 ingresó al Servicio Diplomático Mexicano, donde le confiaron distintas tareas en Argentina y Uruguay, y finalmente fue designado secretario segundo de la Legación de México en España.

Su obra Ofertorio, Los grandes poemas de Serenidad (1912) y Elevación (1916) serán un modo de evocarla, de acuerdo con la fuente.

Entre sus obras destacan con El Bachiller (1896), novela corta de carácter autobiográfico, Juana de Asbaje (1910), El estanque de los lotos (1917), y el cuento La última guerra, al cual se le considera el primero de ciencia ficción de México, antecedente de Rebelión en la granja, de George Orwell.

Doce años más tarde, en 1918, fue reconocido de nuevo como diplomático y, más tarde, nombrado ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay, último cargo que ocupó, pues llegó al primer país en marzo y murió en el segundo el 24 de mayo de 1919, de nefritis crónica.

Una vez que sus restos mortales llegaron a México, fueron sepultados en la Rotonda de las Personas Ilustres el 14 de noviembre del mismo año.

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