Los cañonazos de honor que sorprendieron a niños y adultos, fue la señal para que empezara el desfile, así como romper las formas y hacer a un lado vallas metálicas y entrar a la plancha del Zócalo capitalino.

El público se extendía arriba y abajo, pues los más privilegiados contemplaban desde el balcón del Gran Hotel de la Ciudad de México, otros improvisaron palcos en algunos puestos de periódicos y revistas, mientras que los demás admiraban el desfile, cuando se hicieron a un lado la vallas y la gente invadió la plancha del Zócalo.

De pronto pasaron los jets supersónicos F-5 y su intenso ruido acallaron todo, incluso las trompetas y tambores militares, con la sorpresa que manifestaron niños y adultos que los vieron pasar a gran velocidad.

Los cartones coordinados por los soldados mostraban una colorida bandera que una y otra vez se transformaba y abría pasajes de la Independencia, mientras que los pelotones desfilaron para admiración de todos los presentes.

Los helicópteros militares también hacían mirar hacia el cielo, mientras su estruendo pasaba por este Zócalo lleno de algarabía y júbilo.

Con una limpia plaza del Zócalo capitalino, las Fuerzas Armadas esperaron el pase de lista y los asistentes corrieron a tomar los mejores lugares para poder observar el desfile militar.

Las Fuerzas Especiales avanzaron en el desfile seguidos de caballos en donde cabalgaban héroes de la Independencia como Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Josefa Ortiz de Domínguez.