La educación temprana no debe limitarse a una política lineal, sino que se debe extender a una visión de integralidad que permee la legislación y las políticas públicas, a fin de generar la agenda de primera infancia en la Ciudad de México.

La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Nashieli Ramírez Hernández, así lo manifestó durante su participación en el foro  Educación Temprana Infantil, en la antigua sede del Senado de la República.

Subrayó que es necesario mirar todo lo que hay alrededor de la primera infancia, todo lo que involucra su desarrollo, y considerar las diferencias en los ámbitos de salud, alimentación y educación, entre otros.

Ocho por ciento de las personas que habitan la capital del país son niñas y niños menores de seis años, es decir, que están en primera infancia. No obstante, dicha situación varía en alcaldías como Cuajimalpa, Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta, donde superan el 10 por ciento de la población.

Por eso advirtió que “para legislar y para construir políticas públicas en esta ciudad debemos tomar en cuenta que no es lo mismo Benito Juárez que Milpa Alta, que no es lo mismo Iztapalapa que Miguel Hidalgo”.

Respecto al ámbito legislativo, consideró revisar, no sólo la Ley de Primera Infancia de la Ciudad de México, sino también otras leyes, como las de Prestación de Servicios, Cuidados, Educación, Salud, Planeación y el Sistema de Derechos Humanos, para destinar más recursos a ese sector.

Ramírez Hernández se pronunció por un trabajo legislativo y de generación de políticas públicas integrales que atiendan la complejidad, no solo de la educación temprana, sino de la agenda de Primera Infancia en la Ciudad de México.

Y es que, a decir de la ombudsperson, la Ciudad de México presenta un escenario muy diverso en el que podríamos encontrarnos en condiciones por encima de la media nacional, sin embargo, enfrentamos rezagos que resultan ilógicos.

Muestra de ello es el resultado que ofrece la Encuesta Nacional de Niñas, Niños y Mujeres (ENIM), elaborada por el Instituto Nacional de Salud Pública y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

De acuerdo con dicho estudio, la Ciudad de México está por encima de la media nacional en distintos indicadores, no obstante, hay algunos en los que está por debajo.

Uno de estos indicadores es el de vacunación, debido a que en esta capital las madres, padres o cuidadores son los que llevan a las niñas y niños a los Centros de Salud, a diferencia de las comunidades rurales o alejadas de los centros urbanos en el interior de la República, donde se implementan grupos de médicos que van a los hogares a poner las vacunas.

Otro caso es la nutrición, que implica un proceso de alimentación adecuada y de calidad para el desarrollo cerebral. A eso se suma el problema de la lactancia, al no existir políticas públicas que la apoyen de forma obligatoria o los permisos para que las madres puedan amamantar a sus hijas e hijos.

Señaló que en el tema de cesáreas, la Ciudad de México está por arriba de la media nacional, debido a que el procedimiento está ligado a la baja lactancia y la inmunización natural.

Nashieli Ramírez Hernández enfatizó que la incidencia en políticas públicas en este ámbito no sólo se logra aportando la legislación o la normatividad, sino también dándole seguimiento y supervisando lo que se dice que se hará.

Por esa razón es imperativo caminar de la mano de lo normativo y de la incidencia en políticas públicas desde una visión de integralidad en la primera infancia, enfatizó.

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