Sistemas de medición, la huella digital de las sociedades desarrolladas

Los sistemas de medición son la huella digital de las sociedades desarrolladas, por lo que si México desea consolidar el desarrollo que está buscando debe estar preparado para asimilar los cambios...

Los sistemas de medición son la huella digital de las sociedades desarrolladas, por lo que si México desea consolidar el desarrollo que está buscando debe estar preparado para asimilar los cambios que se darán en el Sistema Internacional de Mediciones y que marcarán pauta para el futuro del mundo.

El director del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), Unidad Querétaro, José Mauricio López Romero, aseguró lo anterior en vísperas de acudir a la reunión que sostendrán los países signatarios del Tratado del Metro en Versalles.

Entrevistado en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el también Premio Nacional de Ciencias y Artes explicó que este encuentro tiene como fin “redefinir el Sistema Internacional de Unidades (SI) en términos de constantes fundamentales”.

A grandes rasgos, destacó que los sistemas de medición son la huella digital de los países desarrollados, por ello “si tu miras la economía de los países y miras sus capacidades de medición, éstas están relacionadas. Una buena capacidad de medición implica una industria pujante e innovadora de tecnología propia.

López Romero, director fundador de la Dirección de Metrología de Tiempo y Frecuencia del Centro Nacional de Metrología (CENAM) recordó que muestra de ello fueron los avances que se lograron a nivel internacional luego de la reunión de sostuvieron diversos países en 1880 para dar lugar al Tratado del Metro y al cual México se adhirió poco después.

Dicho convenio, dijo el científico , fue con la intención de armonizar las mediciones a nivel mundial para tener un comercio justo, equitativo y una industria floreciente.

Hoy la economía mundial está sustentada en mediciones, “nosotros nacemos, crecemos, y morimos con mediciones. Cuando nace el niño lo pesan, miden sus parámetros vitales, y a lo largo de nuestra vida nos estamos midiendo constantemente”, subrayó.

Es por ello que ante los avances tecnológicos que se han alcanzado y la necesidad de contar con un sistema de mayor precisión, los países signatarios del Tratado del Metro acordaron reunirse este viernes 16 de noviembre de este año para definir nuevamente los parámetros de medición internacional que nos han ayudado a lo largo de más de un siglo.

Entusiasmado por el impacto histórico que tendrá esta nueva redefinición de valores en los sistemas de medición, Mauricio López recordó que desde que se estableció el Sistema Métrico Decimal en 1880, se definieron tres unidades base para las mediciones.

Estas fueron el metro, como la diezmillonésima parte de cuadrante del meridiano terrestre; el kilogramo, como la masa de un platino de iridio, cuyo ejemplar se resguarda en Francia; y la unidad del tiempo que se hacía mediante mediciones astronómicas.

Estas tres unidades de medida en su momento fueron la base para expandir la industria de aquel entonces, basada en ferrocarriles, telecomunicaciones, en fábricas de textiles.

Con el paso del tiempo el sistema métrico decimal ha ido evolucionando y adaptándose a las necesidades del momento, por lo que se fueron agregando nuevas unidades de medida hasta llegar a la actualidad, con siete unidades base en el Sistema Internacional de Unidades.

Es así que se definió el segundo para el tiempo, el metro para la longitud, el kilogramo para la masa, el ampere para la corriente eléctrica, el kelvin para la temperatura, el mol para la cantidad de sustancia y la candela para la intensidad luminosa.

“Todas estas unidades base dan sustento a la actividad industrial a nivel global y armonizan las mediciones de los diferentes países signatarios de la Comisión del Metro”, subrayó.

Pero en este devenir histórico del sistema internacional de Unidades, de vez en cuanto se revisan las mediciones por dos razones: “para que estén en la frontera del avance científico y tecnológico y para que respondan a las necesidades de la industria”.

Es así que se tomó la decisión de cambiar los parámetros de medición y “ahora el kilogramo ya no va a ser más la masa de un cilindro de platino, sino que estará definida a partir del 16 de noviembre de lo que en la física se llaman “constantes fundamentales” y que son los cimientos del mismo universo”.

“En pocas palabras se trata de parámetros sobre los cuales funcionan las leyes fundamentales de la naturaleza, entonces las constantes fundamentales son parámetros invariables a través de la historia del universo, desde el Big Bang hasta nuestros días”, subrayó.

Un cambio de paradigma como el ocurrido con el reloj atómico

Para darnos idea de la magnitud de lo que implicará este cambio de parámetros para medir, López Romero nos explica que es algo equivalente a lo que ocurrió a partir de 1965 cuando se dejó de considerar el segundo astronómico y se cambió por el segundo atómico.

Hasta ese entonces, los observatorios astronómicos eran los encargados de medir el tiempo y generar la hora oficial, pero la tierra como reloj no es tan uniforme como nos gustaría que fuese, por ello se cambió la base a una medición cuántica.

Explicó que fue entonces cuando las naciones signatarias de la Convención del Metro se reunieron y acordaron redefinir el segundo, “ya no en términos de lo muy grande como la tierra y el movimiento de los astros, sino en términos de lo muy pequeño, de átomos”.

Fue entonces que el segundo se definió como la división de poco más de nueve mil millones de periodos del campo eléctrico asociado a una transición específica del átomo de Cesio 733.

López Romer aseguró que esa definición dio lugar a que pudiésemos desarrollar relojes atómicos que son instrumentos de exquisita precisión de tal manera que el segundo atómico resultó mucho más preciso que el segundo astronómico.

De esta manera, ya equipados con segundos atómicos, nuestra industria telecomunicaciones empezó avanzar a pasos muy importantes. Tanto en telecomunicaciones como en navegación, de tal manera que hoy nuestra civilización del Siglo XXI depende fuertemente de los relojes atómicos.

“Cuando navegamos en nuestras ciudades con el GPS, en realidad estamos haciendo uso de los relojes atómicos que están allá arriba en el espacio y que funcionan gracias a esta definición adoptada en la década de los 60”.

Como se puede ver, esta evolución del Sistema Internacional de Unidades se va adaptando a los avances científicos y tecnológicos, y “nos va dotando de herramientas nuevas y sistemas de medición más precisos que nos hacen tener mejor tecnología y que vivamos mejor”, aseguró.

A partir del 16 de noviembre se establecerá la nueva definición del kilogramo en términos de la constante de Planck (h), de la corriente eléctrica en términos de la carga del electrón (e), y del kelvin (la unidad de la temperatura) la constante de Boltzmann (kB).

En tanto, las otras cuatro unidades: del tiempo (el segundo), cantidad de materia (el mol) y la candela, “pues van a ser con base en un sistema de medición cuántico pero no será sino hasta el 20 de mayo de 2019 que surta efecto esta definición”.

Esto es con el fin de hacer la diseminación y la difusión de las nuevas unidades a efecto de que los países signatarios de la Convención del Metro hagan los preparativos para adoptar esas mediciones y cada país al interior tiene que hacer la difusión necesaria para que su país y su industria esté preparada.