Con un magno espectáculo circense, celebró el Circo Atayde Hermanos su 130 aniversario, que contó como padrinos a Cristina Pacheco y Jorge Ortiz de Pinedo, quienes develaron la placa conmemorativa, en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”.

Ante un público infantil y no tan infantil, el actor y productor Jorge Ortiz de Pinedo, expresó ante la presencia de la familia Atayde, que es un verdadero honor estar con esta familia en este escenario que celebra su centenario.

“El Circo Atayde son parte de mi vida y la vida de muchos mexicanos, centroamericanos y sudamericanos, no es nacional, sino un circo internacional y estos 130 años, que bueno que se pararon para aplaudir a estos artistas”, manifestó el actor Ortiz de Pinedo.

Destacó que el circo es un gran arte, donde hay teatro, danza, música y baile, son fantásticos todos, porque todos son buenísimos.

“Es un honor estar aquí y un honor estar con Cristina Pacheco, y gracias por invitarme, pero sobre todo con el público y quiero decirles que no abandonen el circo”, enfatizó el productor.

La periodista y escritora Cristina Pacheco, quien dijo que no se extendería en sus palabras, agradeció a la familia Atayde por haberla invitado en esta noche de 130 años de imaginación, y en este escenario que conjugó talento.

“Donde pudimos ver lo que logra una persona y lo que vimos aquí es una expresión de amor y talento”, externó la periodista Pacheco.

Recordó que cuando las personas mayores como ella asisten al circo, se venía a la memoria aquella primera ocasión que lo hicieron en un circo de pueblo, como fue el caso de la escritora Pacheco.

“Ahora me encanta que haya niños aquí y que recuerden después que la función que conmemoran los 130 años, la recuerden después, porque el circo es realidad y sueño”, apuntó Pacheco.

El circo se mudo por un espacio de una hora 40 minutos al Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, en donde los integrantes de Atayde Hermanos, deleitaron al público infantil y a todas las familias que se dieron cita a este recinto de Donceles.

Desde el tradicional despliegue de luces que se deslizaban por todas las butacas, salió el primer número en que un malabarista sentado o acostado, con manos y con pies, hacia mover pequeñas bolas, un cilindro, aros y una especia de cruz grande, que cautivó a los asistentes.

Ante los fuertes aplausos, continuaron los números, para celebrar los 130 aniversario del Circo, como el hombre burbujas, que con sus manos y soplar con la boca, hacia grandes bolas, que después utilizó los aros para hacer como unas olas de agua, que el público ovacionó.

También no podían faltar en un espectáculo circense, los tradicionales payasos que con sus gracias, y participación de una niña, hicieron reír a los espectadores, por sus blancas bromas en el escenario, desde mover un pañuelo de una mano a otra.