Tres presidentes y una vicepresidenta de países latinoamericanos acudieron hoy a la Plaza de San Pedro para participar en la ceremonia durante la cual el Papa declaró santo a Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo víctima de la violencia política en El Salvador en 1980.

Sebastián Piñera Echenique, Salvador Sánchez Cerén y Juan Carlos Varela Rodríguez encabezaron respectivamente las delegaciones oficiales de Chile, El Salvador y Panamá para la canonización del “obispo de los pobres” y otros seis beatos, entre ellos el Papa Pablo VI.

Hasta la plaza vaticana llegó también Olga Alvarado, vicepresidente de Honduras. El mandatario chileno estuvo acompañado por el canciller, Roberto Ampuero, y el salvadoreño por el canciller Carlos Alfredo Castaneda.

Todas las delegaciones fueron ubicadas en el atrio de la Basílica de San Pedro, a escasos metros del altar mayor desde el cual Francisco presidió la ceremonia. Al final se trasladaron dentro del templo donde saludaron, uno por uno, al Papa.

A la misa acudieron otras delegaciones de alto nivel, como la española presidida por la reina Sofía, la italiana por el presidente Sergio Mattarella, la taiwanesa por el vicepresidente Chen Chien-jen y la ugandesa por el vicepresidente Edward Kiwanuka Ssekandi.

Quien no participó en la celebración es el Papa emérito Benedicto XVI quien, según el cardenal prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Giovanni Angelo Becciu, “ya no es tan ágil como hace seis meses”.

Por ello, este sábado por la tarde, el Papa Francisco cumplió una visita a Joseph Ratzinger en la residencia donde se encuentra hospedado dentro del Vaticano, en el monasterio de clausura “Mater Ecclesiae”.

Ratzinger, quien cuenta con 91 años de edad, recibió el cardenalato el 27 de junio de 1977 de manos del Papa Pablo VI, ahora santo, cuando era arzobispo de Múnich.