Una capilla para llorar a sus muertos, piden en Tlahuelilpan

Son muchos los que desde el pasado 18 de enero no han vuelto a ver ni saber nada de sus familiares, luego de la explosión que se registró en el ducto de Pemex ubicado en la comunidad de San Primitivo...

Son muchos los que desde el pasado 18 de enero no han vuelto a ver ni saber nada de sus familiares, luego de la explosión que se registró en el ducto de Pemex ubicado en la comunidad de San Primitivo, y que hasta el momento ha dejado 130 muertos.

Desde la zona cero, el lugar exacto de la explosión, las madres, esposas, hijos y amigos de los fallecidos piden una capilla para, al menos, "tener un lugar donde llorarles, ya que no vamos a volverlos a ver".

A un mes de la tragedia ocurrida aquella tarde de viernes, en todos los grupos reunidos en este lugar se escucha el anhelo por contar con este recinto, y que ya lo han solicitado a las autoridades municipales, pero no tienen respuesta.

Sin embargo, señalan que no van a descansar hasta tener esta capilla, la cual se piensa construir cerca del punto de la explosión, en un terreno privado, y es por eso que piden el apoyo de las autoridades estatales y federales, incluso, tienen contemplado hablar con el propietario para una posible donación.

María Guadalupe Bautista, originaria de Tezontepec, es una de las que pide la capilla, porque hasta el momento no tiene noticias de su nieto Jairo Manuel Moras, de 18 años de edad, a quien no lo ha visto desde hace un mes, el día de la explosión.

"Nosotros estamos con la esperanza de que algún día nos entreguen un cuerpo, y ¿qué va a pasar si eso no ocurre? Por eso queremos al menos un lugar donde venirlo a recordar, porque no va a haber de otra, otro lugar no vamos a tener dónde darles un descanso", comentó mientras miraba la fosa donde han depositado los restos y cenizas que encontraron en el área.

La mujer, quien dijo que para llegar al lugar de la explosión ha tenido que hacer servilletas y venderlas para tener para los pasajes, recordó a Jairo como un buen hijo y un buen trabajador, junto con su padre que es albañil.

Señala que el día de la explosión pasaron unos amigos y vecinos por el joven, quienes "le dijeron que había gasolina gratis, y en ese tiempo había escasez de gasolina, por eso creo que se animó a ir. Se vino con ellos y lo viron aquí, desde entonces no hemos encontrado ni cuerpo ni nada".

Otra mujer, quien también busca a su hijo y prefirió omitir su nombre, manifestó que justo hoy encontró en este lugar la llave del automóvil de su hijo de 20 años, lo que no la hace feliz, pero le da un poco de tranquilidad.

"Yo estoy segura que mi hijo Ezequiel murió aquí y yo quisiera al menos su cuerpo para 'guardarlo' como debe de ser; era el menor y dependíamos (económicamente) de él, él trabajaba, él nos daba dinero, y pues ahora se acabó y hay que trabajar duro", dijo.

Pero no sólo perdió un hijo, sino dos, ya que ambos andaban juntos ese día y se acercaron a ver qué pasaba en ese lugar. El segundo, de 30 años de edad, salió herido y fue trasladado a la Ciudad de México; sin embargo, no sobrevivió, dejando huérfano a un pequeño de año y medio.