Conmovida por el fallecimiento de Fernando del Paso, la Rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana, Carmen Beatriz López-Portillo Romano recordó esta tarde las palabras que ofreció el escritor al entregarle la Presea Sor Juana Inés de la Cruz, el pasado 1 marzo en el Hospicio Cabañas de Guadalajara.

Ese día, a nombre de la casa de estudios que ella dirige, entregó a Fernando del Paso el máximo reconocimiento que esa comunidad otorga. “Quiero festejar que Fernando hable, bostece, ría, sueñe, mastique, escriba en español, esa lengua que él ha enriquecido; que la haya defendido de los muros y de las razones, del poder, que le haya dado alas y colores”.

En su oficina, rodeada de obras de arte que evocan el devenir cultural del país, López-Portillo Romano trajo a la memoria sus propias palabras. Ese día abundó: “Festejo que haya liberado a la lengua a carcajadas. Estoy segura que en alguna de las dimensiones que se pliegan en este universo o en otro, Sor Juana festeja que esta presea sea hoy para Fernando”.

Luego explicó a Notimex: “Dos figurines chinos que dan nombre a uno de los cafés más conocidos de París fueron testigos de mi primer encuentro con Fernando del Paso. El ‘Deux Magots’, ese café que cobijó la presencia de Rimbaud, de Verlaine, de Mallarmé, que vio pasar a tantos artistas, escritores, intelectuales, surrealistas y existencialistas.

“Ese café de Saint Germain de Pres fue, durante todos los años que coincidimos en París, nuestro lugar de lectura y encuentro, de asombro y de palabra. Ahí, el 6 de noviembre de 1985 a las 6:30 de la tarde, sentada en una mesita exterior del café, conocí a Fernando. Él fue uno de esos seres en los que uno puede mirarse de cuerpo entero; ahora sé que en el azogue de su lengua, nuestra historia también se refleja en sus muchas dimensiones”.

Del Paso tendió al instante un puente de humor entre ambos. “Su voz me hipnotizó, sus palabras, los mundos posibles e imaginarios, los sueños como pensamientos dormidos, la sutileza de todos los azules, sus ecos, sus reflejos, y entendí que la realidad es múltiple, y que el universo son muchos universos”.

La entrevistada comprendió, también, que las palabras pueden evadir la literalidad y salvar las dimensiones del yo o inventarlas, hacer que las ausencias tiñan el mundo, que la imaginación es una elección, que el tiempo tiene cicatrices que devuelven la memoria y le dan sentido, y que podemos dar cuenta de la vida traspasando la referencia exacta del tiempo y del espacio.

“A través de sus monólogos y de manera intuitiva, aprendí a descubrir un orden en las flexiones de la imaginación, su lenguaje cifrado, como jeroglífico, iluminó mi realidad y me rescató del silencio primigenio. Hablamos, nos hablamos, desde el umbral de esa primera tarde, la amistad se anunció”, finiquitó.