Los exjefes del gobierno español Felipe González y José María Aznar, coincidieron hoy aquí en que sería difícil reformar la Constitución Española con el actual nivel de debate político “a ras de suelo y de inmediatez”, y además influenciado por el secesionismo catalán.

En un debate organizado por el diario El País con motivo del 40 aniversario de la Constitución Española, que se cumple el 6 de diciembre, los dos exmandatarios reclamaron “lealtad constitucional” ante los intentos rupturistas o por liquidar el consenso de la transición.

En el evento moderado por la directora del periódico, Soledad Gallego-Díaz, ambos también defendieron los valores constitucionales que han permitido “desarrollar España en lo económico, político, en integración europea, en ejercicio de libertades y pluralidad política”.

González, socialista que gobernó de 1982 a 1996, se definió como reformista y pidió una reflexión seria, aunque advirtió que le preocupa la falta de consenso y la incapacidad de abordar de forma conjunta entre fuerzas políticas un proyecto así.

“Lo que me preocupa es que el nivel de debate siga a ras de suelo en cómo ver el horizonte, en quedarse en lo inmediato”, aseveró.

“No tengo temor a la discusión, porque lo que sí me parece sólido es que los mecanismos exigen consensos suficientes para reformarla. Me preocupa que se nos vaya de las manos la posibilidad de ponerse de acuerdo en temas esenciales más allá de lo constitucional”, afirmó.

Sobre el problema de independentismo en Cataluña, consideró que la dificultad de abordarlo es que el gobierno secesionista solo quiere negociar si consigue sus objetivos y no quiere dialogar con la otra parte de catalanes que no apoyan la ruptura.

“Están ustedes más cerca de ver reducida su autonomía que de ganar independencia”, les manifestó González a los actuales dirigentes catalanes.

Por su parte, Aznar refirió que si no hay un objetivo, un escenario que tome en cuenta las circunstancias del país y un consenso no se puede avanzar en una reforma, aunque sí respalda la reflexión seria sobre la modificación de la carta magna.

“Primero hay que marcarse un objetivo; segundo saber si existen elementos para plantearse (la reforma), por ahora no lo veo. Creo en su vigencia plena y en que los problemas actuales no son por defectos constitucionales, sino por la acción política”, aseguró.

Apuntó que la Constitución puede ser una obra imperfecta, pero hasta ahora nadie ha presentado una alternativa que ofrezca más progreso y libertades como lo hizo el pacto constitucional de 1978.

“La lealtad constitucional comprende reformarla, lo que no comprende es dar un golpe de Estado. Nosotros tenemos un problema de secesión que es grave y la exigencia de lealtad constitucional es elemental, la soberanía no se puede trocear, ni dividir, ni poner en cuestión”, dijo.

“Se pueden sentir lo que quieran, pero tienen que respetar las reglas”, expuso sobre los catalanes que aseguran no sentirse españoles.

Agregó que “hay un fraccionamiento político y social (en Cataluña) y eso hay que afrontarlo y superarlo. El conjunto de valores e ideas que representa la Constitución española es muy útil para hacer eso”.