Eliane dos Santos, una afrodescendiente que vive en la periferia pobre de Río de Janeiro y que es conductora de Uber porque no hay otro empleo, asegura que votará por el ultraderechista Jair Bolsonaro, pese a que por su perfil social lo debería hacer por el Partido de los Trabajadores.

“Estoy tan decepcionada que pienso así: o Bolsonaro mejora nuestra vida, combate la criminalidad y acaba con la corrupción, o le pega fuego al país”, señaló esta mujer decepcionada con “los políticos de siempre”.

Ni los comentarios machistas y misóginos de Bolsonaro, ni sus exabruptos sobre las minorías y los afrodescendientes hacen cambiar de opinión a Eliane, de 35 años, de cara a la segunda ronda electoral en Brasil, a realizarse el 28 de octubre próximo.

“Lo que me da más respeto es que autorice la portación de armas entre civiles. Pero el Congreso no le dejará que haga eso”, dice, en relación a la propuesta de Bolsonaro de combatir la criminalidad expandiendo el acceso a armas de fuego a la población para, según él, “protegerse de los bandidos”.

El auge de Bolsonaro en Brasil, un país con extraordinarias diferencias sociales y donde la población afrodescendiente de las periferias de los centros urbanos es la más marginalizada y azotada por la violencia y la pobreza, se debe precisamente a su éxito en estas regiones.

En el último mes, Bolsonaro, considerado un político “no tradicional” pese a llevar siete mandatos de diputado federal, logró más que duplicar su intención de voto, apoyado por las iglesias pentecostales que en las últimas décadas ganaron muchos adeptos en estas zonas de alta criminalidad y natalidad.

A lo largo de la campaña, Bolsonaro consiguió, por medios de redes sociales, revertir su alto rechazo entre los votantes, superior al 50 por ciento en sectores como el femenino, que en Brasil es mayoría del electorado (52 por ciento).

Así, Bolsonaro, que era el más rechazado en el primer turno, tiene ahora un 35 por ciento de rechazo, frente al 47 por ciento su rival socialista Fernando Haddad -del Partido de los Trabajadores (PT)-, de acuerdo con un sondeo dado a conocer este lunes.

“Voté por Lula da Silva y ahora votaré por Bolsonaro. Esos tipos del PT quieren convertir Brasil en Venezuela. ¡Jamás les volveré a votar!”, explica a Notimex Robertson Silva, un empleado de una oficina en Sao Paulo.

Pese a que durante los 13 años del PT en Brasil la economía creció, sobre todo de 2005 a 2012, y los bancos y las empresas de todos los sectores dispararon sus lucros, la crisis provocada durante el gobierno de Dilma Rousseff y el escándalo de corrupción de la Lava Jato erosionó la confianza en la formación socialista de su tradicional base electoral.

Cuando faltan 11 días para la celebración del segundo turno de las elecciones presidenciales, las encuestas dan a Bolsonaro un 59 por ciento de la intención de voto, por 41 por ciento Haddad.

Si vence el 28 de octubre pondrá fin a cuatro elecciones consecutivas ganadas por el PT, que por primera vez no pudo contar en campaña con su buque insignia: Luiz Inacio Lula da Silva, encarcelado e inhabilitado cuando lideraba con 40 por ciento de intención de voto en los sondeos presidenciales.