Tesoro arqueológico de clase mundial en Casa del Mendrugo en Puebla

Una colección de cráneos zapotecas y los huesos mortuorios de quien probablemente fue la habitante más antigua de Puebla, se conservan y exhiben en la Casa del Mendrugo, un espacio que ha podido...

Una colección de cráneos zapotecas y los huesos mortuorios de quien probablemente fue la habitante más antigua de Puebla, se conservan y exhiben en la Casa del Mendrugo, un espacio que ha podido coexistir comida, arqueología y música en un edificio del siglo XVII.

Ramón Lozano Torres, presidente de la Fundación Casa del Mendrugo, así lo dio a conocer, tras resaltar que el propósito de la fundación es trabajar para la difusión y protección del patrimonio de este recinto que posee una gran historia, desde la fundación de la ciudad.

De acuerdo con documentos históricos, este inmueble perteneció al antiguo Colegio de San Jerónimo, de la Orden de los Jesuitas de Puebla, quienes en 1667 fueron expulsados de la Nueva España y sus bienes inmuebles pasaron a pertenecer al Obispado de Puebla.

Cuando llega la época de la Independencia de México, el caudillo Agustín de Iturbide viene a Puebla tras ser proclamado emperador. Al llegar a Puebla es hospedado en un inmueble del obispado, es precisamente en la Casa del Mendrugo.

La casona se ubica en la calle 4 Sur número 304, Centro Histórico de Puebla, a una calle de la Catedral de Puebla, y a metros del edificio Carolino, que pertenece a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

En entrevista con Notimex, el escritor Ramón Lozano Torres señaló que en 1868, con el entonces presidente Benito Juárez, en la época de las Leyes de Reforma, la casa fue confiscada a la iglesia y pasó a manos de particulares, a su vez, pasó a un régimen de cambio de propietarios.

Sus últimos dueños vieron imposible mantener el inmueble con todo lo que demandaba, así que éste comenzó a deteriorarse y lo convirtieron en una vecindad de 18 viviendas, lo que lo deterioró más y lo llevó a la ruina. Fue rescatado y restaurado por particulares hasta convertirlo en lo que es hoy.

“Dice la leyenda que se llama Casa del Mendrugo porque fue construida con mendrugos, es decir, limosnas o donativos. Un mendrugo es un pedazo de pan o migajas que quedan en la mesa, de ahí el nombre. Fue en 2008 cuando comenzaron los trabajos de reconstrucción y terminó en 2016 con la apertura del museo”, detalló.

Lozano Torres refirió que como museo alberga piezas que fueron localizadas durante los trabajos de reconstrucción, como un entierro que se localizó en el predio y que se estima data de hace más de 3 mil 500 años, es decir, se trata de vestigios en la época del Posclásico Olmeca-Zapoteca.

Así se lo hicieron saber los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) junto con los del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes tomaron el control de las excavaciones.

Se encontraron piezas de cerámica, figurillas de jade, así como un entierro múltiple y con ello la osamenta, casi completa, de una mujer que hoy denominan “Chuchita”, y que consideran podría ser la habitante más antigua de Puebla.

“Para resguardar este tesoro y asociarlo a la reconstrucción del edificio es que la fundación decidió desarrollar un proyecto integral y cultural porque en un solo sitio los visitantes pueden disfrutar de un restaurante, de un museo y de un club de música donde se presenta jazz, blues, tango, flamenco y otro tipo de expresiones musicales cada noche”, explicó.

Tras los hallazgos, se dio origen a la Fundación Casa del Mendrugo con el objetivo principal de solicitar, de acuerdo a la Ley Nacional de Monumentos Arqueológicos, la custodia de este tesoro arqueológico para que pudiera permanecer en el sitio original donde fue hallado.

En la primera planta del edificio, el cual ha sido respetado la arquitectura original del espacio, se localiza el restaurante, mientras que en todo lo que es el segundo piso se localiza el museo donde los visitantes pueden admirar

Agregó que el hallazgo en sí mismo no era tan numeroso como para poder sustentar un museo completo, pero en el 2011 conoció a Jorge Roberto Ortiz-Dietz, originario de Oaxaca que tuvo una relación profunda con una comunidad indígena del Valle Central de aquel estado, quién resguardó durante 30 años en cajas de cartón un tesoro arqueológico.

“Después de platicar todo el proyecto que teníamos en el museo, nos donó la colección con la única condición que todo lo registráramos ante el INAH y se diera a conocer a todos los mexicanos. Ahora se exhibe en la Casa del Mendrugo”, precisó.

Los visitantes pueden admirar cien cráneos labrados de cien gobernantes de una comunidad mixteco-zapoteca prehispánica de Oaxaca. La comunidad tenía la práctica de labrar imágenes en los cráneos de sus gobernantes cuando morían, para después llamarlos amos y continuar venerándolos y recordarlos en sus ceremonias.

También se exhiben más piezas arqueológicas posclásicas inusitadas e increíbles como lo son los caracoles trompetas, igualmente labrados con imágenes relacionados a los cráneos de los gobernantes.

“Hay arte expresado en barro, en piedra, en textil, en códices que están en cueros de animales, pero no hay registro de arte expresado en huesos humanos, lo que es muy raro, pero está en Puebla. Hemos descubierto que varias de las imágenes que están grabadas en los vasos de mármol y de piedra que se hallaron, están también en uno códices antiguo mexicano que está en Oxford, Inglaterra, lo que le da más relevancia a la exposición”, expuso.

Actualmente la Fundación Casa del Mendrugo trabaja en la conformación de un libro que detalle información sobre los hallazgos que se muestran en el museo, y en el intercambio de piezas que hará con el Museo de Arte Popular de la Ciudad de México para la temporada de muertos, en noviembre próximo.

Lo que posee la Casa del Mendrugo en Puebla es de clase mundial, y es una invitación para que conozcan esta riqueza patrimonial que alberga el inmueble, que por cierto, no sufrió daño alguno con el terremoto del 19 de septiembre de 2017.