Nora, migrante que recorre México en busca de su hijo

Hace seis años una madre despidió a su hijo con un beso, salió de Honduras en busca de dólares, del “sueño americano”, él jamás regresó.Desde entonces, Nora Liz Robles Hernández, ha seguido los...

Hace seis años una madre despidió a su hijo con un beso, salió de Honduras en busca de dólares, del “sueño americano”, él jamás regresó.

Desde entonces, Nora Liz Robles Hernández, ha seguido los pasos de su hijo, su huella rumbo al norte se pierde en Ixtepec, Oaxaca, en el sureste de México, en ese lugar hay un registro migratorio de Cristhian Ramón Robles y una fotografía, después, nada.

Nora recorrió carreteras convulsas amenazadas por organizaciones crimínales, se trepó a “la Bestia”, tren cercenador y asesino; buscó debajo de sombreros la cara de su hijo pero nada, no hay señales ni respuestas.

“Cristhian tenía 33 años, era un joven con ganas de salir adelante”, su madre habla de él en pasado, su corazón le dicta que murió, lo único que le queda, dice, es buscar sus restos, conocer su destino y después esperar la resignación que tanto ha suplicado.

Cada día lucha por revivir la esperanza que le de fuerza para seguir con la búsqueda que la ha llevado incluso con diplomáticos, el último le prometió poner alma, corazón y vida en la búsqueda pero de eso, asegura, nunca vio nada.

También viajó a la Ciudad de México para dialogar con instituciones dedicadas a los Derechos Humanos, no encontró apoyo y mucho menos pistas para localizar a su hijo, asegura que la utilizaron con fines políticos, “para tomarse la foto y ya”.

Su recorrido la llevó a buscar en fosas clandestinas, a caminar la frontera desde Tijuana hasta Reynosa, asegura conocer cada oficina migratoria, todos los espacios en los que pudo haber estado su descendiente.

Nora es viuda. Tiene tres hijos más, todos varones, uno de ellos vive en Estados Unidos, dice con orgullo: “es ciudadano americano”; ella vivió de manera ilegal con él pero después de algunos meses las autoridades la deportaron y la separaron de su vástago menor de edad quien tuvo que vivir un año en un centro migratorio.

Ahora, después de su liberación logró reunirse con su hermano y los dos esperan al resto de la familia que viaja en la caravana migrante en una última oportunidad para llegar a Estados Unidos y de paso buscar a Christian.

Así Nora, su hijo y su suegra anciana y ciega avanzan en la caravana, aprovecharon la oportunidad de ir acompañados y así evitar peligros, la mujer explica que no podría perder a otro de sus retoños, eso, “la terminaría de matar”.

“Qué hacemos en Honduras, nada, no tenemos a nadie cuando, lleguemos nosotros mi hijo mandará dinero para que también sus hijos vayan a Estados Unidos y así estaremos todos reunidos allá”, explica Nora en una carretera en la frontera de Chiapas y Oaxaca en la que espera un “jalón”, un “aventón” que les permita dar un salto en su viaje en el que aún quedan mil 700 kilómetros por avanzar.

Quiere iniciar una nueva vida allá en “la tierra prometida”, olvidar la pobreza y la violencia, terminar al fin la búsqueda de su hijo, enterrarlo de manera simbólica y encontrar paz en compañía de sus nietos.

“He llorado tantas noches, estoy quedando ciega, esta es la última vez que busco a Christian y también que intento pasar del otro lado, estoy cansada”.