El movimiento estudiantil de 1968 es una gran ruptura, pero también es un gran faro que ilumina todos los aspectos de la vida, un sentido profundo que tiene varias aristas como la rebelión juvenil, el cambio generacional, la ruptura cultural y representa la continuidad de la residencia, destacó el vocero del gobierno federal, Jesús Ramírez Cuevas.

Durante la presentación de tres tomos de la obra “1968, Aquí y ahora. A 50 años del movimiento estudiantil”, refirió que en el país todas las etapas de transformación van precedidas o forman parte de la historia de resistencia del pueblo de México por afirmar su identidad y proyecto de nación, así como su derecho a ser un pueblo libre acorde con sus intereses.

“El 68 es el antecedente histórico de la Cuarta Transformación, es decir, el inicio de los cambios democratizadores que llevan como consecuencia el triunfo del 1 de julio del año pasado, lo que tardó 50 años”, enfatizó en el acto, efectuado en el Museo de la Ciudad de México.

Es importante visualizarlo, porque es también recoger la herencia de lucha, de represión, las vidas entregadas sin ningún condicionamiento a este proceso, pero que sumaron lo que hoy se está cosechando, “eso también lo tienen que recordar los jóvenes que no tienen esa memoria, que esto ha costado muchos años, mucho sacrificio”.

Ramírez Cuevas recordó en su análisis que otra de las características del 68 y que la obra, realizada por un grupo de investigadores encabezados por Ricardo Valero, pone en el centro que el movimiento estudiantil es el triunfo de la memora sobre el olvido del poder sobre la idea del arrasamiento cultural, social y de la desaparición de cualquier tipo de resistencia o disidencia.

En su opinión, 1968 marcó un cambio de época, el inicio de una transformación del mundo en el cual México juega un papel central, en el desenmascaramiento de una farsa democrática y la exposición del verdadero talante autoritario brutal del régimen mexicano, “que hacia afuera tenía una imagen progresista, pero hacia adentro estaba sembrado de muertos”.

Los movimientos sociales posteriores solo se pueden entender a partir del movimiento estudiantil de 1968, dijo Jesús Ramírez, y que precisamente la propuesta literaria que se presentó son aporte importante a la memoria histórica, al conocimiento de los procesos político, social, económico y cultural para tener una visión completa de lo que fue esa época.

“Me parece central que parta de los testimonios, tan valorados a veces por encima del análisis, porque este último luego pierde fuerza gracias a los tiempos, por las actividades prevalecientes o la discusión política”, enfatizó.

Es imposible entender el '68 sin la voz de sus protagonistas, con los testimonios, la denuncia ante la autoritariedad; ahora en esta recopilación imprescindible, está el trabajo de sistematizar la memoria histórica, resaltó el portavoz del gobierno federal.

El valor de la democracia lo enseña la historia de México, que se construye en la lucha, no en las concesiones graciosas desde el poder, “que valga el voto que la gente haya confiado el año pasado”, añadió.

Jesús Ramírez dijo que sentirse heredero del '68 es un gran compromiso con los estudiantes, y que es un saldo de justicia pendiente que este gobierno tiene que saldar, la causa de la memoria y de la justicia, “estamos comprometidos con ese espíritu de lucha, democrático, de poner en el centro las demandas sociales”.

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