Modo de hablar de tabasqueños va perdiéndose por vergüenza

Los tabasqueños han perdido en gran parte su forma de hablar, un lenguaje que lo distingue de otras entidades al utilizar palabras con influencia maya o de otras lenguas indígenas, que se pierden...

Los tabasqueños han perdido en gran parte su forma de hablar, un lenguaje que lo distingue de otras entidades al utilizar palabras con influencia maya o de otras lenguas indígenas, que se pierden porque los hablantes se avergüenzan de ellas, señala Erwin Macario Rodríguez, escritor y periodista.

Pocos han sido los esfuerzos por mantener esta tradición, entre ellos Gabriela Gutiérrez Lomasto, Jorge Gómez Sánchez, Tilo Ledezma y Agenor González Valencia (ya fallecidos), así como el historiador Jorge Priego Martínez y el propio Erwin Macario, quienes participaron en la elaboración de un Vocabulario Tabasqueño.

Periodista por más de 50 años, Macario Rodríguez consideró oportuno reeditar ese Vocabulario, editado en 2004, añadiendo palabras que no estén en otros diccionarios como el de Francisco Javier Santamaría, lo cual sería una forma de rescate.

“También corregir los errores de quienes suben a las redes vocablos con significados que no corresponden al uso que se les da en Tabasco”, refirió a Notimex.

Incluso, recuerda como anécdota que siendo Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, el hoy presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, obsequió a sus entonces funcionarios el Vocabulario Tabasqueño a manera de que entendieran su tabasqueñismo, lo cual es una manera de preservarlo.

Una expresión que se hizo famosa por su connotación política, recordó, fue la utilizada por López Obrador en la campaña presidencial de 2006, con el “cállate chachalaca”, que en Tabasco es utilizada para silenciar a alguien que es muy escandaloso o locuaz, pues refiere a un ave doméstica muy gritona.

Otros son dichos como “a palos salen las hicoteas”, que da a entender que mediante el uso de la fuerza o de la crítica se obtienen resultados.

“¡Ay mojo!”, significa un: ni que fuera…; “guindar la hamaca” es colgar la hamaca; “aconcharse a la pared”, es recargarse a la pared u otro objeto; “dale un tatequieto” es calmar a alguien con un golpe leve.

“Eres el mero, mero” o “eres el machuchón”, explicó, significa denominar a alguien como el que manda, alguien encumbrado.

En el periodismo “jocoserio” tabasqueño, expuso, el extinto periodista y cronista de Villahermosa, Pedro Luis Hernández Sánchez, rescató a mediados del siglo pasado algunos decires tabasqueños en su columna Patrulla Policiaca.

“En estado de buscapié le pegó un diantrazo (golpazo) en la cebolla del ojo”; “como no queriendo se hizo del cuerpo en un florido jardín”; “por el amor de un ingrato se enjumó (emborrachó) y tiró los trastos a la calle”; “le bajaron media lagartija del palo de la nuca (parte posterior del cuello)”.

Asimismo, “sujeto que bebe como guampiro está tras las rejas por manejar en estado bolo (ebrio)”; “el terrible marido le dio dos burujones (montones) de piña que le dejaron las ciruelas de los ojos color de tronador”.

Entre los dichos que son más recurrentes en la sociedad tabasqueña están: “Ay misho”, tono irónico de incredulidad; “se dan piedra con cocoyol”, es discusión entre dos tercos; “está como cuchillito de palo”, que no corta pero molesta constantemente.

También “santo que caga y mea, el diablo que se lo crea”, refiere a alguien que se dice enfermo pero al que no se le cree que lo esté; “don ese” o “doña esa”, se utiliza para señalar de forma despectiva a alguien; “eres un moco” para señalar a alguien insoportable.

“Eres zalamero”, se usa para denominar a una persona como entrometida, lambiscona u ofrecida; “hasta pejelagarto va a caer”, se indica cuando hay cielo muy nublado que amenaza lluvia intensa; “no te dilates”, para alguien que no debe tardarse.

“Quedó como chinín jugueteado”, se refiere a la persona que recibió un regaño fuerte por parte de otra; “sepa la bola”, se utiliza para expresar desconocimiento sobre algo; “Tá gueno puej”, expresa conformidad; o “tras que…”, aplica cuando se recuerda algo de pronto.

Los dichos o expresiones del llamado “tabasqueñismo” se utilizan bajo un acento con defectos prosódicos, refiere la escritora y lingüista, Rosa María Gutiérrez Eskildsen, en el compendio Presea Juchimán de Plata X Aniversario.

Nació en Villahermosa en 1899 y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se graduó como Maestra en Ciencias de la Educación y de Maestra y Doctora en letras, Subsección de Lingüística Románica.

La escritora y docente, cuyo nombre lleva la Escuela Normal del Estado, elaboró sus tesis de la Prosodia y Fonética de Tabasco; El habla popular y campesina de Tabasco; El sustrato y superestrato del español de Tabasco.

En el compendio, expuso que el acento provinciano de los tabasqueños tiene semejanza con el de los cubanos, los andaluces, argentinos y veracruzanos.

Refirió que los tabasqueños construyen bien las frases y sus defectos sólo son prosódicos.

Explicó que suprimen las “s” al final de las silabas en todas las palabras, al igual que la “z”, y eso hace imposible la pluralización de las palabras.

La “s” al final de las silabas intermedias también la suprimen o se transforma más bien en un sonido especial semejante a la “j” aspirada, como pronunciar “ehplendor” por esplendor; “inhpirada” por inspirada; buhka” por busca o “Tabahko” por “Tabasco”.

Fonéticamente, dijo, es un sonido sordo, fricativo, siendo palatal y laríngeo, “probablemente a nosotros nos haya quedado del maya”.

Además, muchas palabras tabasqueñas sufren apócope, de sílabas o de letras, así como la absoluta supresión de la preposición “de”, al ejemplificar: “como fui a cá mi hermana”, en vez de “fui a casa de mi hermana”.

Para Gutiérrez Eskildsen una de las causas fundamentales de la pronunciación del tabasqueño es la “ley del menor esfuerzo”, lo cual ocurre en México y en la mayoría de los países como el uso de diminutivos familiares para acortar las palabras.

Al respecto mencionó el diminutivo Lupe por Guadalupe o Meche por Mercedes; y en inglés, comentó, usan contracciones bajo la misma causa del menor esfuerzo.

Otra causa del habla tabasqueña, apuntó, puede ser la influencia de lenguas nativas como de los mayas y los chontales, que en multitud de palabras se fusionaron con el español o se usan como tal hasta la fecha, como tlapalería, cacaotal, achotero, entre otras.

Para la preservación de las expresiones tabasqueñas, escritores como Jorge Priego Martínez, han publicado “Anecdotario Tabasqueño”, o el periodista, Armando Pérez Chan, con Anécdotas, Cuentos y Tradiciones del Folclor Porteño.