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Argentina enfrenta crisis económica entre recuerdos de violento 2001

A 17 años de la crisis económica, política y social que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa en Argentina, el país enfrenta un nuevo escenario de incertidumbre que constantemente remite al...

A 17 años de la crisis económica, política y social que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa en Argentina, el país enfrenta un nuevo escenario de incertidumbre que constantemente remite al violento diciembre de 2001.

Este día, los argentinos recuerdan el estallido social que, en sólo 48 horas, dejó 38 muertos y cientos de heridos en las protestas que se realizaron en todo el país.

El 19 de diciembre de 2001, De la Rúa ordenó un estado de sitio que fue rechazado por multitudes, las cuales se lanzaron a las calles para protestar en contra de su gobierno y se toparon con una represión policíaca que, tan sólo en la capital, dejó cinco personas muertas.

Al grito de “¡que se vayan todos!”, miles de argentinos salieron a hacer sonar sus ollas, sartenes y cacerolas para repudiar las políticas impuestas por un gobierno que, desde principios de diciembre de 2001, había ordenado la confiscación de los ahorros bancarios, en una medida que fue conocida como “corralito”.

Por eso, cada vez que los argentinos hacen un “cacerolazo” la sicosis por la caída de algún otro gobierno invade a la sociedad, ya que representa un hartazgo que puede terminar de manera impredecible.

La intensidad de las movilizaciones y la debilidad de su gobierno obligaron a De la Rúa a renunciar el 20 de diciembre de 2001, cuando cumplía apenas la mitad de su mandato, en una decisión que inició una de las crisis institucionales más graves que ha vivido Argentina.

Después de la caída de De la Rúa, los argentinos vivieron el inédito desfile de cinco presidentes interinos en sólo 11 días, hasta que a principios de enero de 2002 asumió Eduardo Duhalde, quien logró conservar el puesto hasta que en mayo de 2003 le entregó la banda presidencial a Néstor Kirchner.

Aunque ahora no ha habido confiscación de ahorros ni “cacerolazos” ni repudios masivos al presidente Mauricio Macri, quien por el contrario está en pleno proceso de recuperación de su popularidad, las referencias al 2001 son constantes entre los argentinos.

Ello se debe a que la fragilidad de la economía queda más al descubierto con una recesión del 2.6 por ciento, una inflación récord que ronda el 50 por ciento y una devaluación que, tan sólo este año, incrementó en más del 100 por ciento el precio del dólar.

Los resultados ya están a la vista, con una pobreza que aumentó hasta el 33 por ciento, el desempleo que subió al 9.0 por ciento y una creciente conflictividad social.

A ello se suma el endeudamiento que ha sido central en la política de Macri, quien este año sorprendió al solicitar, y obtener, un crédito de 57 mil millones de dólares por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El organismo arrastra con el desprestigio de haber sido uno de los principales responsables de la crisis del 2001, ya que después de imponer sus reglas dejó solo y sin crédito al gobierno de De la Rúa.

Ahora, en cambio, Macri ha insistido de manera permanente en que ya no es el mismo FMI de entonces, e incluso convocó a los argentinos a “enamorarse” de su titular, Christine Lagarde, lo que podría ocurrir si efectivamente Argentina logra superar esta nueva crisis económica.