Exposición fotográfica muestra rostros y rastros de guerra en Colombia

El Claustro de San Agustín en el centro de esta capital, tiene en cuatro de sus salas una exposición de fotografías en blanco y negro titulada: “El Testigo”, que sintetiza los Rostros y los Rastros...

El Claustro de San Agustín en el centro de esta capital, tiene en cuatro de sus salas una exposición de fotografías en blanco y negro titulada: “El Testigo”, que sintetiza los Rostros y los Rastros de las miles de víctimas de la guerra en Colombia.

“El Testigo” es la muestra antológica del trabajo del reportero gráfico Jesús Abad Colorado, uno de los comunicadores que ha registrado con más rigor el conflicto armado en Colombia, que ha dejado más de 300 mil muertos, miles de desaparecidos y cerca de ocho millones de desplazados por el conflicto bélico.

Esta exposición reúne más de 500 fotografías, la mayoría de ellas en blanco y negro, muchas de ellas inéditas, que recoge los pasos de este ‘testigo’ tras las huellas de muchas tragedias de la Colombia profunda.

El reportero gráfico, en entrevista con Notimex, dijo que las 500 fotografías de esta exposición, ubicada a pocos pasos de la entrada principal de la presidencial Casa de Nariño, cuenta “la historia de un país atravesado por múltiples violencias”.

Una historia “en donde solo queremos hablar de actores armados y se nos olvida que hay actores políticos que nos han llevado a la guerra como producto de la corrupción, de las injusticas de esta sociedad”.

Para Abad “esta exposición permite mirarnos en el espejo roto de la guerra, en ese espejo en donde son siempre los mismos los que han perdido: Los campesinos de Colombia, los habitantes de los barrios periféricos que pusieron los hijos de todos los ejércitos, y donde fueron los campesinos los más humillados, despojados de la tierra, los desplazados”.

En las cuatro salas del colonial Claustro de San Agustín, el visitante puede observar los rostros y rastros en blanco y negro de las víctimas de la guerra en Colombia y la esperanza que tienen de reconstruir el tejido social en un nuevo escenario de paz, que aún está lejos de consolidarse.

La exposición impacta, conmueve, eriza la piel al observar el testimonio gráfico de las víctimas del conflicto armado, de esa guerra que aún no termina y sigue desgarrando a la sociedad colombiana.

Este dolor Abad lo expone en estas 500 fotografías, en su mayoría en blanco y negro, por respeto a las víctimas, a sus familiares que siguen en luto, porque es para hacer “memoria, porque es ética y estética, es una mirada para narrar la historia de una sociedad”.

“En las cuatro salas hay una que habla de la fuerza, de la resistencia y como nuestros campesinos vuelven a sembrar en lugares donde se ofrendó la vida”, explicó Abad, mientras él mismo contempla sus propio testimonio gráfico.

La muestra gráfica sirve para “entender la dimensión de una violencia, en la que muchas personas se hicieron las sordas y las ciegas, ante el clamor de un país que ha estado cansado de esta barbarie”.

Abad cree que en Colombia “hay mucho líder político, senadores, religiosos que no tienen la responsabilidad de trabajar para reconciliar a Colombia y no entienden que ese debería ser nuestro gran propósito”.

La exposición permite que los colombianos se puedan ver en “ese espejo roto de la guerra, para reconstruirnos como sociedad y para que no se repitan (…) La construcción de la paz es un camino, no se decreta la paz con una firma en una mesa”.

La paz es un proceso “en el que tiene que participar toda una sociedad, la academia, la institucionalidad, las iglesias, pero no lo hemos entendido y aún persisten factores de violencia, especialmente en zonas donde existen cultivos ilícitos”.

Abad insistió que “la paz no es el silencio de los fusiles. La paz es una palabra mucho más grande que significa el bienestar de una sociedad, donde todos tenemos que comprometernos, especialmente líderes de este país que no han entendido la grandeza de su gente, la capacidad de perdonar de nuestros campesinos, del país multiétnico y pluricultural, donde los muertos siempre los puso la misma gente. Y aún así la gente quiere volver a vivir en paz, volver a dormir tranquilos, donde algunos llevaron la guerra”.

Para la curadora de la exposición, María Belén Sáez de Ibarra, el trabajo de Abad, -que se hizo entre 1992 y 2018- tiene la fuerza para narrar “historias y sucesos del conflicto armado, desplazamiento y reconstrucción del tejido social en diferentes regiones de Colombia, convirtiéndose en denuncia de la realidad de las comunidades que deben asumir su existencia como un acto de resistencia”.

Según la curadora, “la exposición mantiene el tono ético de Jesús Abad Colorado, donde no acusa, ni toma partido, sino que invita a la responsabilidad colectiva de una historia dolorosa que ha atravesado al país y al tiempo invita a una reconciliación para fomentar la esperanza y la reconstrucción”.

La muestra se presenta “con el rigor científico de este periodista, pero al mismo tiempo con el afecto y el sentimiento que lo caracteriza: un retrato amoroso que apuesta por la esperanza y la dignidad humana evocando la reconciliación como una invitación a ponernos en la piel del otro, en la piel de la guerra”.