Carreras en canoa, desfiles, música de mariachi y degustación de dulces típicos fueron parte de la celebración del 31 aniversario de la declaratoria de Xochimilco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Apenas salió el sol y las porras comenzaron a escucharse en la Laguna de Tlilac para apoyar a los competidores de la carrera de canoas, un deporte autóctono llamado acalli que significa “madera sobre agua”.

Ni el frío ni la neblina impidieron que niños, niñas, jóvenes y adultos remaran de manera individual o en parejas para llegar a la meta, una actividad realizada desde la época prehispánica, según cuenta Felipe Méndez Rangel, miembro del Club Xochimilco Acalli.

“Ahora además de ser parte de las tradiciones, también se practica para alejar a los jóvenes de la delincuencia, es algo así como un trabajo social”, explicó.

La celebración de la declaratoria hecha por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) continuó con la partcipación de la Banda de Guerra de la Policía Auxiliar de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Ahí el alcalde, José Carlos Acosta Ruiz, destacó que Xochimilco es el último vestigio vivo con chinampas y cuenta con cinco kilómetros de canales que necesitan más que nunca de sus habitantes.

“A 498 años de la llegada de los españoles sigue siendo un espacio único, es el último reducto de la cultura prehispánica en el Valle del Anáhuac”, subrayó.

La música de mariachi amenizó también la inauguración de una exposición fotográfica dedicada a la historia de Xochimilco, ubicada en la misma Rotonda.

En el lugar, ya con el sol en su punto más alto, comenzó el desfile de las comparsas tradicionales que salieron desde el deportivo para recorrer las calles de los pueblos.

Para la degustación de los visitantes, los dulces de la región se exhibieron,  entre los que destacaron: amarantos, pepitorias, alegrías y dulces cristalizados de calabaza, chilacayote o manzana.

Xochimilco fue declarado el 11 de diciembre de 1987 Patrimonio Cultural de la Humanidad por mantener sus bienes heredados de los antepasados, así como de reciente creación que constituyen sustento de identidad cultural, local y nacional.