El anuncio del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, de reducir o incluso eliminar una reserva de 1.7 millones de hectáreas de una etnia amazónica para explorar minerales y realizar agricultura industrial, preocupa a los ecologistas y anticipan una explosión de la deforestación.

“Es el área más rica del mundo. Hay cómo explorarla de forma racional y, del lado de los indios, darles royalties (beneficios) e integrándolos a la sociedad”, dijo Bolsonaro, quien asumirá su cargo el próximo 1 de enero, respecto a la llamada Tierra Indígena Raposa Serra del Sol, demarcada desde hace 13 años.

Rica en uranio, con quizá las segundas mayores reservas del planeta, y con gran potencial para producir soya y ganado, la Tierra Indígena Raposa Serra del Sol se sitúa en el estado amazónico de Roraima, fue creada por Luiz Inácio Lula da Silva en 2005 y atribuida a 20 mil indígenas, la mayoría de etnia macuxi.

Bolsonaro dijo que “su intención” es revisar el decreto de Lula da Silva atribuyéndole la tierra a los indios, para poder explorar los recursos, donde podría también haber titanio, zinc, cobre y estaño, entre otros materiales.

El futuro de la mayor selva tropical del mundo, crucial para la lucha contra el cambio climático, está en medio de una polémica desde las elecciones presidenciales de octubre pasado, que ganó el exmilitar Bolsonaro.

Bolsonaro ya declaró que pretende retirar a Brasil del Acuerdo de París contra el calentamiento global y, aunque luego se desdijo, ya mostró que su prioridad será el crecimiento económico del país, y no la preservación de sus recursos naturales.

Organizaciones ecologistas y la sociedad civil que defienden la protección del medio ambiente ya alertaron de los efectos del gobierno de Bolsonaro a partir del 1 de enero, cuando asuma el poder de la mayor economía de América Latina y mayor nación amazónica.

Datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE) mostraron que la deforestación en la Amazonía aumentó 36 por ciento entre junio y septiembre pasados, período de precampaña y campaña electoral, respecto a 2017.

Abierta de manera masiva a la exploración de recursos naturales y a la expansión de la agricultura y la ganadería desde la década de los 60, la Amazonía brasileña perdió cerca del 18 por ciento de su selva originaria en cuatro décadas, lo que generó numerosas transformaciones en la región.

Ecologistas y científicos advirtieron que si continúa la destrucción, la selva amazónica podría estar cercana a un punto de no retorno en el que iría transformándose de manera paulatina en una sabana.

Con cerca de una quinta parte de todos los recursos de agua dulce superficial de la Tierra y una extensión de selva cercana a dos tercios del territorio continental de Estados Unidos, la Amazonía es considerada fundamental para el planeta y la lucha contra el cambio climático, así como para generar el ciclo de lluvias en América del Sur.