El escritor Alberto Manguel compartió hoy pasajes de su niñez, sobre todo esa pasión por los libros, los que considera como un instrumento maravilloso, porque son capaces de conservar la memoria del tiempo.

En el marco de la 38 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), que se realizará en el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, del 20 al 28 de octubre, el autor de “La biblioteca de noche” y “Mientras embalo mi biblioteca”, comentó que el libro es un instrumento que es capaz de contar experiencias que se han tenido o que no se han tenido.

“Y poner en palabras nuestra propia biografía, y le digo a la gente joven que entra a una biblioteca, y no tan joven también, que ahí hay unos volúmenes que les cuentan su propia vida, que si ustedes tienen suerte lo descubrirán”, expresó en charla con el público en el Foro Panorámico de la FILO.

El escritor Manguel, nacido en Buenos Aires, Argentina, mencionó que los primeros libros que leyó fueron los cuentos de Grimm, porque los de Andersen no le gustaban, y después descubrió “La reina de las nieves”, que le pareció una obra extraordinaria.

“En cambio los cuentos de Grimm me parecen fundamentales, los sigo leyendo, me siguen enseñando, sobre la experiencia de la vida y me gustaba mucho sobre todo los de miedo”, precisó el también traductor.

El autor de obras como “Una historia natural de la oscuridad” y “El legado de Homero”, aseguró que nunca ha comprado un libro por Internet, porque hacerlo es alimentar la destrucción del librero.

“Creo que el verdadero librero, no esas librerías de esas cadenas que son supermercados, tienen una importancia fundamental en una sociedad de lo escrito, porque son pasantes, no es que el librero le vaya a recomendar siempre buenos libros”, señaló.

Manguel, quien fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina, reconoció que le gusta una librería que no le hable, porque va a buscar sus libros, pero hay libreros que son fundamentales, porque guían, y "uno empieza a tenerles confianza, pero yo con Internet no hablo con fantasmas.”

También dijo que tuvo una infancia bastante rara; nació en Buenos Aires y a los pocos meses a su padre lo nombraron embajador argentino en Israel, y sus padres que hablaban castellano, un poco de francés, eligieron que una nodriza checa de lengua alemana lo criara.

“Ella me enseñó el inglés y alemán, no aprendí el castellano, hasta mucho tiempo después, cuando volvimos a Buenos Aires en 1955, que tenía 7 años de edad, y hasta entonces no hablaba con mis padres”, relató.

La nodriza era madre y padre al mismo tiempo, y con ella pasaba 24 horas al día; a él le gustaba que le leyera cuentos, aunque la institutriz no tenía sentido del humor, lo trataba como si fuera un pequeño adulto, recordó.

Compartió que a muy temprana edad, aprendió a leer a los tres o cuatro años, "pero como uno aprende sin saber que ha aprendido, un día mirando por la ventanilla de un coche, vio un anuncio y se dio cuenta que podría descubrir algo y ese día pensó que era un mago, que podía hacer magia y es algo que no me ha abandonado nunca”.