Pintor Antonio González resalta legado artístico de Rafael Coronel

El pintor, grabador y escultor Antonio González Orozco lamentó el fallecimiento del pintor mexicano Rafael Coronel y destacó la importancia de su obra, la cual dijo, es ejemplo para los nuevos...

El pintor, grabador y escultor Antonio González Orozco lamentó el fallecimiento del pintor mexicano Rafael Coronel y destacó la importancia de su obra, la cual dijo, es ejemplo para los nuevos creadores.

Con la voz cortada por la emoción y los ojos humedecidos por las lágrimas de amistad, dijo a Notimex que “le entristeció la noticia del sensible fallecimiento de Rafael Coronel, a quien de inmediato calificó como “un estimable compañero en los sinuosos caminos del arte pictórico, tan contaminado por el arribismo y la simulación en los años recientes”.

Autor del mural “Juárez, símbolo de la República” que se localiza en la Sala de Carruajes del Castillo de Chapultepec, obra realizada en 1972 en ocasión del centenario luctuoso del Benemérito de las Américas, misma que ha sido reproducido 117 millones de veces en los Libros de Texto Gratuitos y otras plataformas electrónicas e impresas, añadió:

“Rafael Coronel fue un artista emérito de la vieja guardia que hoy nos toma la delantera. Deja tras de sí un importante legado como ejemplo de serenidad y profesionalismo para las nuevas generaciones de mexicanos con vocación hacia la pintura. Descanse en paz”, alcanzó a musitar antes de que la tristeza le impidiera seguir articulando palabras.

Sin conocer a ciencia cierta el estado financiero del maestro Rafael Coronel, González Orozco se refirió enseguida a la urgente necesidad de que los artistas mexicanos cuenten con una suerte de seguro médico gubernamental que les deje vivir dignamente en sus años de madurez y, en su caso, dejar a sus familiares con una tranquilidad económica.

En ese sentido, calificó como “acertado” el proyecto de la Secretaría de Cultura federal para garantizar atención médica y asistencia social adecuada a los artistas mexicanos que lo requieran.

“Me congratulo porque la secretaria Alejandra Frausto sepa que muchos artistas en todo el país lo requieren. Ojalá se realice en el corto plazo”, subrayó.

El pasado 27 de marzo, Frausto informó que aunque no existe un censo nacional sobre el número de artistas enfermos, adultos mayores y sin seguridad social ni médica alguna, la Secretaría de Cultura federal ve en ese sector de la población un pendiente por resolver.

Así lo dijo ante damas del Capítulo México de la International Women Forum (IWF), y dijo que a pesar que la dependencia trabaja con la idea de ayudar a los artistas necesitados, se requiere de la colaboración de ellos mismos y de las asociaciones que los agrupan.

Al respecto, González Orozco apuntó que él es atendido en el ISSSTE porque trabajó 20 años para la Secretaría de Educación Pública (SEP). Sin embargo, los vaivenes anímicos en él son frecuentes, debido a lo polarizado que es a veces el servicio que recibe. 

“A pesar de que todos los médicos me atienden de maravilla, porque procuran darme un servicio excelente, comenté recientemente a mi geriatra, asisto cuando tengo cita, no cuando estoy enfermo. Es decir, si me duele algo, no puedo ir si es que no tengo cita”.

Explicó, durante una entrevista con Notimex, que cuando tiene cita, es común que llegue sintiéndose perfectamente bien y entonces le dan cita dentro de seis meses. “El punto es que en el lapso de medio año no sé cómo estaré, qué me va a pasar o que me dolerá”.

Antonio González Orozco es el muralista vivo más importante de México, de acuerdo con los críticos más severos. Nacido en Chihuahua en 1933, es autor de numerosos murales dentro y fuera de la Ciudad de México, todos ellos icónicos en el arte nacional.

En el Castillo de Chapultepec están dos murales que conmemoran; uno, el centenario de la entrada de Juárez y los republicanos a esta capital en 1867, y el otro, el centenario de la muerte de ese personaje en 1872, este último reproducido en 117 millones de libros de texto.

El entrevistado sigue produciendo obra, mural y de caballete. Para los muralistas, dijo, es necesario estar siempre protegidos. “Si estoy ocupado en una obra de caballete no tengo muchos problemas porque puedo trabajar a la hora y en el lugar que me acomode”.

De frente a su caballete, añadió enseguida, puede hacer pausas, proseguir cuando más le convenga, y así. “El cuadro de caballete tiene como destino la casa de quien lo adquiere porque le gustó, y no pasa de que lo admire a diario su familia y unos cuantos amigos”.

En cambio, un mural, que no se realiza tan fácilmente, es admirado a diario por miles de personas. En el caso de sus murales en Chapultepec, “La República Restaurada” (1967) y “Juárez, símbolo de la República” (1972) suman a la fecha varios millones de visitantes.

“La obra de arte cumple una función social, específica y muy especial, porque es para todo público, estudiantes, y familias completas que pasean en el Castillo de Chapultepec; un urólogo que me atendía, me platicó que conoció esos murales de niño y nunca imagino que el autor sería su paciente”, indicó.

Sin embargo, actualmente es difícil conseguir un muro o espacio público dónde trabajar. Y eso repercute en sus ingresos. Además, el tiempo que transcurre inexorablemente no perdona y deteriora la salud de los seres humanos, los hace lentos, frágiles y vulnerables.

“No tener una posibilidad de trabajar constantemente granjea angustia, incertidumbre e inseguridad. Además, la edad me impide trabajar como antes, aunque estoy activo y en plenitud de facultades; ahora realizo un mural de tres metros de largo por dos de altura”.

Detalló que es pequeño porque así es el espacio que se tiene para colocarlo en un lugar especial de la Universidad Panamericana. El tema es el cincuentenario de la Preparatoria de esa casa de estudios, que se cumplirá el 2 de octubre próximo, día en que se debe inaugurar.

“Para poder trabajar, un carpintero ya me está fabricando un templete con barandal para evitar caerme, como una vez David Alfaro Siqueiros se cayó de un andamio, por suerte de poca altura y sin consecuencias graves; antes yo trabajaba en las alturas parado nada más en un andamio o un tablón”.

Además de dejar para las futuras generaciones obras murales y de caballete, “porque mi obra me sobrevivirá por muchos años”, lo más importante para el entrevistado es la sobrevivencia, “porque si no trabajo, no hay entradas económicas y eso es algo grave”.

Si hay falta de trabajo sobrevienen los problemas, por eso, por otro lado, es de la opinión de que se debe considerar nuevamente la asignación de espacios para el muralismo. “Hay muchos compañeros que no tienen esos beneficios para plasmar su arte”, anotó.

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