Benito Juárez se rodeó de quienes sabían más que él de diversos temas. Supo coordinarlos y se convirtió en símbolo de la generación que construyó la nación que sólo existía en el papel o en la voluntad de algunos, “hay que rescatarlo, no a su estatua, sino a sus ideas”, aseguró Pedro Salmerón.

El historiador subrayó que tras una profunda investigación, él observa a Juárez como el hombre de carne y hueso que fue, como estatua, ya bajado de su pedestal. Salmerón refirió que ese personaje emblemático de la historia de México “fue noviero, bailaba pasodobles y polkas, comía bien y abogó por los indígenas zapotecas de su natal Oaxaca.

Desde su perspectiva, la idea romántica del niño nacido en el pueblo de San Pablo Guelatao, que de pastorcito llegó a Presidente de México, es cosa del pasado. “El Benito Juárez presentado durante más de 60 años por la historia oficial como una figura lejana, inalcanzable, casi perfecta, ya no funciona, hoy son tiempos de verdadera democracia”.

Pedro Salmerón es Doctor en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y tiene un Posdoctorado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Con esa academia sumada a su experiencia como investigador y escritor, dijo convencido que “del gobierno zedillista a la fecha, Juárez ya no está en un pedestal”.

Entrevistado por Notimex para hablar sobre su libro “Juárez. La rebelión interminable”, publicado originalmente en 2007 y que ha vuelto a la circulación, utiliza a Juárez como pretexto para contar las historia que hubo a su alrededor; este libro es una puerta de entrada a ese personaje, a esa generación y a ese periodo de la historia nacional.

A través del libro presenta una generación que llegó a la lucha pública con furia porque el país se le deshacía en las manos. Varios historiadores han demostrado cómo el trauma de la derrota en la guerra contra Estados Unidos marcó la entrada de esa generación liberal a la vida política, con enojo, contra el país que había sido y del cual les quedaba la mitad.

“Lo milagroso es que en esos años el país no se haya fragmentado o perdido todavía más territorio. Con la voluntad de hacer un país viable, Juárez y su generación llegaron, con sus defectos y errores, con la meta de hacer un país soberano y libre, meta que lograron”, explicó al redescubrir al hombre, al político y al presidente más internacional de México.

Para Salmerón, la historia es fundamental porque crea conciencia política y cultura cívica. “Urgen ciudadanos conscientes, no que voten cada seis años y se desentiendan de la política hasta las siguientes elecciones, sino hombres y mujeres que participen de modo permanente y activo en las grandes decisiones nacionales, sus consultas y referéndums”.

Explicó que hay ciertos conceptos que marcaron la generación de Juárez y que formalmente siguen rigiendo a México, “que es una República Democrática Representativa Popular y Federal, pero son conceptos vacíos de contenido porque durante los últimos años sólo existían en el papel, por eso, hay que volverlos a discutir para darles contenido otra vez”.

Profesor-investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el autor destacó que la defensa de la soberanía es un tema netamente juarista, y la austeridad republicana y la honestidad como guías de la acción de los funcionarios públicos, ideas de Juárez, hoy están vigentes.

Así, el diputado local y federal, dos veces gobernador de Oaxaca, secretario de Justicia y de Gobernación, además de presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Benito Pablo Juárez García, era, ya no, recordado como el indígena oaxaqueño que, por su perseverancia y firmeza de sus principios, llegó hasta la Presidencia de la República.