Cuando la vida cambia los sueños a una trabajadora de la limpieza

Sin importar la edad y el cansancio acumulado de más de 50 años de trabajo y más de 70 a cuestas, Magdalena despierta antes que el sol para salir de su casa en los Reyes La Paz, en el estado de...

Sin importar la edad y el cansancio acumulado de más de 50 años de trabajo y más de 70 a cuestas, Magdalena despierta antes que el sol para salir de su casa en los Reyes La Paz, en el estado de México, y llegar a tiempo a las oficinas de la colonia Roma para emprender, como todos los días, las labores de limpieza en un edificio.

Su trabajo comienza a las 07:00 de la mañana. Apenas llega se pone su uniforme y con la rapidez que su cuerpo le permite toma una cubeta, la jerga y un trapo para darse prisa.

Le gusta que el lugar esté casi listo cuando los empleados de empresa llegan a trabajar.

Originaria de Mérida, Yucatán, Magdalena recordó que las agresiones verbales y los golpes del hombre que con ilusión eligió como compañero de vida cambiaron sus sueños por pesadillas.

“Cuando me casé yo sí quería mucho a mi esposo, pero eso no duró mucho tiempo, porque casi enseguida empezó a tomar, a maltratarme, a golpearme, a no darme ni para que comiéramos los niños y yo”, recuerda.

Con apenas el tercer año de primaria, vender quesadillas fue el primer oficio que encontró. Para la mujer lo importante era llevar algo de dinero a su casa y dar de comer a sus hijos.

Ante el panorama que le daba la vida, mandar a sus dos varones a la escuela se convirtió en algo difícil. La lucha constante entre las agresiones y golpes que recibía todos los días en su casa y los malos tratos de su patrona hacían en muchas ocasiones decaer los ánimos.

Sentada en una silla dentro de una reducida bodega, la trabajadora de la limpieza comentó: “Ver a mis hijos me daba fuerza para seguir en la pelea, pero el destino, la vida o no sé quién, ya me preparaba otro golpe”.

De pronto, entrelaza sus dedos con fuerza, al tiempo fija la vista en sus manos arrugadas por el paso de los años y el excesivo trabajo, mira hacia el techo y agrega: “Un día, una de mis hermanas llegó a mi casa para llevarse a mi niño más grande a Mérida (en ese tiempo tenía siete años) para que cuidara y sirviera de compañía a mi madre enferma, así que dejé que se fuera”.

Ante la precaria situación económica, dijo con sentimiento de culpa “lo extraño y extrañé mucho, pero el que se fuera fue una especie de ayuda a su situación económica, porque ya no tenía que pagarle a quien se lo cuidaba cuando salía a trabajar.

"Aquí la situación dejó un hueco en mi corazón, pero la vida no cambió, y desde que amanecía y hasta que anochecía los golpes no dejaban de ser parte de mi vida diaria", refiere con tristeza.

Esto afianzaba cada vez más la idea de dejar a su esposo; la vida lejos de él, sin duda, sería mejor.

Pero hace 20 años, la muerte fue su salvación y llegó a su hogar para llevarse al hombre que durante tantos años la había mantenido en una película de terror, donde la víctima y la protagonista fue Magdalena.

Acostumbrada a los trabajos duros y siempre con la idea de no depender de nadie, la mujer encontró trabajo en empresas de limpieza a su más de 70 años de edad.

Y convencida de que no puede obligar a sus hijos a que le ayuden, o que le den dinero, ella se levanta todas las mañanas antes que el sol para llegar a su trabajo en punto de las 07:00 de la mañana, y si la suerte la acompaña, llegar a su casa, ubicada en la zona conurbada de la Ciudad de México, a las 22:30 de la noche.