Si en algún periodo de gobierno se repartió dinero a raudales, fue en el de Enrique Peña Nieto, afirmó Jenaro Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano.

En una conversación con alumnos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, parafraseando un mensaje en redes sociales del periodista Alberto Barranco agregó que “acabado el chayo empezó la rabia”.

Villamil interpreta a un sistema en descomposición, donde los comunicadores se enriquecieron, los principales responsables fueron los políticos, legisladores y varios intelectuales que se acomodaron a la situación del momento.

El comunicador recordó que Andrés Manuel López Obrador llegó al poder, no con el favor de las televisoras, ni tampoco gastó la centésima parte de lo que sí hizo Peña Nieto en compra de tiempo aire.

Lo que construyó López Obrador fue un liderazgo de tierra, de cercanía real con la gente, “y por eso están nerviosos, porque no les debe nada, no les debe su victoria, sino a los ciudadanos cansados de la historia trágica y sádica que viene desde Salinas de Gortari”, señaló.

Ante los estudiantes universitarios, se preguntó: ¿qué hay qué hacer ahora? “Por supuesto construir un nuevo modelo de comunicación pública o política en el país, que va a tomar tiempo y, por supuesto, hay muchas dificultades, errores, contradicciones, pero en ningún caso hay corrupción, es un asunto de exceso de entusiasmo o hasta incluso de ingenuidad”.

Agregó que lo que se trata de construir es una labor de la sociedad, no del gobierno, no de la mañanera, no de López Obrador solamente, no de Jesús Ramírez (director de Comunicación Social de la Presidencia), sino de la sociedad, la construcción de un modelo de comunicación política que por lo menos tenga tres ejes:

La defensa y reconstrucción de los medios públicos mexicanos, devastados y saqueados; formar a los nuevos comunicadores, periodistas, guionistas, productores, creativos que van a ser la generación del cambio; y, tercero, ser y escuchar a las audiencias, porque el medio ya no es el mensaje, si no la audiencia, es el mensaje.

“Si no construimos comunicación para grupos específicos para tener la réplica de esas audiencias, simple y sencillamente estamos haciendo uso de un soliloquio”, advirtió.

El auditorio Pablo González Casanova lució lleno, con alumnos interesados en conocer cuáles son las políticas públicas del nuevo gobierno para el periodo 2018-2024 en materia de comunicación.

Allí, Jenaro Villamil les dejó en claro que en términos de comunicación política “estamos presenciando el derrumbe del sistema político mexicano que antecedió a la victoria de Andrés Manuel López Obrador, derrumbe que está estrechamente relacionado con la caída de un modelo de política y medios de comunicación sustentados en un paradigma que fracaso”.

El de la absorción de la política, que a partir de la mercadotecnia televisiva, “la telecracia”, es la que se derrumbó, y por eso ahora la reacción más dura, más crítica, puntillosa y escandalosa contra la Cuarta Transformación.

Se derrumbó un modelo de relaciones de poder sustentadas bajo el pacto que ejerció el sistema político desde 1988, con el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, con la principal empresa televisora del país en ese entonces, Televisa.

Ese pacto, dicho por la propia priista Beatriz Paredes, fue lo que permitió el fraude de 1988, el ascenso de la tecnocracia, de los neoliberales, la gran mascarada que fue el sexenio de Salinas, ahora en pleno proceso de lavado de imagen en una plataforma cinematográfica.

Jenaro Villamil dijo que ese pacto que se derrumbó desde Ayotzinapa y la Casa Blanca, y fue por la caída del modelo más acabado de la telepresidencia de la República, que fue el peñismo de 2012 a la fecha, pero también fue un pacto que permitió el ascenso del PAN al poder, de la falsa alternancia.

Pero tampoco, dijo, se explica la llegada de Felipe Calderón al poder y su guerra contra la población mexicana, su vendetta contra las izquierdas y el fraude que se cometió con López obrador en 2006, “No se explica eso sin la ley televisa”.

La ley televisa fue un intercambio de favores políticos del panismo y el priismo con la principal televisora del país a cambio de que sus concesiones quedaran permanentemente refrendadas hasta 2021, “y por eso está tan alterada la telecracia, porque se está venciendo el plazo de gracia que esta ley les dio a las principales televisoras del país”.

También se dijo que lo que marco este periodo fue el pacto del grupo que se quería aferrar y evitar la llegada de la izquierda a la Presidencia, porque evidentemente no estaba dentro del pacto.

“Además de la pesadilla con la administración de Felipe Calderón, no podemos explicar el ascenso de Peña Nieto a la Presidencia en 2012 sin el empoderamiento de los poderes mediáticos durante el calderonismo”.

Para entonces, ya se había abandonado cualquier proyecto de hacer una política pública de televisión distinta a los medios privados.

Pero la llegada de Enrique Peña Nieto al poder fue la culminación de algo que nunca debió de haber sucedido, la subordinación del espacio público al espacio privado, aseveró Jenaro Villamil. “Su falso matrimonio con Angélica Rivera, así fue de falso el matrimonio entre Televisa y el PRI, que era un matrimonio por conveniencia, no por amor.

“Pero claro, el amor tenía un precio, los 60 mil millones de pesos que despilfarró en comunicación social, dinero de los mexicanos”.

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