América Latina está rezagada en tecnología e innovación, una realidad que avanza como “un tsunami que se nos viene encima con olas cada vez más grandes”, dijo el economista mexicano José Ramón López Portillo, quien presentó aquí su obra “La gran transición: Retos del cambio tecnológico”.

López Portillo, quien estudio economía en la Universidad Anáhuac e hizo el doctorado en la Universidad de Oxford, presentó su obra en la librería del Fondo de Cultura Económica (FCE), filial Colombia, donde expuso sus reflexiones sobre la importancia de entrar en la ruta de la tecnología e innovación.

El experto explicó conceptos importantes como el de tecnología exponencial, robótica y nanotecnología, además de enfatizar problemas ambientales y el papel que tienen las industrias energéticas y productoras de dichos dispositivos en masa, responsables de daños al medio ambiente.

“Este libro lo escribí en español para tener el máximo de impacto en los países de nuestra región que están rezagados en materia de absorción e innovación de tecnología. El propósito es motivar a reflexionar sobre la rapidez con lo que viene los cambios tecnológicos y sus implicaciones económicas”, dijo López Portillo en entrevista con Notimex.

Aseguró que las nuevas tecnologías “van a envolvernos y las tenemos que importar y absorber, las tenemos que sufrir o gozar sus consecuencias. Todo depende de nosotros” y en ese sentido, sostuvo, que busca motivar a los gobiernos, sociedad civil, gremios y academia para que dimensiones las grandes oportunidades que existen y los retos a enfrentar.

“Piensen en un tsunami que se nos viene encima, pero cada vez más alto porque las olas van creciendo”, explicó de forma metafórica la dimensión de la innovación y la tecnología en esta era global y digital.

De acuerdo con la investigación de López Portillo, los países de América Latina, incluso España, están en los niveles más bajos en desarrollo de innovación tecnológica y por ende de inversión en estas áreas del conocimiento.

En la región no existe “un clima de innovación. No existe mecanismo para que nuestro sector privado se lance al esfuerzo innovador. Los Estados no ven la liga entre la tecnología, el crecimiento económico, los problemas sociales. La brecha es enorme y aunque se empieza ver una reacción”.

“Mi lucha y mi cruzada en Naciones Unidas, en México y en la CEPAL es que nos unamos para encontrar soluciones comunes y elevar, sobre todo nuestro esfuerzo de innovación sin dejar a nadie atrás”, subrayó.

En relación al panorama en México, López Portillo planteó que a pesar que la Ley en Ciencia y Tecnología ordena aplicar como mínimo el 1.0 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en investigación y desarrollo, no se ha pasado del 0.85 por ciento.

“”México está expuesto a una globalización y a un mercado libre en donde se ha incentivado la Inversión Extranjera Directa (IED) y contamos con industrias altamente competitivas y tecnológicas como la automotriz, la aeroespacial y la electrónica”.

Sin embargo- hay “poca transferencia de tecnología, y hay poco beneficio directo para la gran mayoría de la población”, pero lo más grave es que nuestra sociedad no tiene incentivo de innovación y nuestros empresarios carecen de información, apoyos financieros, estímulos fiscales y carecen de una estrategia de comercialización auspiciada por el Estado”.

En su opinión es necesario “cambiar nuestro modelo de desarrollo. El Estado tiene que tener una política industrial y una política tecnológica. La tienen los países que han triunfado en la era de la globalización. Nosotros estamos a punto de ser redundantes internacionalmente”.

Brasil es el país de América Latina que más invierte en innovación y tecnología con 1.2 por ciento del PIB y “el resto de países están peores en esa materia, incluido España. No hacemos investigación, no hacemos desarrollo y la investigación no tiene incentivos para la innovación y tenemos que hacerlo para mejorar las condiciones económicas y de vida de la población”.

López Portillo puso de ejemplo el caso de Corea del sur, que se levantó de la pobreza y en la actualidad es más rico que los países de América Latina, que se refleja en el ingreso percápita de su población. Igual sucede con Singapur, Hong Kong, Japón, China y en esa línea esta India.

Manifestó que todos los países que siguieron la ruta del mercado libre lo hicieron con una acción del Estado muy proactiva para impulsar los desarrollos en tecnología e innovación, lo que demuestra la importancia del modelo de desarrollo.

El experto recomendó en primer lugar “cambiar el modelo de desarrollo y dejar la idea que el Estado no debe hacer política industrial, no debe intervenir en cuestiones tecnológicas. El Estado debe generar las condiciones, las oportunidades para la inversión privada, en tecnológica y generar la innovación en todos los niveles”.

“Hay muchos jóvenes que tienen ideas y no pueden materializarlas porque no hay incentivos institucionales. Las regulaciones impiden que la creatividad natural de los iberoamericanos se manifieste”, sostuvo.

Consideró que se debe “romper ese ciclo vicioso, porque lo que se viene es más rápido de lo que pensamos. Estamos hablando para la próxima década. América Latina se tiene que montar en la ola la tecnológica sino el tren nos va arrollar”.

En cuanto a la automatización a través de los robot, comentó que estas máquinas son “herramientas creadas por las fuerzas del capitalizamos para hacer las cosas más baratas y mejores. Es por lo que ha luchado la humanidad (…) el problema es que ahora los robots pueden remplazar nuestras habilidades cognitivas y en ese sentido serán mejores que nosotros en muchos aspectos”.

“Lo que debemos hacer es aprender y adaptar a la gente para que conviva con las máquinas. Las escuelas no tienen que enseñar educación formal, tienen que enseñar a entender este nuevo mundo”, planteó López Portillo.

Aseguró que “las máquinas van hacer la mayoría de las cosas que hacemos los seres humanos y esto no es necesariamente malo. Debemos dedicar nuestras fuerzas, nuestra pasión, nuestro latino americanismo natural, para ayudar a las comunidades y hacer mejor su mundo”.

López Portillo se preguntó: “¿Por qué trabajar en una fábrica en actividades repetitivas si es mejor ayudar a las comunidades y sus familias? Las tecnologías no van a hacer esas actividades (…) Los robots no tienen conciencia social ni contextual. Los robots son cosas que hacen cosas muy bien, pero los que damos el sentido somos los seres humanos. La tecnología es inerte”.

Para el autor mexicano, “el futuro no existe, el futuro depende de nosotros. Y es allí donde nosotros los latino podemos usar la tecnología para dar saltos cuánticos, para subirnos al tren para beneficiar a todos y no dejar a nadie atrás. Esa es la misión de los Estados y la sociedad ahora. Los instrumentos están ahí y serán más poderosos para lograrlo”.