A 38 años de su cruel asesinato, el “obispo de los pobres” y emblema de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero, será elevado a los altares como santo mártir por el Papa Francisco este domingo 14 de octubre durante una ceremonia en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

El arzobispo de San Salvador superó críticas y hostilidades, saliendo de un permanente ostracismo al cual fue condenado durante décadas tanto por cardenales como por altos clérigos del Vaticano, hasta convertirse en símbolo de la lucha a favor de los más necesitados.

Asesinado el 24 de marzo de 1980, mientras celebraba misa en la capilla del Hospital Divina Providencia de la Colonia Miramonte de San Salvador, su recuerdo aún permanece vivo tanto en su país natal como en Roma.

A pocas horas de su declaración como santo, gracias a la recuperación de un documental realizado por una televisión suiza casi 40 años atrás, salieron a la luz palabras hasta ahora desconocidas del arzobispo en las cuales anticipa su muerte.

En el año 1979, un equipo televisivo propuso a Romero seguirlo con sus cámaras, día y noche durante una semana. El obispo aceptó. En una pausa de sus visitas pastorales, uno de los periodistas -en improvisado español- le hizo una pregunta clave.

“¿Usted tiene miedo que lo maten?”, cuestionó el comunicador. “Miedo propiamente no, cierto temor prudencial sí, pero no un miedo que me inhiba, que me impida trabajar”, replicó el obispo.

Y agregó: “Al contrario, creo que muchos me dicen que debo cuidarme un poco, que no debo andar exponiéndome, pero yo siento que mientras camine en el cumplimiento de mi deber, que me desplace libremente a ser un pastor de las comunidades, Dios va conmigo y si algo me sucede, estoy dispuesto a todo”.

Estas palabras fueron dadas a conocer por el cardenal Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, uno de los hombres históricamente cercanos a Romero quien, además, recordó el vínculo del “obispo de los pobres” con cuatro Papas, entre ellos Pablo VI, quien fue su guía y maestro.

“Con Juan Pablo II tuvo dos momentos: uno desconcertante, al principio, cuando el Papa lo trató bastante mal”, contó el purpurado hoy, durante una conferencia en la sala de prensa del Vaticano.

“Él pensaba en la experiencia de los comunistas en Polonia, estaba acostumbrado a luchar contra el comunismo y el nazismo, no le parecía un obispo que estaba ahí en El Salvador ‘con los izquierdistas’, pero después comprendió que era otra cosa”, siguió.

Luego relató cómo se dio un viraje en Karol Wojtyla, ilustrándolo con dos anécdotas específicas. La primera ya conocida, cuando el Papa visitó la tumba de Romero durante su primer viaje al país, en 1983. Incluso contra la oposición del gobierno.

La otra ocurrió el 21 de noviembre del año 2000, durante una audiencia privada del entonces arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle, y él, como auxiliar, con el pontífice polaco.

“Papa estaba ya muy enfermo, casi ni reaccionaba y de repente levantó la cabeza y preguntó: ‘¿Y monseñor Romero?’. Después de escuchar algunas explicaciones, se levantó, tomó su bastón y exclamó: ‘Es un martirio’ y se fue. Eso fue todo lo que dijo”, precisó Rosa Chávez.

Aquel episodio salió a relucir un día después, durante una reunión con Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El cardenal sostuvo: “Le conté ese episodio y añadí: ‘Eminencia, el santo padre dijo: Romero es nuestro, no dejemos que nos lo arrebaten’. Él replicó: ‘Romero es nuestro’. Así que Ratzinger descubrió a Romero poco a poco, pensó que era un liberacionista fanático y encontró un pastor apasionado, dos cosas muy diferentes”.

El purpurado salvadoreño detalló cómo el equipo de la Doctrina de la Fe analizó, “palabra por palabra” todas las homilías públicas del mártir, registradas en 30 horas de grabación. Incluso afirmó que el propio Ratzinger preguntó si no había “homilías que hubiesen sido escondidas porque eran heréticas”.

Y apuntó: “Se sorprendió porque no había nada heterodoxo”. Muchos años después, en 2007, cuando viajó a Brasil para participar en la asamblea del episcopado latinoamericano en Aparecida, ante la pregunta sobre qué pensaba de Romero, Benedicto XVI señaló sin dudar: “Es un gran testigo de la fe”.

No obstante, durante años y hasta inicios de 2013, el proceso de beatificación del arzobispo de San Salvador permaneció bloqueado. Rosa Chávez identificó en varios personajes la responsabilidad por la mala imagen que, a lo largo dos décadas, Romero tuvo en la Curia Romana.

Entre ellos a obispos, cardenales y el embajador salvadoreño ante la Santa Sede, quien “se exaltaba” cada vez que alguien le hablaba del obispo. Todos ellos transmitieron constantemente información crítica y descalificadora contra el mártir, sobre todo después de su muerte.

También recordó que, aún siendo cardenal y en la misma reunión de Aparecida, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, ante la pregunta de un sacerdote sobre Romero él contestó: “Para mi es un santo y un mártir, si fuera Papa ya lo habría canonizado”.

Francisco cumplirá su cometido este domingo 14 de octubre, en una ceremonia en la cual reconocerá como santos al propio Pablo VI, a los sacerdotes italianos Francesco Spinelli y Vincenzo Romano, a las religiosas María Caterina Kasper y Nazaria Ignazia March Mesa, y al joven Nunzio Sulprizio.